La explosión de la ofrenda a la Pachamama, en medio del discurso de Andrónico Rodríguez durante el inicio de su campaña electoral con Alianza Popular, fue un paralelismo de cómo explotaría el país con la reinstauración de un gobierno masista. Una tragedia que no es lejana ni imposible, si la analizamos con la cabeza fría y unas cuantas valerianas.
El significado etimológico de Andrónico es “hombre valiente”. Paradójicamente, a Rodríguez no se le conoce ninguna aparición ni desempeño valeroso. El chapareño, timorato, medido e invisible, parece más una construcción desesperada de los sastres de ídolos del socialismo del siglo XXI que un líder de rompe y rasga. Se ha plasmado con su nombre una figura que no existe. No muestra la talla que se le atribuye, y mucho menos la de un mandatario de Estado en un país quebrado, que clama por un plan económico de salvataje y por un gobierno que represente a todos los bolivianos.
En sus contadas declaraciones y apariciones, el presidente de la Cámara de Senadores titubea. Se le ve evasivo, medroso, inseguro, ansioso de que sus respuestas sean políticamente correctas y no suenen memorizadas. Replica la expresión anodina del “cordero degollado” de Luis Arce Catacora cuando, en 2020, era el heredero del evismo y apelaba a los votos de los indecisos que Carlos Mesa no lograba convencer.
Así, las opiniones de Andrónico Rodríguez son veladas; encubren un socialismo radical que solo se insinúa en sus gigantografías: posa con “la mano en el pecho, el puño en alto” y símbolos ideológicos a las espaldas —oz, estrella y fondo rojo—. El chapareño de pura cepa, cría de las seis federaciones de cocaleros, hechura de Morales, formado en el adoctrinamiento cubano y convencido del “Patria o muerte”, no representa la renovación esperada, sino un refrito del socialismo tóxico en busca del voto evista, al que halaga llenando listas con sus candidatos.
A todas luces, el evasivo milenial sacabeño, de cabello bien recortado, es el lobo feroz con rostro de Caperucita Roja. Literal. Él representa la decadencia de un modelo autoritario, corrupto, mentiroso y aferrado con uñas y dientes a las elecciones de agosto. El “reciclador del libreto estatista del MAS”, según Gonzalo Chávez, es el plan B que garantizaría la continuidad e impunidad del exmandatario inhabilitado —acusado de fraude electoral y presunta pedofilia — y la del presidente Arce Catacora, cuyo delfín, el “niño ministro” Del Castillo — el Atila fustigador de Santa Cruz — a quien la crisis le resta cualquier posibilidad.
“Si te veo no te conozco” podría llamarse la campaña de Andrónico Rodríguez, diseñada por el estratega Antoni Gutiérrez-Rubí. De tal suerte, el joven otrora evista aparenta distancia de la tierra de guerrillas del Jefazo, del presidente Arce, Quintana y García Linera: los jerarcas del MAS, directos responsables de la debacle económica y del despilfarro del erario nacional. Entonces, nos preguntamos: ¿quién paga los honorarios del genio catalán, el mismo que llevó a la presidencia a Sheinbaum, Petro y Cristina? ¿El Foro de São Paulo, Irán, Venezuela o algún aliado internacional?
En su programa político, el candidato presidencial chapareño guarda silencio sobre la reducción del déficit público. No propone cambios estructurales en educación, salud, empleo ni justicia. Lo cual equivale a esconder el polvo debajo de la alfombra en un modelo económico que no se sostiene y se muestra inviable e ineficiente ante un desastre de gran magnitud. Con narrativa confusa y ausencia total de autocrítica, el dandi indígena de lluch’u o sombrero se perfila como la opción del voto emocional de quienes aún se identifican social y racialmente con un partido que nació de las reivindicaciones indígenas, pero cuyo desempeño derivó en un descalabro económico colosal.
Si bien hay desilusión entre los votantes del MAS, una parte importante de ellos mantiene su fidelidad y se aferra a la idea de reeditar la bonanza económica de los tiempos del innombrable. ¿Quién les explica que fue justamente el Jefazo y Lucho Arce quienes derrocharon los recursos gasíferos conseguidos por gobiernos anteriores?
Por otra parte, ojalá que los electores que hoy piensan votar en blanco, nulo, o ceder al hechizo del gallardo Rodríguez, tengan presente las dos últimas décadas transcurridas a merced de los secuestradores ideológicos de una tienda política que, con cinismo inédito, reclama la conducción del país como si se tratara de un derecho perpetuo. Que no les quepa duda: el presidente del Senado masista no encarna juventud renovadora, sino el resurgimiento de una izquierda absolutista, autocrática, intolerante y excluyente. Dicho de otra forma: el remozamiento del látigo socialista. Con él recaeríamos en el pantano de mandatarios abusivos que llevaron a Bolivia a niveles históricos de corrupción y dejaron el país sin divisas, sin hidrocarburos, una inflación galopante, instituciones prostituidas y recursos naturales devastados. Andrónico presidente sería el ingreso triunfal a la negra noche chavista/ cubano/ orteguista.
Es evidente que al socialismo del siglo XXI boliviano no le queda más que congregarse en torno a un líder “hecho a medida” por Álvaro García Linera, el gurú ideológico del masismo. El llamado pacto de unidad de la izquierda populista, fundada en una supuesta ideología de justicia social, se ha transformado en un proyecto de supervivencia visceral, sostenido en buena parte por el voto oculto, el de los empleados públicos y el “empujoncito” del oficialismo. No sería extraño que el TREP se interrumpiera como ha ocurrido en anteriores elecciones y el deslavado Andrónico fuera declarado ganador de los comicios presidenciales. ¡Zas cholita y sanseacabó! Lo cual significaría el ingreso del país al infierno de Dante.
Mientras tanto, la oposición corre un riesgo inmenso. La cordura cívica debería imponerse por encima de los intereses personales. Samuel Doria Medina y Tuto Quiroga juegan a la ruleta rusa, y el proyectil podría estallarnos en la sien si no logran unirse o negociar. Como no hay poder humano que los empuje a ello, la ciudadanía tendrá que obrar el milagro: decidir por ellos, cerrando filas alrededor del candidato de oposición que, según las encuestas, tenga un punto más que el resto. De esa forma, se podría alcanzar el 40 % de la votación en la primera vuelta.
El voto útil debe ser la consigna. La única manera de salvarnos es romper la preferencia personal en favor de la salud mental, social y financiera de un Estado al borde del abismo.
El próximo presidente deberá enfrentar una hecatombe económica, pensar en los más desposeídos, recuperar el futuro, penalizar la corrupción y dejar atrás el odio sembrado por el MAS. Blindadas las instituciones se convertirán en nuestra fortaleza democrática. Como sociedad, tenemos que recuperar la dignidad, la fe en los principios. Hermanados, resurgiremos de las cenizas.
Amén.