Hay palabras, hay frases, cuyo sentido solo es posible intentar traducir según el referente más próximo que tengamos porque en verdad no tienen traducción. Sucede con “saudade”, esa bella palabra del portugués que equivale, digamos, a nuestro “amartelo”. Más que extrañamiento, vacío o falta de la presencia o el amor de alguien, sería entrañamiento, un profundo sentir del alma pero además algo musical. Digo yo. Lo mismo sucede con esta hermosa frase en quechua: “anchatapuni munakuyki” que, en lenguaje sencillo significa “te quiero mucho”, aunque en su idioma original es mucho más que eso.
Anchatapuni munakuyki es lo que tanta falta nos hace para recuperar la humanidad. Pienso en dimensiones absurdas (Gaza, Irán, Croacia) y también cotidianas, más absurdas aún, protagonizadas, por ejemplo, por mineros de la COB o por el propio binomio presidencial, Paz-Lara. Un asunto, dicho sea de paso, muy masculino, casi primario.
Será que Guillermo Arriaga tiene razón. Escritor mexicano, guionista de películas enormes como Amores perros o Babel, dice Arriaga que El hombre (así titula su más reciente libro) es más bien esa bestia que fuimos al inicio de todos los tiempos y que nuestra naturaleza fue y será devorar al prójimo si es necesario porque el instinto de supervivencia es la ley primigenia.
Hay, sin embargo, historia y milagro. Los milagros parecen estar escritos en femenino, siempre vinculados a lo bueno amoroso, cóncavo y generoso, que cuando menos intenta equilibrar la balanza. Y la historia, que, como nos recuerda Yuval Harari, dice que somos humanos por el sentido comunitario, por nuestra capacidad de elaborar relatos que nos cohesionan. Es decir, por nuestra capacidad de empatía que, quien sabe, anchatapuni munakuyki, en una de esas nos lleva a recuperar nuestra humanidad.
Para ello, habrá que ponerle ganas. Muchas ganas. Más todavía, amor. Pues como bien sabemos, el amor “aparece” cual milagro, pero también se cultiva y crece. Hagamos entonces agronomía del amor con esa bella palabra quechua: (tomado de Wikipedia)
• Ancha: Mucho, bastante, muy.
• Puni: Realmente, de verdad, muchísimo (intensificador).
• Munakuyki: Te quiero, te amo (del verbo munay, querer/amar).
En el amor, no hay mucho más que decir. Pero ¿podríamos desear semejante cosa para la vida cotidiana o, mejor, para la vida política? ¿Podríamos pedir a esos Hombres que ahora mismo se devoran unos a otros, que pongan en jaque aquella humanidad bestial y se deshagan en pedazos -ancha, puni- para hacer del munakuyki una mínima capacidad de empatía? ¿Podríamos pedir un milagro?
Para el absurdo mayor de las grandes ligas, me temo que ni un milagro será suficiente y que Arriaga tiene evidencia suficiente. Para nuestro propio absurdo, sería bueno que cuando menos la dupla presidencial intente el munakuyki, no entre ellos, claro está, sino con el país.