¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Clasificados

Hacer tiempo

Martes, 02 de septiembre de 2025 a las 00:00

Por Redacción

Antonio Soruco Villanueva


Afirmaba el filósofo Ortega y Gasset, que el más cruel de los trabajos forzados es “hacer tiempo” es decir, no hacer nada, invernar, estar inactivo, en reposo permanente o larvario, especialmente cuando se alcanza la vejez, la ansiada jubilación o lo que modernamente se llama “ tercera edad”, como si ya se hubiera cumplido el mandato de la vida, y solo resta esperar su desenlace final.


El gran desafío del ser humano, cuando deja la rutina oficinesca o un quehacer diario obligatorio, llámense estudios, trabajo, crianza de los hijos, viudez etc, que absorbía toda su atención y llenaba la vida existencial, es darle sentido y utilidad al tiempo libre, tiempo de jubilación, tiempo de la tercera edad o tiempo “sobrante” y llenarlo con “algo”, qué además de la eterna rutina, tenga sentido e importancia, un interés que nos sostenga y motive a seguir activos y motivados, reto o desafío del que dependerá como concluyamos la vida.


La vida nos fue dada, pero no nos es dada hecha, lo que nos obliga a llenarla, a darle sentido, finalidad y utilidad a nuestra existencia. Nacemos libres, pero estamos obligados a decidir en cada instante, en que nos convertiremos y en especial, como soñamos dejar la vida que nos fue dada.  Somos en otras palabras, los artífices de nuestro propio futuro, los secretos directores de lo que nos proponemos llegar a ser, el personaje que añoramos convertirnos.


Contradictoriamente, es más fácil vivir trabajando ocupado en las labores oficinescas que concentran la atención en rendimientos profesionales y económicos y que además, nos hacen sentir importantes y necesarios, que vivir sin trabajar, que nos obliga a pensar y reflexionar sobre temas trascendentales, vírgenes de todo análisis y reflexión durante la vida utilitaria que los disimulaba y ocultaba. De pronto, nos sentimos desnudos de aquellos elementos que nos tenían hipnotizados, cuando mecánicamente respondíamos a las labores domésticas y utilitarias, cuya continuidad y monotonía absorbía nuestra atención y apenas nos dejaba tiempo “sobrante”, para reflexionar o analizar temas trascendentales que no tuvieran que ver con la espiral materialista.


El activismo inextinguible que demanda la sociedad de consumo, el desenfreno materialista que ha restringido la vida humana a ser un ente exclusivamente productivo, en desmedro de otras actividades filantrópicas o altruistas, considera el tiempo libre, como tiempo muerto, vacío e improductivo, olvidando qué al ocio fecundo, le debemos lo más preciado de la cultura helénica y occidental.

 Hoy el ser humano se ha convertido, en uno de los tantos engranajes que mueve la productividad, la eficiencia y los excedentes económicos. Su vida y objetivos, son estrictamente y exclusivamente materiales, no tiene tiempo para dedicarse a otros menesteres que no sean los utilitarios. Como decía Unamuno ” huele a materia”. Ha regresado, en otra dimensión, al nivel primitivo de la existencia humana, en la que la escasez y sobrevivencia le exigían todas sus energías, y no tenía ni tiempo, ni motivación, para dedicarse al conocimiento humanístico. La espiral materialista, lo ha devorado, sus conocimientos se limitan al área específica que lo ayude a producir más, así ello implique, sacrificar: familia, hijos padres, patria, moral, naturaleza, honor y salud, acicateado incansablemente por la fama y fortuna, vale lo que gana o lo que tiene, como cualquier producto mercantilista.


Hoy es el futuro que tanto ansiamos alcanzar, por el cual luchamos, herimos y perdonamos y ya es tarde, para mostrar al mundo de lo que dimos o de lo que somos capaces. Envejecimos de pronto, sin darnos cuenta que tanto se vive como se desvive y que empezamos a morir apenas nacemos. Ahora nos toca revivir lo mejor de nuestra vida, puesto que siempre existirán suficientes razones para ser feliz o infeliz, agradecido o resentido, leal o desleal, y por tanto, depende de cada quien, enaltecer lo que le favoreció, o enfocar su mirada y atención, hacia lo negativo o hacia los fracasos y desilusiones. Vivimos aciertos y errores, merecimientos e injusticias, amores y desamores, donde pongamos el acento o resaltemos lo que nos hizo feliz o infeliz, dependerá el color de nuestra vejez, al final, el fiel de nuestro estado emocional, dependerá de óptica con que miremos nuestros triunfos o fracasos. Somos en otras palabras, lo que pensamos, lo que soñamos, donde va nuestra mirada va nuestro espíritu.


Valoremos “el tiempo sobrante” que aún podemos disfrutar con motivación y alegría, no dejemos que el tedio, el miedo y el negativismo nos alcance y nos mate antes de la verdadera muerte. Que esta nos sorprenda “vivos todavía”, con sueños y proyectos en curso, con apetito por hacer “más cosas”, así ello implique arriesgar la vida, versus alargarla, minimizándola a un extremo larvario preocupados por sobrevivir, una vejez incolora que nos conduzca a una muerte anticipada. Que los años o días que nos falta vivir, no sean una fotocopia del día anterior y que aun, débiles y achacosos, conservemos la alegría de rememorar el pasado sin dejar por ello de seguir soñando, como decía Esopo “es mejor morir que vivir siempre temiendo por la vida”.      

 

¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones: