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Cara a cara

Miércoles, 27 de agosto de 2025 a las 00:00

 Santa Cruz de la Sierra, antaño símbolo de crecimiento, empuje y modernidad, hoy se ahoga en su propio desarrollo. Lo que alguna vez fue un orgullo de los cruceños en particular por su expansión urbana y pujante economía, ahora se ha convertido en una ciudad sepultada bajo montañas de plástico, bolsas, cartones y desechos que invaden calles, canales y hasta barrios enteros.


Caminar por cualquier avenida principal es encontrarse con residuos arrastrados por el viento, atascados en desagües o acumulados en esquinas como si fueran parte del paisaje. La imagen es desoladora. No se trata solo de una cuestión estética; es un problema ambiental y de salud pública que se agrava día tras día ante la indiferencia de los vecinos y la acción insuficiente de las autoridades. 


La cultura del “usar y tirar” se ha normalizado. Bolsas de plástico entregadas sin control, envases descartables en cada rincón y una ciudadanía que, en gran parte, no ha desarrollado hábitos de separación ni reciclaje. ¿Dónde quedaron las campañas de educación ambiental? ¿Dónde están las políticas públicas que apuesten realmente por la sostenibilidad?


Al otro lado del problema, están los recicladores informales, quienes luchan por subsistir en medio del caos, separando lo poco reutilizable que aún no ha sido contaminado. Pero su labor no basta. Se necesita una transformación estructural: normativas que restrinjan el uso de plásticos de un solo uso, sistemas de recolección y clasificación eficientes, y una conciencia ciudadana que entienda que el cuidado de la ciudad empieza por no ensuciarla. 
Santa Cruz no puede seguir siendo la ciudad de plástico. Merece ser una metrópoli limpia, verde y sostenible. 

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