Santa Cruz de la Sierra atraviesa una profunda precariedad en materia de infraestructura, mantenimiento y servicios, producto de una gestión municipal deficiente, un mal manejo de recursos y la reducción de ingresos en medio de una crisis económica que afecta a todas las instituciones públicas. Esta debilidad estructural se hace más evidente en el estado de abandono en el que se encuentran la mayoría de los parques y áreas verdes de la ciudad.
El caso más notorio es el Parque El Arenal, donde la laguna se ha secado y solo deja ver el lodo acumulado en el fondo, junto con estatuas y fuentes destruidas. Algo similar ocurre en el Parque Urbano: las fuentes danzantes que alguna vez fueron un orgullo hoy son apenas un recuerdo. No hay agua, no hay música, no hay espectáculo. La desidia ha sido tal que incluso los delincuentes han tenido vía libre para robar el cableado eléctrico, dejando estos espacios en penumbras y aumentando la inseguridad en los barrios aledaños.
El problema, sin embargo, no se limita a estos dos íconos urbanos. Decenas de parques y centenares de plazas en toda la ciudad muestran el mismo deterioro. En su momento, Santa Cruz podía sentirse orgullosa de contar con áreas verdes en casi todas sus unidades vecinales. Cuando fueron inaugurados, brillaban con bancas pintadas, jardines frondosos, juegos infantiles en buen estado e incluso anfiteatros y parrillas que reunían a decenas de familias en encuentros vecinales.
El paso del tiempo, el uso sin mantenimiento y el abuso de algunos vecinos acabaron por destruir lo que en su momento fue motivo de orgullo. Bancas desvencijadas, juegos infantiles arruinados, pasto convertido en maleza, sendas agrietadas y montes en lugar de jardines son ahora el panorama habitual. Aunque de vez en cuando cuadrillas municipales de Parques y Jardines realizan podas y limpiezas, el esfuerzo es insuficiente. Los vecinos, por su parte, tampoco han asumido un rol activo en la preservación de lo que deberían sentir como una extensión de sus propios hogares.
La consecuencia es visible: parques vacíos en una ciudad con alta densidad poblacional y un clima benigno que debería invitar al encuentro. Lo que antes eran espacios de convivencia hoy son territorios ganados por la inseguridad y la marginalidad. La pérdida del sentido de pertenencia ha empujado a los vecinos a refugiarse en sus casas, cediendo el espacio público a malvivientes y menesterosos, con el consiguiente deterioro en la calidad de vida barrial.
Es comprensible que en tiempos de escasez de recursos la Alcaldía deba priorizar áreas críticas como salud, educación e infraestructura vial. Pero es un error relegar el mantenimiento de los parques y plazas, porque también cumplen un papel fundamental en el bienestar colectivo y en la cohesión social.
Recuperar estos espacios no requiere únicamente de grandes inversiones. La creatividad, la organización y la voluntad política pueden marcar la diferencia. La Alcaldía, las subalcaldías y las juntas vecinales podrían organizar mingas y actividades comunitarias de embellecimiento con la participación directa de los vecinos. El costo sería mínimo y los beneficios incalculables: mejor urbanismo, mayor seguridad, sentido de pertenencia, cohesión social y, en definitiva, una mejor calidad de vida.
Si en esta ciudad se habla de modernidad y desarrollo, también debe hablarse de la recuperación de sus áreas verdes. Santa Cruz necesita volver a ser una ciudad verde, viva y segura. Los parques no son un lujo: son un derecho ciudadano y una condición esencial para el bienestar de todos.