En los últimos días, pese a la abundancia de malas noticias en lo político y económico, que indefectiblemente repercute en lo social, tuve la buena racha de conocer tres buenas noticias que me dieron una bocanada de aire fresco, de esas que permiten levantar la cabeza y respirar, para después seguir sumergida en el mar de la coyuntura. La primera de ellas fue la historia de René Manuel Suárez, el joven cruceño que en su doctorado en Japón está haciendo historia, casi anónimamente, innovando con materiales blandos en la construcción de tenazas, mano y brazo robóticos con distintas funcionalidades y aplicaciones.
-También me dejó un buen sabor de boca enterarme sobre la investigación universitaria de la carrera de Turismo de la Utepsa, que derivó en un libro y que no murió entre sus páginas, sino que saltó a la práctica, con un circuito turístico de casas comerciales del ‘casco viejo’, como un gran aporte que permite entender dónde nació el germen del espíritu emprendedor cruceño.
-Y en breve, otra gran historia que va a salir a la luz en las páginas de El Deber, completa la trica de buenas noticias que le da algo de color a este mes tan difícil que llegó con inundaciones, colas por combustible y amenaza de convulsión. Laura Calvimontes Párraga tiene Atrofia Muscular Espinal (AME) tipo III, su gran reto es vivir el día a día, con todas las limitaciones que ello implica. A sus 11 años sabe muy bien lo que es ser diferente, estar en desventaja con el resto del mundo y soportar las miradas incómodas, pero también sabe ser valiente y lo comparte en las charlas motivacionales que ha empezado a estructurar. Una niña le habla a otros niños, y vaya que poderoso es el mensaje que puede entregar.