Joacir Alejandro Farías Chubey
El 16 de septiembre la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) anunció oficialmente la decimoctava edición del Informe del Índice Global de Innovación (IGI) 2025, titulando el informe “Innovación en una Encrucijada”. Tras una década de expansión acelerada en el gasto en investigación y desarrollo (I+D) y la inversión en capital de riesgo (VC), el mundo atraviesa un punto de inflexión. El crecimiento de la I+D ha caído a su ritmo más lento desde la crisis financiera global (2008), mientras que el VC, si bien repunta levemente, no se ha recuperado de la severa recesión de 2023.
Los países líderes mundiales en innovación mantienen sus posiciones históricas. Suiza se consolida en el primer lugar, seguida por Suecia y Estados Unidos. Estos países no solo invierten fuertemente en innovación y desarrollo (I+D), sino que han construido ecosistemas sólidos que convierten la investigación en éxito comercial. El mayor hito es el ingreso de China al top 10 (10º) por primera vez, liderando la categoría de resultados de conocimiento y tecnología. Corea del Sur (4º) y Singapur (5º) completan el top cinco. La geografía de la innovación se diversifica.
El ranking IGI en América Latina y el Caribe lo lideran Chile (1º), Brasil (2º) y México (3º), estos países se han consolidado como referentes gracias a sus inversiones en I+D, sus entornos de negocio sofisticados y una creciente capacidad para convertir conocimiento en valor económico.
La posición de Bolivia en el IGI 2025 es crítica, ubicándose en el puesto 111 de 139 economías, se ve un deterioro de 11 peldaños en el ranking respecto a la edición pasada, que se debe por un lado a la disminución del rendimiento de un puntaje y por un efecto estadístico al ingresar 6 países más al ranking en esta edición.
Bolivia corre el riesgo de quedar al margen de las tendencias globales de innovación. Por la falta de un ecosistema innovador sólido, La incapacidad de absorber, aplicar y comercializar el conocimiento debido a la desconexión entre el sector público, la academia y el sector privado y la débil inversión en I+D, no solo limitan el crecimiento económico, sino que también mantienen una dependencia tecnológica que puede ser perjudicial a largo plazo.
El camino por seguir requiere una transformación estructural que involucre al sector público, la academia, el sector privado y la sociedad civil para fomentar una cultura de innovación, lo que podría convertirnos a futuro en un país sostenible, productivo y competitivo.