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Chau mar

Lunes, 26 de enero de 2026 a las 04:00

El canciller de Bolivia, Fernando Aramayo, declaró el 9 de enero del presente, en una entrevista con Brújula Digital, “En 2026 debería producirse la reanudación diplomática” entre Bolivia y Chile. Este 16 de enero, en una reunión entre el presidente electo Kast de Chile y Aramayo, se dio un gran paso en esa dirección al confirmarse la presencia del presidente Rodrigo Paz en la asunción al mando de Kast. 


Lamentablemente, nuestra apreciación de las declaraciones de Paz en la efeméride del Beni el año pasado eran correctas (La disonancia cognitiva en nuestra relacion con chile, 4/12/2025, Los Tiempos), en cuanto a que estas se podían interpretar como la decisión del gobierno de mejorar fundamentalmente la relación con Chile, claramente apuntando a una reanudación de relaciones diplomáticas, a pesar de las protestas de Paz de que “Es irrenunciable nuestra lucha por nuestro mar”.


La intención explicita del gobierno de reanudar relaciones se ha encontrado con el silencio sepulcral de los principales dirigentes políticos y ex autoridades en materia de relaciones exteriores que anteriormente se plegaron virtualmente unánimemente al juicio que se le hizo a Chile ante la corte en La Haya, a pesar de que fue impulsado por el gobierno del MAS de Evo Morales, para que ese país negocie una salida soberana al mar para Bolivia.


Como justificación de este vuelco de 180 grados a nuestra política exterior de casi medio siglo, el canciller declaró en dicha entrevista que “estamos convencidos de que nos unen muchos aspectos: lo geográfico, lo turístico, lo comercial”, siendo así que precisamente lo geográfico es lo que impide que se tengan relaciones normales con Chile, dado que Bolivia fue amputada en su geografía como resultado de la invasión chilena en 1879.


En cuanto a “lo turístico, lo comercial”, y en general a la importancia económica para Bolivia de la relación con Chile, ésta es menor, al no ser Chile un mercado significativo para nuestras exportaciones, ni un proveedor importante de importaciones.


Para Chile la relación comercial, y en general económica, con Bolivia, es aún menos importante que lo es para Bolivia. Lo que le interesa a Chile es que Bolivia no refleje negativamente sobre el prestigio de la política exterior chilena, y el buen nombre de Chile, con su reclamo de que fue despojado de su acceso soberano al mar, resultado de una invasión cuya razón de ser era hacerse de los cuantiosos recursos naturales de sus vecinos Bolivia y Perú. 


Pues bien, ese objetivo se lo está regalando Bolivia con la decisión del actual gobierno de reestablecer relaciones diplomáticas normales sin ninguna condición. Bolivia ni siquiera le está cobrando algún precio por hacerlo, así sea este precio incomparablemente menor a la restitución de Bolivia a la condición de un país con litoral. 


Por si fuera poco, ahora Bolivia accede a colaborar y cooperar con Chile en sus intereses inmediatos, como la migración ilegal, la falta de seguridad fronteriza y la criminalidad a la que da lugar, pero en Chile, nada de lo cual es de especial importancia para Bolivia.


Increíblemente, sin darse cuenta, el propio canciller Aramayo comparte la importancia crítica de contar con una salida soberana al mar, al declarar, en la misma entrevista con Brújula Digital, “la economía boliviana no puede pensarse sin los puertos chilenos”. Solo le faltaba añadir que la independencia y soberanía de Bolivia también se encuentran comprometidas por la dependencia de esos puertos. 


En esa entrevista el canciller también mantiene: “existe una comprensión compartida de que ambos países tienen más razones para cooperar que para mantenerse anclados en sus diferencias históricas.” Nuestra reivindicación marítima no es una mera diferencia histórica. Con esa declaración lo que está diciendo el canciller es que intereses marginales de Bolivia respecto a Chile, como el comercio y la seguridad fronteriza, pesan más que la necesidad imprescindible que tiene Bolivia de una salida soberana al mar.


Los estadistas chilenos también entendieron esa necesidad fundamental inmediatamente después de su victoria en la Guerra del Pacifico, como lo señaló el ministro de Relaciones Exteriores chileno en noviembre de 1879 Domingo Santa María: “No olvidemos por un instante que no podemos ahogar a Bolivia…Privada…de todo el Litoral…debemos proporcionarle…un puerto suyo…que le permita entrar…sin pedir venia”.


Para fines del siglo XIX la posición chilena cambió. Los gobernantes chilenos que sucedieron a aquellos que habían forjado la gran victoria que significó para Chile la Guerra del Pacífico, llegaron a la conclusión que sí podían dejar de dar a Bolivia un acceso soberano al mar y quedarse con todo el territorio conquistado, sin mayores consecuencias.


Este gobierno les está dando la razón.
 

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