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Cara a cara

Domingo, 24 de agosto de 2025 a las 02:00

La gestión de Jhonny Fernández al frente del Gobierno Autónomo Municipal de Santa Cruz de la Sierra atraviesa su peor momento. A poco más de cuatro años de haber asumido la Alcaldía, el líder de Unidad Cívica Solidaridad (UCS) enfrenta una combinación explosiva: una administración municipal muy cuestionada, un creciente malestar ciudadano y una debacle política tras su participación en las recientes elecciones generales. Lo refleja palmariamente el exiguo 1,67% de los votos que lo relegaron, a escala nacional, al penúltimo lugar de la preferencia electoral entre ocho candidatos.

El que prometía ser un periodo de renovación y eficiencia se ha convertido en un catálogo de promesas incumplidas, improvisaciones y denuncias. Desde problemas estructurales en el manejo del aseo urbano y el transporte público, hasta la percepción de una administración distante, poco transparente y desconectada de las urgencias reales de la población. A esto se suma el uso político de la Alcaldía como plataforma personalista. .

Pero el golpe más duro vino desde las urnas porque el partido fundado por el carismático Max Fernández –que alguna vez tuvo una presencia nacional importante– está hoy en riesgo de desaparecer. Lejos quedó la fuerza electoral que alguna vez lo convirtió en actor clave del tablero político boliviano. La responsabilidad de esta caída recae en gran parte sobre su hijo Jhonny. No solo como alcalde, sino como una ya opacada figura central de UCS. Su incapacidad de renovar y proyectar liderazgos, de conectar con los jóvenes y de ofrecer una visión moderna de la ciudad, lo han dejado atrapado en el pasado, administrando la inercia de un capital político heredado y ya desgastado. 

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