Tristeza y vergüenza ajena sentí luego de presenciar el debate de candidatos a la Alcaldía de Santa Cruz de la Sierra. Aunque las reglas estaban claras y el tiempo fue exactamente el mismo para cada participante, los aspirantes a la silla municipal no supieron aprovechar esos valiosos minutos para exponer lo más destacado de su plan de gobierno. Por el contrario, usaron ese tiempo para atacarse unos a otros, ofreciendo un triste espectáculo al ciudadano, que este domingo acudirá a las urnas para elegir a aquel que cree que mejorará la situación en el municipio cruceño.
Algunos asumieron el papel de profesor para tratar al oponente como un alumno al que se le toma un examen de conocimiento, siendo que este debate era para preguntarle sobre el buen uso de los recursos, cómo se resolverán los graves problemas con confronta esta ciudad, que es la más poblada del país, pero que tiene un pésimo servicio de transporte público, graves problemas en el sistema público de salud, falta de infraestructura, mal servicio de aseo urbano, carencia de servicios básicos, problemas de corrupción y de seguridad ciudadana.
Pero mi decepción fue mayor cuando vi cómo candidatos que antes fueron autoridades municipales apuntaban al contrincante llamándolos de corruptos, sin presentar pruebas y sin haber aclarado las denuncias de corrupción que aún pesan en su contra. ¿Acaso olvidaron que el pueblo no es tonto y que no olvida? También me dio pena ver a candidatos perdidos, sin plan de gobierno, sin saber qué es un pacto fiscal. Confío en que el ciudadano vote a conciencia, elija al que cree que es mejor y no a los que ni deberían ser candidatos.
(*) La autora es periodista