Bolivia se encuentra en un punto de inflexión. En un contexto económico desafiante, el turismo emerge como una de las industrias con mayor capacidad para dinamizar la recuperación, diversificar la economía y fortalecer el tejido social. Y en el centro de ese horizonte, Santa Cruz late con fuerza: una región que combina visión empresarial, hospitalidad natural e impulso innovador para abrir nuevas rutas hacia el futuro del turismo boliviano.
El departamento concentra una parte significativa del flujo turístico nacional, con un crecimiento cercano al 10% anual en llegadas y una infraestructura hotelera y de servicios que se expande al ritmo de su economía. Pero detrás de las cifras hay algo más profundo: la consolidación de un modelo de turismo que combina tradición con modernidad, emprendimiento con sostenibilidad, identidad local con apertura global. Desde los valles y misiones jesuíticas hasta los grandes eventos internacionales, Santa Cruz ofrece una narrativa viva de diversidad, innovación y encuentro.
El turismo, además, es una herramienta de integración nacional. Une regiones, genera empleo para jóvenes y mujeres, impulsa pequeñas economías locales y proyecta la imagen de Bolivia ante el mundo. Sin embargo, para que ese potencial se traduzca en desarrollo sostenible, no basta con infraestructura ni promoción. Se requiere articulación. La verdadera transformación ocurre cuando los sectores público y privado comprenden que el éxito no depende de esfuerzos aislados, sino de una visión compartida.
En ese sentido, Santa Cruz está marcando un rumbo. Hoy, CAINCO, el Santa Cruz Convention & Visitors Bureau, la Cámara Departamental de Hotelería, la Cámara Gastronómica y la Asociación Boliviana de Agencias de Viajes y Turismo (ABAVYT) impulsan una alianza estratégica sin precedentes, orientada a fortalecer la competitividad del destino y promover un turismo sostenible e inclusivo. Este trabajo colaborativo busca posicionar a Santa Cruz no solo como un destino de paso, sino como un referente regional de turismo de negocios, eventos y convenciones, un segmento que representa cerca del 25 % del movimiento turístico global y genera impactos económicos multiplicadores en transporte, gastronomía, cultura y servicios.
La institucionalización de esta cooperación intersectorial es, quizá, el paso más relevante hacia un modelo de gobernanza turística moderno y eficiente. Un “ecosistema de turismo organizado”, capaz de planificar, atraer inversiones, mejorar la calidad del servicio y fortalecer la imagen internacional de Bolivia. Porque solo una voz unificada —una que hable desde la visión compartida y la acción coordinada— puede proyectar al país en el mapa mundial de los destinos emergentes.
Santa Cruz tiene el talento, la energía y la visión para liderar este proceso. Su espíritu emprendedor, su capacidad organizativa y su cultura de hospitalidad la convierten en un faro para el turismo nacional. Desde su geografía diversa hasta su dinamismo empresarial, todo en esta tierra habla de oportunidades.
El momento es ahora. Bolivia necesita mirar al turismo como un motor de desarrollo sostenible, generador de empleo, identidad y orgullo. Y ese motor —con fuerza, constancia y visión de futuro— ya está en marcha.