Bolivia está sumida en una crisis económica que ahoga a miles de familias. La falta de dólares, la escasez de combustible y la reducción, a veces drástica, de los niveles de vida afectan a la población. Hacer fila o peregrinar para conseguir ciertos productos de la canasta familiar se han convertido en actividades recurrentes.
Mientras en los hogares buscan la forma de recortar sus gastos, incluso sacrificando la educación de los hijos, llama la atención la posición asumida por el Gobierno y que se refleja en los presupuestos del Estado para la gestión 2026. Aunque parezca increíble, el Ejecutivo nacional ha optado por ir contracorriente y apuntalar, año tras año, un incremento constante en el PGE.
Una investigación presentada por EL DEBER refleja un aumento del 30% durante la gestión de Luis Arce. Se pasó de Bs 228.000 millones, en 2021, a Bs 296.000 millones en 2025, según datos extraídos del Sistema de Gestión Pública (Sigep). Dicho de otra manera, el Gobierno no ha considerado recortes ni ajustes significativos en sus finanzas más allá de la creciente crisis económica que las mismas autoridades de Estado han reconocido.
Al mismo tiempo que los ministros del área económica se referían a la escasez de dólares, la caída de exportaciones o las reservas internacionales en declive, otra parte del Gobierno insistía en incrementar el gasto en pequeñas industrias de dudosa productividad, en incrementar las ayudas a los demandantes sectores sociales o en dilapidar ingentes cantidades de dólares para mantener una subvención a los combustibles que el propio Arce trató de reducir mediante un fallido intento de referéndum.
El país ha apostado por un cambio de rumbo. Así lo ha demostrado en las urnas al priorizar opciones políticas distintas y distantes al oficialismo del MAS y sus bifurcaciones personalistas. Una abrumadora mayoría de los votantes confió en las opciones políticas que anuncian austeridad, recortes y mayor responsabilidad con las finanzas públicas. Resta todavía saber quién asumirá la presidencia, pues habrá que esperar hasta el 19 de octubre para conocer si Rodrigo Paz o Jorge Quiroga salen vencedores. Pero más allá de esa incertidumbre, la Asamblea Legislativa Plurinacional contará con una ampla representación de esas posturas políticas que insisten en cerrar el grifo del gasto público.
Si la debacle electoral no hubiera sido suficiente mensaje para el gobierno, Arce mantiene su peculiar manera de ver y entender la realidad. En un encuentro con ganaderos en Santa Cruz, el presidente volvió a demostrar su estrabismo político al asegurar que “aquellos que están creyendo que el MAS-IPSP está muerto se equivocan porque con todas las obras que estamos entregando en todo el país y que están en la retina y la mente de todos los bolivianos, estamos seguros de que el pueblo boliviano en los próximos años nos va a extrañar”.
Parece no percatarse del descalabro económico que entregará al próximo presidente pues insiste el resaltar los ¿logros? de un ‘Modelo Económico Social Comunitario Productivo’ que dilapidó las reservas internacionales, ahondó una crisis multifactorial con gran afectación a las familias y concentró todas las salidas posibles en la aprobación de los créditos internacionales por parte de la Asamblea Legislativa Plurinacional.