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Insólito: víctima propone compensar a victimario

Sabado, 07 de febrero de 2026 a las 07:10

Supongamos por un momento que Bolivia renuncia a su reivindicación marítima. En ese caso, eso sería lo último que se tendría que declarar si es que se quiere llevar adelante una negociación con Chile con el propósito de reestablecer relaciones diplomáticas. Sin embargo, eso es lo que ha hecho el gobierno.

El gobierno ha manifestado que desea reestablecer relaciones diplomáticas con Chile. Eso equivale, sin decirlo explícitamente, a renunciar a nuestra reivindicación marítima, al menos durante este gobierno.

Si el gobierno no hubiera hecho esa declaración se hubiera podido revertir la situación en la que Bolivia es el que pide algo -una salida soberana al mar- y Chile el que decide, o no, otorgarla.

En caso de no haber hecho esa declaración, Chile hubiera sido la parte que quería algo -reestablecer relaciones diplomáticas- y Bolivia la que estaba en condiciones de otorgarlas o no. Pero no. El gobierno desperdició una posición potencialmente ventajosa de una negociación con Chile -si nos enfocamos exclusivamente en el tema de reestablecer relaciones diplomáticas- al prácticamente dar por hecho que iba a reestablecerlas, sin que siquiera Chile se lo haya pedido.

¿Qué logramos de Chile a cambio de esta concesión unilateral de nuestra parte? Nada.

Evidentemente, a este gobierno no le importa que Chile fue el que nos invadió y arrebató nuestro litoral, condenándonos a nuestro enclaustramiento y limitando nuestra capacidad de interactuar con el mundo (¿les suena “Bolivia en el mundo y el mundo en Bolivia”?) a través de una salida soberana al mar, de ese modo reduciendo significativamente nuestro desarrollo.

Es por eso que hace casi medio siglo no tenemos relaciones diplomáticas. Sin embargo, nosotros somos los que tomamos la iniciativa de que seamos buenos vecinos, nosotros, a los que se nos despojó en ese tiempo de recursos naturales muy valiosos, los cuales llegaron a ser triviales en comparación con el cobre de ese territorio que hizo de Chile nada menos que el primer exportador del mundo. Peor aún, un perjuicio todavía mayor fue perder una salida soberana al mar, con lo cual se truncó una condición necesaria para un mayor progreso.

Con este gobierno la víctima es la que le extiende la mano al victimario, y lo hace de un modo particularmente hiriente. Ofrecemos puertos, que además no necesita, sobre un rio frontera con Brasil, al país que nos arrebató puertos incomparablemente más valiosos sobre el mar. Difícilmente se hubiera podido extender una mano a Chile de una manera que sea simbólicamente más humillante.

La iniciativa del gobierno de reestablecer relaciones diplomáticas con Chile sin ninguna condición significa una derrota auto infligida.

Pero en el plano de fondo y no de forma, lo verdaderamente importante de esa iniciativa es que contribuye enormemente a que Chile logre el principal objetivo que tiene respecto de Bolivia: que la reivindicación marítima se vuelva intrascendente, porque, ¿cómo demandar algo tan trascendental como la cesión de territorio cuando se tienen relaciones diplomáticas con el país al cual se le pide semejante concesión? Hacerlo demostraría a tal punto una falta de seriedad que es impensable que lo haga un gobierno que no quiere ser expuesto al ridículo.

Esta iniciativa de Bolivia es una rendición diplomática abyecta, más dolorosa aun sabiendo que no es para nada necesario sacrificar nuestra demanda marítima ofreciendo reestablecer relaciones diplomáticas, ya que no hay una razón de fuerza mayor para hacerlo, siendo así que Chile no es el equivalente, en absoluto, por ejemplo, de EEUU, en términos de su importancia económica y política para Bolivia.

El presidente Rodrigo Paz reiteradamente declara que gobierna con la verdad. Sin embargo, su política exterior respecto a Chile es engañosa. Decidir que Bolivia reestablezca relaciones diplomáticas con Chile -por si fuera poco, sin condiciones a cambio- significa ir lejos en renunciar a nuestra demanda de una salida soberana al mar. Sin embargo, el propio Paz declara que Bolivia jamás dejará de luchar por una salida soberana al mar.

Determinar que Bolivia abandona su demanda más que centenaria a una salida soberana al mar no es una potestad de este o cualquier otro gobierno. No me refiero a la frívola inclusión en la Constitución del MAS de que es irrenunciable obtener una salida soberana al mar. Un gobierno solo puede determinar que no es una política suya perseguir una salida soberana al mar mientras esté en funciones.

El único que puede insistir o desistir de nuestra demanda marítima definitivamente es el pueblo de Bolivia. Por eso, para saldar este tema para siempre, el actual gobierno le haría un gran servicio a la patria si pusiera la pregunta al pueblo de Bolivia en un plebiscito sobre si quiere o no insistir en nuestra reivindicación marítima, cueste lo que cueste.

(*) Columnista circunstancial

 

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