Todos hablaron de la unidad. En sus emotivos discursos de precampaña enfatizaron el histórico momento que vive el país para dar un giro a una desastrosa política económica que nos ahoga. En sus encendidos alegatos pedían en no repetir los errores del pasado. Y muchos nos embelesamos con esos discursos que convocaban a días mejores para Bolivia. Era una misión difícil, pero para nada imposible. El bien mayor, el bienestar de los bolivianos pasaba por la capacidad de renuncia de una quincena de políticos, que durante años habían defraudado una y otra vez a sus compatriotas.
Y lo volvieron hacer. Para el 17 de agosto, los 14 partidos políticos habilitados por el TSE estarán en la boleta. Solo dos de ellos (Demócratas y FRI) lo harán en una alianza. Serán 13 candidatos en contienda… Al parecer, no le pusieron mucho empeño a la ansiada unidad. Más bien, todo lo contrario. Se desgañitaron en las críticas, las acusaciones y los reclamos entre los unos y los otros. Nada nuevo si tenemos en cuenta la manera de hacer política que los ha representado durante los años anteriores.
La voz del Comité pide cordura. ¿Quién lo diría? En enero, a días de su elección como presidente cívico, Stello Cochamanidis clamaba por retomar la calle y recurrir a medidas de presión de hecho; todo lo contrario a un diálogo necesario y constructivo. Afortunadamente, un par meses después reconduce el camino de la entidad cívica y encauza el rumbo de la oposición. Apelarán, desde el Comité, a un diálogo en torno a dos ejes: propuestas y estrategia de control electoral. Aún estamos a tiempo.