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El reto educativo: preparar a los estudiantes para sobrevivir emocionalmente

Miércoles, 31 de diciembre de 2025 a las 12:38

 

Ronald Tapia, coinvestigador del Instituto Nacional de Investigación de Salud y Atención LATAM Bolivia, enfatiza la importancia de cuidar la salud mental. Para ello, propone transformar la educación en etapa escolar para que absorba estas enseñanzas.

La creciente ola de depresión, ansiedad, burnout y problemas emocionales ha puesto al sistema educativo frente a un desafío impostergable, incorporar la educación emocional como parte fundamental del aprendizaje. Niños y jóvenes enfrentan presiones cada vez más intensas y tempranas, por lo que urge que escuelas y universidades les brinden herramientas necesarias para gestionar sus emociones y proteger su bienestar mental.
“Trabajar el tema de la salud mental en los colegios, la universidad o en la comunidad es importante para prevenir desenlaces fatales. Ayuda también a que la persona tenga una mejor calidad de vida, porque la salud mental no solamente es ver cosas que no existen o escuchar cosas raras, es poder expresar las capacidades funcionales al máximo”, señaló Ronald Tapia, coinvestigador del Centro Instituto Nacional de Investigación de Salud y Atención LATAM Bolivia.

Una ola emocional que llegó para quedarse

Tras la pandemia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que después del COVID-19 el mundo enfrentaría una nueva crisis, un aumento explosivo de trastornos afectivos. Una post pandemia. 
“Estamos viviendo una pandemia de depresión y ansiedad. Estas enfermedades, ahora, se encuentran entre las más prevalentes a nivel mundial. Incluso llegan a equipararse en impacto con las enfermedades cardiovasculares”, indica Tapia.
Señala que cada cuatro segundos una persona se suicida en algún lugar del mundo. Esta realidad, sostiene, desmonta la idea de que los problemas emocionales son secundarios o “menos graves”. Lo alarmante es que la edad de inicio se ha reducido de manera dramática.
“En este momento tengo internados pacientes que han intentado suicidarse a los diez años”, afirma. “Esto nos abre los ojos. Cada vez los trastornos emocionales aparecen más temprano”.

Escuelas frente a un desafío 

Desde hace años, los especialistas advierten que el sistema educativo latinoamericano no prepara a los estudiantes para manejar sus emociones. Los currículos están llenos de contenidos teóricos, pero casi no incluyen herramientas para enfrentar estrés, ansiedad, frustración, presión social o inseguridad personal.
“En nuestra generación nunca nos enseñaban a gestionar emociones. Aprendíamos contenidos que nunca más usamos, pero nada sobre manejar el estrés o la ansiedad. Hoy sabemos que esto es fundamental”, asevera Tapia.
En su reflexión sostiene que la educación emocional ya no puede ser un complemento, sino un pilar. En Bolivia, algunos colegios comienzan a incluirla, pero el proceso avanza lentamente y de manera desigual.
La evidencia muestra que cuando las escuelas incorporan programas de bienestar emocional, disminuyen los conflictos escolares, mejora la convivencia y se reducen los problemas de salud mental, incluyendo el riesgo de suicidio juvenil. Pero los docentes aún enfrentan un obstáculo y es que ellos tampoco recibieron formación emocional.

Niños y jóvenes en un entorno saturado de presión

El especialista advierte que la exposición temprana a redes sociales está amplificando los problemas emocionales en edades cada vez más cortas. “Los niños tienen acceso a demasiada información sin filtros. No siempre podemos controlar aquello que consumen”, explica. A esto se suman las presiones de encajar socialmente en la escuela o en la universidad.
A los 18 o 20 años -etapas en que la personalidad todavía se está formando- los jóvenes lidian simultáneamente con exigencias académicas, expectativas familiares, algoritmos que moldean su percepción de sí mismos y una constante comparación social.
El resultado es una mezcla explosiva sin herramientas para desactivarla. Por eso Tapia insiste en que la educación emocional no puede limitarse al aula. “Es un trabajo que empieza en los hogares, sigue en el colegio y se refuerza en la universidad”.

Romper el estigma para avanzar

La salud mental todavía carga con un peso histórico del estigma. Durante más de 40 años se habla de la necesidad de romperlo, y para lograrlo, Tapia señala que, en esa labor, los medios de comunicación y la educación digital cumplen un rol esencial.
“Buscar ayuda no es una señal de debilidad, es una señal de responsabilidad”, afirma.
Pero reconoce que este mensaje no llegará lejos si lo comunican únicamente los especialistas. La articulación entre medios, escuelas, universidades, familias y servicios de salud es clave para que la sociedad entienda que la salud mental es parte integral de la vida cotidiana.
La gran transformación pendiente del sistema educativo boliviano y latinoamericano consiste en reconocer que no hay salud sin salud mental. Educar emocionalmente a un estudiante es prepararlo no solo para aprobar un examen, sino para ser un buen hijo, un buen padre, una buena pareja, un buen profesional.
El arte, la cultura, la identidad y las redes de apoyo comunitario -elementos fuertemente enraizados en el contexto boliviano- pueden convertirse en aliados poderosos para sanar, acompañar y fortalecer. 
En palabras del doctor Tapia: “Arraigarse a nuestra cultura, a nuestra familia y a nuestra sociedad es un factor de protección”.
 

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