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Bienestar: la inversión que fortalece a las organizaciones

Martes, 02 de septiembre de 2025 a las 00:00

Por Redacción

Stephanie Escobar

Hace algunas semanas recibí una noticia que me estremeció profundamente: una excolega de un trabajo anterior, con quien compartí proyectos y aprendizajes, atravesaba una difícil situación personal. Había renunciado meses atrás, en medio de una batalla silenciosa contra la ansiedad, cuyo desenlace fue tan conmovedor como inesperado. Este hecho me llevó a reflexionar sobre la fragilidad de la salud mental y sobre el papel que pueden desempeñar las organizaciones como espacios de apoyo, contención y prevención.


La salud mental no es un asunto privado que cada persona deba enfrentar en soledad; es una responsabilidad compartida que involucra también a las empresas. Escribir sobre ello no es un ejercicio teórico, sino un llamado a la acción: reconocer que el bienestar emocional de las personas es tan esencial como cualquier indicador financiero o de productividad.


El entorno laboral puede convertirse en un factor de riesgo o, por el contrario, en un pilar de protección. De ahí nace la responsabilidad de las organizaciones de crear culturas que cuiden y fortalezcan la salud emocional de su gente. Cuando las personas se sienten bien, trabajan con mayor creatividad, resiliencia y compromiso. Por el contrario, la ansiedad, la depresión o el estrés no tratados se manifiestan en ausentismo, rotación y ese fenómeno silencioso del presentismo: estar físicamente en el lugar de trabajo, pero sin un rendimiento óptimo. Además, las compañías que invierten en el bienestar de sus equipos consolidan su reputación y se convierten en empleadores atractivos, referentes en el mercado laboral.


Invertir en salud mental implica mucho más que cumplir con una normativa. Requiere programas de apoyo, espacios de escucha activa, líderes capacitados para identificar señales de alerta y, sobre todo, la voluntad de normalizar la conversación sobre emociones. Cuando una organización entiende que su mayor activo son las personas, el cuidado de su bienestar deja de ser solo una estrategia de sostenibilidad para transformarse en un verdadero compromiso ético con la vida y con el futuro.


La Organización Mundial de la Salud advierte que para 2030 los trastornos mentales serán la principal causa de carga de enfermedad a nivel global. Este dato no debería leerse únicamente como una estadística, sino como un recordatorio urgente: cada historia de ansiedad, depresión o estrés vivida en silencio nos muestra que no basta con hablar del tema, necesitamos entornos que acojan, acompañen y prevengan.


Las empresas son el lugar donde las personas pasan gran parte de sus vidas. Por ello, promover culturas abiertas, líderes empáticos, políticas flexibles y programas de apoyo no constituye un beneficio adicional, sino una condición básica para garantizar que el trabajo sume al bienestar y no lo deteriore. Invertir en salud mental es invertir en personas, y cuando las personas están bien, las organizaciones prosperan con mayor fuerza y resiliencia.


Cuidar la salud mental no es solo una obligación: es la decisión estratégica más inteligente para construir un futuro sostenible, humano y productivo.
 

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