La capacidad de distinguir entre el ruido y la señal es fundamental para cualquier proceso de comprensión, pues esta distinción determina la eficacia con la que interpretamos nuestro entorno, calibramos nuestras expectativas y definimos lo que consideramos verdadero.
Mientras que la señal representa la información relevante y estratégica que guía la acción, el ruido actúa como un contaminante que satura nuestra capacidad cognitiva sin aportar valor real.
Al aplicar este filtro al ámbito de la Inversión Extranjera Directa (IED) en América Latina, utilizando como base los informes de la UNCTAD (World Investment Report 2025), de la OCDE (Latin American Economic Outlook 2025) y de la CEPAL sobre IED 2025, la señal emerge con total claridad: el flujo de nuevo capital hacia la región ha decrecido por segundo año consecutivo, con la particularidad de que Brasil y México capturan dos tercios de este volumen cada vez más reducido.
Dentro de este panorama, los sectores que emiten la señal más fuerte de dinamismo son las energías renovables, la transformación digital —específicamente en centros de datos y desarrollo de software— y la minería de minerales críticos como el litio y el cobre.
Para atraer este tipo de capitales de manera sostenible, las recomendaciones internacionales sugieren abandonar la competencia basada meramente en costos bajos y/o incentivos fiscales específicos. En su lugar, se sugiere que se debe construir una propuesta de valor integral compuesta por la oferta de talento humano calificado local y una infraestructura estable digital, de transporte y de provisión de energía. En lo macro, se debe ofrecer al inversor mercados con potencial de crecimiento propio y/o por plataformas de exportación que permitan una integración profunda con redes de proveedores locales.
Finalmente, estos informes ratifican que la piedra angular para atraer inversión es la existencia de un entorno jurídico estable y previsible que sea capaz de trascender los cambios políticos y los procesos electorales. Bajo esta premisa, la atracción de inversiones debe consolidarse como un objetivo de Estado que supere la visión de la política de turno.
En nuestra actual coyuntura económica y de empezar a desarrollar políticas para atraer IDE, resulta fundamental para Bolivia analizar el reciente proceso de reconfiguración empresarial en Argentina, donde grupos locales han adquirido las operaciones de multinacionales con trayectoria histórica en el país como HSBC, Procter & Gamble, ExxonMobil, Mercedes Benz y Telefónica, entre otras.
Estas transacciones constituyen un mensaje de confianza del empresariado local hacia el nuevo rumbo económico, demostrando una disposición genuina a apostar por su propio mercado bajo las políticas actuales. En la financiación de estas adquisiciones se caracteriza su versatilidad, recurriendo a la asunción de pasivos, el acceso al mercado de capitales doméstico y la repatriación de fondos, lo cual demuestra la capacidad del capital nacional para gestionar activos de gran escala de manera creativa.
Esta experiencia debe servir de incentivo para que el empresariado boliviano lidere una renovación del tejido productivo nacional mediante adquisiciones estratégicas, aprovechando incentivos como la repatriación de capitales contemplada en el DS 5503. Dicha reconfiguración representa, además, una oportunidad para que el mercado financiero local madure al evaluar y asumir riesgos corporativos de mayor envergadura. Al encabezar estos movimientos, los empresarios nacionales no solo emiten una señal de estabilidad hacia el exterior, sino que se consolidan como potenciales socios estratégicos indispensables para futuros inversores extranjeros, aportando su resiliencia y un conocimiento profundo de la regulación local para navegar la volatilidad económica.
En última instancia, dado que Argentina compite directamente con Bolivia en la atracción de capitales para sectores críticos como la minería, el litio y los hidrocarburos, es imperativo capitalizar las lecciones de este proceso. Entender cómo el fortalecimiento del capital local puede facilitar el camino para la inversión internacional permitirá a Bolivia mejorar su posicionamiento competitivo y asegurar que su política de atracción de inversiones trascienda la coyuntura política y los ciclos electorales.
Para Bolivia, el desafío actual no es solo económico, sino de claridad estratégica. En un escenario global de IED volátil, marcado por el ruido rancio de quienes se oponen a la inversión, la mayor muestra de certidumbre será la capacidad de los empresarios locales de emitir un mensaje nítido de confianza.
Enfocándonos en lo que generará valor a largo plazo y silenciando el ruido de las distracciones de la política coyuntural podremos convertirnos en un destino donde el inversor extranjero no solo vea recursos naturales, sino una verdadera promesa sólida, coherente y previsible de futuro.