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Errar para aprender: el valor pedagógico de fallar en la enseñanza

Miércoles, 13 de agosto de 2025 a las 06:05

 

Este enfoque no es exclusivo del ámbito psicológico. Algunas universidades, como Hamilton College en Estados Unidos, han comenzado a implementar programas que integran el error como parte del proceso formativo

“Fracasar de nuevo, fracasar mejor”. Esta frase del escritor irlandés Samuel Beckett encierra una verdad muchas veces ignorada en las aulas: aprender implica equivocarse. Sin embargo, en entornos educativos donde predomina la presión por el rendimiento, el error suele entenderse como un signo de debilidad o incompetencia. 

“Todos nos equivocamos. Incluso los animales aprenden por ensayo y error. Si uno no se equivoca y fracasa, no hay aprendizaje”, explica Tatiana Montoya, docente de la carrera de Psicología de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz, para quien errar es una herramienta pedagógica poderosa.

Montoya agrega que, lo importante es crear espacios donde las equivocaciones no se castiguen, sino que se analicen, se comprendan y se transformen en estrategias de mejora. La psicóloga plantea que el fracaso tiene múltiples beneficios cuando es bien gestionado: estimula la resiliencia, promueve la humildad y fomenta la empatía.

“Aquellos que han experimentado fracasos y han perseverado están mejor equipados para manejar los altibajos de la vida”, sostiene y añade que “el éxito rara vez es un camino directo. Grandes inventores, científicos, artistas y empresarios han enfrentado fracasos significativos. Su capacidad para aprender de estas experiencias y perseverar es lo que los distingue”.

Pero también aclara que no basta con tropezar. Aprender del error requiere un proceso cognitivo de autorregulación. 

“Debemos darnos cuenta de dónde cometimos el error, corregirlo, organizarnos, planificar y ejecutar la tarea de manera diferente hasta encontrar la solución precisa. Eso se llama autoeficacia”. En otras palabras, según Montoya, equivocarse puede ser educativo solo si va acompañado de reflexión, análisis y acción consciente.

El fracaso como método educativo

Este enfoque no es exclusivo del ámbito psicológico. Algunas universidades, como Hamilton College en Estados Unidos, han comenzado a implementar programas que integran el error como parte del proceso formativo. 

Bajo el lema “Failing better” (fallar mejor), esta institución ha diseñado una campaña institucional que busca normalizar el fracaso y reducir la ansiedad entre los estudiantes de la Generación Z.

A través de tutorías, concursos, charlas y contenidos específicos, el programa promueve una cultura académica donde el error no es visto como una falla moral, sino como un paso hacia el aprendizaje profundo y significativo.

Desde la experiencia clínica y pedagógica, Montoya identifica cinco grandes beneficios que el error bien gestionado puede aportar al proceso educativo:

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