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¿Por quién votar?

Viernes, 30 de mayo de 2025 a las 00:00

Existen demasiadas evidencias de que las elecciones nacionales programadas para agosto del presente año, se han constituido en las más complicadas e impredecibles de la era democrática. La crisis multidimensional (política, económica, institucional, electoral) puede agudizarse y derivar incluso en confrontaciones callejeras y descontrol general. La arremetida de jueces constitucionales, a título de fallas e incumplimientos de tareas de las organizaciones políticas justo en pleno proceso electoral, colocan al país, sobre el borde del precipicio en materia institucional electoral. 


En cuanto las estructuras políticas y su desempeño, todas reflejan enormes debilidades y se encuentran atrapadas en sus propios laberintos. La improvisación y disputas internas han sido moneda corriente, es así que un mismo partido postulaba hasta tres candidatos a la presidencia (Chi, Dunn y Rodrigo Paz por PDC); postulantes a la vicepresidencia que no tiene peregrina idea del procedimiento legislativo y las funciones parlamentarias (NPG y Libre); listas negras nada democráticas que bajaron a postulantes sobre todo mujeres, pese a sus credenciales (Unidad); algún candidato muy apetecido y bullanguero pero sin solvencia; otro cuya gestión edil es vergonzosa y sin empachos se registra a la presidencia; bueno y la mayor expresión de la debacle, es que el partido mayoritario de los últimos años, va partido en varios pedazos, y el nuevo dueño de la sigla quien luchó de manera febril para ser el nuevo caudillo, tuvo que declinar y colocar un alfil como candidato. Toda una trama novelesca y de mal gusto que aún no termina.  


La piedra angular de esta campaña para la población, es la economía. ¿Cómo salir de esta crisis marcada por la inflación, la pérdida del valor adquisitivo de nuestra moneda, el incremento de la pobreza, la falta de dólares, desabastecimiento de carburantes, el déficit comercial, etc, etc? Sobre esta enorme interrogante, la población solo ha escuchado una competencia de slogans referidos a milagros en días. Primero fueron los, ¡100 días carajo!!  Pero luego vinieron otros estribillos como estabilidad hasta navidad. Tengo 10 mil millones en frontera y gasolina a 5Bs. No esperaré 100 días, en mi discurso de posesión resolveré la crisis. Nadie ha sido sincero sobre la crisis y como resolverla. Peor en el caso de los actores del gobierno que se victimizan, y pregonan de manera ortodoxa que el modelo debe continuar. 

 
Ante tanto improvisación y laxitud política, la pregunta más repetida y frecuente en todos los rincones o espacios del país es ¿por quién votar? Muy pocos se animan a promover un nombre con convicción. La salida frecuente en determinados espacios, suele ser “cualquiera” menos el Mas o trasladar la misma pregunta al de tu lado, o repetir algún texto o meme que te llega al WhatsApp. Sin saber por quién votar, el consenso colectivo tendría que ser que no podemos continuar en la misma dinámica político institucional de los últimos 20 años, pero tampoco en la dinámica del periodo de democracia pactada. Sin desconocer que ambos periodos tuvieron en su momento su razón de ser y frutos. Intentaré explicarlo en el siguiente párrafo. 


Hace unos días atrás, un grupo de amigos nos reunimos alrededor de un café y de esa reunión derivo también la recurrente pregunta de por quién votar. Comentarios de por medio, uno de los amigos partió de una premisa que tiene mucho sentido al señalar que nuestra mayor responsabilidad es salvar el proceso democrático y que el país no aguanta otro tiempo más de confrontación. Menciona este esclarecido amigo beniano, que el siguiente periodo debe ser de la democracia de la “Convergencia entre Distintos”. La democracia pactada se daba entre quienes tenían coincidencias y eran parte de una estructura de poder determinada. El Mas por su lado, mantuvo posturas impositivas y hegemónicas bajo el estandarte de la defensa de los sectores sociales, Ambos modelos terminaron agotados.  


El amigo de café, argumenta su posición señalando, que, para garantizar gobernabilidad política y social, hay que hacer pactos con el contrario y establecer un sistema de coexistencia. Ello implicaría salir de los clásicos acuerdos entre similares (entre partidos o grupos de intereses similares en los 90s y de organizaciones sociales corporativas en el periodo del MAS) para empeñarnos en consolidar acuerdos entre partidos, grupos sociales, sectores, regiones o actores “distintos” con agendas mínimas pero estratégicas, para poder salir de la crisis y del empantanamiento que nos hunde o retrasa.  

  
Recordé que Filemón Escobar, uno de los principales teóricos del Mas, denunciaba que su idea de promover ese proyecto y el liderazgo del Evo Morales, tenía como propósito propulsar la “complementariedad de opuestos” en vez de la confrontación. En una entrevista señalaba que, bajo ese paradigma, el trabajador, concilia con su empleador, el oriente con occidente, el aimara con el guarayo. Finalizaba haciendo mención al planteamiento de Jaime Mendoza en su obra el Macizo Boliviano, sobre el vínculo de hierro entre oriente y occidente. Pero el Evo llega al Gobierno y los hace pelear, lamentaba.


La visión planteada por mi contertulio no es de fácil aplicación, pero es la única salida. Se requiere de grandeza política para derribar muros identitarios, culturales, o programáticos en un contexto en el que reciben centenares de likes o aplausos, quienes echan sal y vinagre a las heridas de la confrontación. Debemos ser conscientes de que no se puede resolver la crisis económica, tampoco la crisis institucional, ambiental, judicial, o cualquier otra sino se resuelve primero la crisis política del país.  


Si bien la actual contienda electoral pareciera por momentos una guerrilla entre dos guetos (popular y tradicional) que tienden a atrincherarse, negarse y alejarnos de la visión planteada por Cacho Richter y compartida por mis amigos de café, lo que sí es una buena noticia, y facilitaría una salida tan audaz como la compartida, es que, en esta elección, no existe proyecto hegemónico ni caudillo de multitudes que pueda imponerse. Todos los caminos nos llevan a una segunda vuelta electoral. En consecuencia, los resultados de estas elecciones nos colocaran en la antesala de un nuevo tiempo y ejercicio político. 
 

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