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Salida soberana al mar: ¿es posible?

Sabado, 04 de abril de 2026 a las 07:32

Si se creyera que obtener una salida soberana al mar es imposible es obvio que no se lo intentaría. Muchos piensan de este modo, en parte porque por casi siglo y medio se lo intentó sin lograr el resultado anhelado. Sin embargo, sucede que a veces lo que en un inicio parece imposible de lograr no lo es.

Pasó en Vietnam, donde las fuerzas armadas de EEUU, las más poderosas del mundo, no pudieron evitar que toda Vietnam caiga en manos del régimen comunista de Hanói. Pasó dos veces en Afganistán, primero con la invasión de la Unión Soviética y después con la de EEUU, donde fuerzas irregulares islamistas forzaron el retiro de las dos superpotencias, algo que no se creía posible dadas las inmensas diferencias en capacidades bélicas de los contendientes.

La lucha de Panamá por lograr la soberanía sobre el Canal de Panamá es mucho más apropiada como ejemplo para nosotros. Que Panamá haya podido recuperar la soberanía sobre el Canal es aún más aleccionador considerando que EEUU es incomparablemente más poderoso en relación a Panamá de lo que Chile es en relación con Bolivia. 

La disputa por el control del Canal de Panamá era fundamentalmente distinta a la de los casos de Vietnam y Afganistán, si bien los tres giraban en torno a si esos países lograrían tener o no plena soberanía sobre sus territorios. La diferencia era que con Vietnam y Afganistán el resultado de esos conflictos, al ser confrontaciones bélicas, eran de suma cero: si ganaba un contendor necesariamente perdía el otro.

En cambio, en Panamá no había un conflicto bélico y existía la posibilidad de una solución en la que ambas partes podían beneficiarse, como en efecto sucedió.

Obtener nuevamente una salida soberana al mar es, ciertamente, muy difícil, de otro modo hace tiempo que habríamos vuelto a tenerla. Por tanto, lo que se debe considerar es si se hizo un esfuerzo que haya sido equiparable al objetivo perseguido. Después de todo, por ejemplo, para lograr nuestra independencia, nuestros antecesores recurrieron al recurso extremo de arriesgar sus vidas en una guerra para lograrla.

En un sentido, intentar lograr una salida soberana al mar es como intentar lograr ganar la lotería. Sólo hay certeza sobre una cosa: si no se compra un ticket no se puede ganarla.

Pero hay una diferencia crucial con la lotería. Con la lotería uno está sujeto a las leyes de la probabilidad, lo cual hace muy improbable ganarla. En cambio, lograr una salida soberana al mar depende de lo que hagamos.

El último intento de lograr una salida soberana al mar con el juicio a Chile ante la corte de La Haya llegó a ser contraproducente, contaminada por haber sido propiciada por el MAS y por la aplastante derrota en la votación de los jueces. El resultado fue una desmoralización y desencanto generalizado con la reivindicación marítima. Pero ese resultado está lejos de ser la última palabra, porque el planteamiento de hacerle un juicio a Chile ante la corte de La Haya estaba equivocado desde un inicio, aparte de que ni siquiera jurídicamente era sostenible, dado que la naturaleza del problema no es de índole legal sino geopolítico.

Todo lo anterior constituye sólo contexto y antecedentes al evento histórico que nos lleva a la conclusión de que es posible obtener una salida soberana al mar.

Ese evento histórico, al cual se lo conoce como el Abrazo de Charaña, fue probablemente la instancia en la que más cerca se estuvo de lograr algo así como una salida soberana al mar, ya que Chile consideró otorgar un corredor con soberanía a Bolivia hasta el puerto de Arica, y compartir soberanía sobre ese puerto con Bolivia y Perú.

El gobierno de Chile de ese entonces, por las condiciones imperantes tanto dentro, pero especialmente fuera, de Chile, consideró que era de su interés contemplar darle una salida soberana al mar a Bolivia.

Cuando se inició la negociación en 1975, Chile era un país profundamente dividido. El general Augusto Pinochet apenas dos años antes había tomado el poder tras haber dado un sangriento golpe de estado al gobierno socialista del presidente Salvador Allende, que perdió la vida en dicho golpe.

Ese momento histórico coincidió con relaciones particularmente hostiles de Chile con sus tres vecinos, con Argentina, por territorios en disputa en el Canal Beagle; con Bolivia, por su enclaustramiento marítimo; y con Perú por el sentimiento revanchista de ese país cuando se acercaba el centenario de la guerra del Pacifico, al punto de que se temía que se pudiera desencadenar un enfrentamiento bélico.

Al verse en una situación particularmente vulnerable, tanto interna como externamente, Chile desarrolló una política exterior para disminuir su vulnerabilidad. Una parte de esa política fue el acercamiento con Bolivia. El cálculo era que se podía, al menos, eliminar la amenaza de Bolivia al resolver su demanda centenaria de una salida soberana al mar.

Lo principal que hay que tener en cuenta respecto de este episodio histórico es que Chile consideró que estaba en su interés nacional contemplar darle una salida soberana al mar a Bolivia, primero, y segundo, no fue Bolivia la que logró que Chile considere que le podía convenir otorgarlo. Eso demuestra que Chile no juzga que darle una salida al mar a Bolivia es algo que absolutamente no consideraría, como sería en cambio el retorno de todos los territorios conquistados en la Guerra del Pacifico. Por eso es que es razonable pensar que se puede lograr un escenario donde Chile contemple ceder una salida soberana al mar a Bolivia. Ese escenario podría ser, a través de incentivos positivos y negativos, creado por Bolivia. Difícil de lograr, sí, imposible, no, si es que la clase dirigente tuviera la capacidad de hacerlo y el pueblo de Bolivia estuviera dispuesto a pagar el precio para lograrlo.

(*) Columna Circunstancial

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