Pensar en el futuro no es un ejercicio de adivinación ni una fantasía reservada a la ciencia ficción. Es, ante todo, una herramienta concreta para tomar mejores decisiones hoy.
Así lo sostiene Guillermo Gándara, director ejecutivo de la Red Iberoamericana de Prospectiva (RIBER) y especialista en prospectiva estratégica, una disciplina poco conocida en Bolivia, pero cada vez más necesaria en contextos de cambio acelerado, incertidumbre y crisis globales.
“La prospectiva estratégica es una disciplina científica dentro de las ciencias sociales que se dedica a la exploración de los futuros en cualquier temática y dimensión”, explica Gándara, quien participó en el Futures Week 2025 organizado por la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).
Su alcance es amplio y flexible, ya que puede aplicarse a decisiones personales, familiares, comunitarias, urbanas, nacionales o incluso planetarias. También permite analizar futuros posibles en áreas como la educación, la política, la tecnología, el medio ambiente o las ciudades.
La prospectiva estratégica no se queda en la proyección de escenarios lejanos. Su verdadero valor está en el impacto que genera en el presente.
“Es la disciplina científica que nos permite adentrarnos en el futuro con el propósito de volver al presente, transformarlo y tomar las decisiones para dirigir nuestro actuar hacia un futuro deseado”, afirma Gándara.
Este enfoque convierte al futuro en una herramienta de trabajo. Lejos de paralizar, la incertidumbre se transforma en un insumo para planificar, anticipar riesgos y construir alternativas. En términos estratégicos, la prospectiva permite identificar oportunidades, alertar sobre amenazas y orientar políticas públicas, proyectos educativos y decisiones colectivas con una visión de largo plazo.
Inteligencia colectiva y consenso como pilares
Uno de los principios centrales de la prospectiva estratégica es la construcción de inteligencia colectiva. A medida que el análisis deja el plano individual y pasa al ámbito de una ciudad, un país o una región, el diálogo se vuelve imprescindible.
“En la prospectiva lo que se busca es el diálogo y la comunicación en todas las etapas del proceso, desde el diagnóstico hasta los planes de acción”, señala el especialista.
El consenso es clave, no como imposición, sino como resultado de procesos colaborativos. Redes de trabajo, think tanks y asociaciones especializadas permiten articular miradas diversas.
Un ejemplo concreto es la Red Iberoamericana de Prospectiva (RIBER), que agrupa a más de 200 miembros en Latinoamérica y trabaja de manera colaborativa aprovechando las plataformas tecnológicas para analizar tendencias, compartir ideas y proponer escenarios de futuro
Estudios que convierten el futuro en acción
La prospectiva estratégica ya ha dado resultados tangibles. Uno de ellos es el estudio Latinoamérica 2050, presentado hace dos años, que plantea distintos escenarios para la región.
“Generamos escenarios de futuro para Latinoamérica y propusimos una serie de acciones. Es un proyecto vivo”, destaca Gándara.
Otro ejemplo es la publicación El Estado del Futuro 20.0, resultado de un trabajo colaborativo global impulsado por el Millennium Project, un think tank internacional que desde 1997 analiza los principales desafíos de la humanidad.
Esta edición evalúa 15 grandes temáticas globales, entre ellas el cambio climático, la educación, la ciencia y la tecnología, la ética pública, la salud, el acceso al agua y el crimen organizado transnacional.
Inteligencia artificial, robótica y nuevos dilemas
La edición 20.0 incorpora un elemento inédito: el análisis de escenarios futuros vinculados a la inteligencia artificial y la robótica. “Es la parte novedosa que no se había estudiado en los 19 volúmenes anteriores”, explica Gándara.
Los escenarios proyectan el impacto de estas tecnologías hasta 2045 y 2050, abriendo debates éticos, sociales y económicos que ya interpelan a gobiernos, universidades y ciudadanos.
Además, el informe incluye metodologías desarrolladas para Naciones Unidas y la iniciativa del Día Mundial de los Futuros, que cada 1 de marzo promueve conversaciones globales sobre el porvenir, durante 24 horas consecutivas, siguiendo el recorrido de los husos horarios del planeta.
Razones para un optimismo responsable
Hablar del futuro suele generar temor, pero la prospectiva estratégica también ofrece razones para la esperanza. “Sí, tenemos razones para estar optimistas”, sostiene Gándara.
El Estado del Futuro 20.0 presenta un balance de factores que muestran avances en reducción de la pobreza, mayor participación de las mujeres en espacios de decisión y una humanidad cada vez más conectada.
Al mismo tiempo, persisten desafíos críticos como la calidad de la democracia, la transparencia institucional y la desigualdad en el acceso a la salud. Reconocer estas tensiones es parte del ejercicio prospectivo: no para resignarse, sino para actuar con mayor conciencia y responsabilidad.
Mirar el futuro, desde la prospectiva estratégica, es asumir que las decisiones de hoy construyen el mañana. No se trata de esperar lo que vendrá, sino de participar activamente en su diseño. Porque el futuro no se predice: se trabaja, se dialoga y se transforma desde el presente.