Retomar los estudios después de años de haber dejado el aula, equilibrar la maternidad con la universidad o avanzar en una carrera profesional desde una silla de ruedas eran, para muchos, metas difíciles de concretar. Sin embargo, la educación online y semipresencial ha cambiado esa ecuación, ofreciendo una alternativa real para quienes necesitan compatibilizar formación académica con trabajo, familia o condiciones particulares de movilidad.
Jacqueline Apala, de 34 años, es madre de dos hijos y decidió volver a estudiar tras 15 años alejada de la vida académica. El principal obstáculo no fue económico ni logístico, sino emocional. “Más que todo mi miedo era que tal vez la agilidad mental no me iba a dar. Uno sale del colegio fresco para continuar estudiando, pero 15 años después pensé que tal vez no iba a poder”, recuerda.
La experiencia fue distinta a lo que imaginaba. “No fue el caso, todos podemos, no importa la edad”, afirma convencida. La modalidad semipresencial le permitió organizar su tiempo, asistir a talleres y complementar clases virtuales con encuentros presenciales. “Me gusta mucho la modalidad, me ayuda bastante a organizar mis tiempos”, explica.
En su caso, la decisión de estudiar Ingeniería Comercial en Unifranz Online también tiene una proyección clara hacia el futuro. Se siente atraída por el e-commerce y las posibilidades de comercio entre departamentos e incluso a nivel internacional. “Tenemos mucha variedad para escoger como usuarios y no me imagino lo que podría ser ya a nivel internacional”, señala, mostrando cómo la formación no solo amplía conocimientos, sino también la visión de mercado.
Para Nancy Tapia Bustos, madre de ocho hijos, el desafío era aún mayor. Durante años, la imposibilidad de asistir a clases presenciales la mantuvo lejos de la universidad. “Por el tema de que tenía muchos hijos y muchas cosas que hacer”, explica. La educación online cambió esa realidad.
“Para mí es un sueño estar cada sábado aprendiendo”, dice con emoción. Estudiar Derecho en Unifranz Online no solo representa una meta personal, sino una transformación integral. “Mi vida ya cambió desde el preciso momento en que entré a la universidad”, asegura. El impacto no se limita al aula: “Solo el hecho de decir que estoy estudiando Derecho me ha abierto muchas puertas”.
Su testimonio revela uno de los principales beneficios de la educación flexible: la posibilidad de que madres y padres de familia accedan a la formación superior sin abandonar sus responsabilidades. Nancy destaca además el apoyo de sus hijos, quienes celebran su decisión de superarse.
En el caso de Luis Eduardo Hinojosa, de 31 años, entrar a Unifranz Online significó eliminar barreras físicas. Usuario de silla de ruedas, encontró en el sistema semipresencial una estructura adaptada a sus necesidades. “Para mí se acomodó bastante, solo vengo los sábados a clases. Lo demás es mediante plataforma, puedes acomodar tus horarios durante la semana”, explica.
Para él, la flexibilidad no es solo una ventaja, sino una condición necesaria para continuar su formación en Publicidad y Marketing. “Hay tiempo para todo, la idea es acomodarse”, afirma. El acceso a materiales en distintos formatos —PDF, audiolibros y videos— facilita su aprendizaje. “Podemos leer escuchando las lecciones, los videos son muy buenos, es muy fácil y entendible”, detalla.
Más allá de la metodología, el efecto es tangible en su vida profesional. “Estoy contento, feliz porque estoy progresando, realizando un sueño y todo lo que he aprendido lo plasmo en mi negocio”, sostiene. Desde su experiencia, envía un mensaje directo: “Desde mi situación yo la estoy haciendo y sé que muchas personas la pueden lograr”.
Las historias de estos estudiantes evidencian ventajas concretas de estudiar en Unifranz Online: flexibilidad horaria, acceso a contenidos multimedia, equilibrio entre vida familiar y estudio, inclusión para personas con discapacidad y aplicación inmediata de conocimientos en emprendimientos o trabajos actuales.
Además, el modelo semipresencial combina el autoaprendizaje con espacios de interacción. Los talleres presenciales, mencionados por los protagonistas, se convierten en instancias de intercambio y refuerzo práctico. Esa combinación fortalece la disciplina personal sin eliminar el acompañamiento docente ni el sentido de comunidad.
Otro elemento común es la transformación emocional. Retomar los estudios no solo mejora expectativas laborales, sino que fortalece la autoestima y redefine proyectos de vida. Jacqueline venció el miedo a “no poder”; Nancy convirtió un sueño postergado en una realidad concreta; Luis Eduardo transformó una posible limitación en un impulso para crecer.
En un país donde muchas personas comienzan a trabajar a temprana edad o priorizan la familia, la educación online aparece como una segunda oportunidad. No exige abandonar responsabilidades, sino reorganizarlas. No impone horarios rígidos, sino que se adapta a ellos. No excluye por edad, maternidad o discapacidad, sino que integra.
Las experiencias de estos protagonistas muestran que el principal cambio no ocurre únicamente en el ámbito académico, sino en la percepción personal de lo que es posible. La universidad deja de ser un espacio reservado para quienes tienen tiempo completo y se convierte en una herramienta accesible para quienes deciden encontrar el momento.
En definitiva, la educación online no solo entrega contenidos; habilitas oportunidades. Y en cada historia se repite una idea central: cuando la formación se adapta a la vida real, estudiar deja de ser un privilegio y se convierte en una meta alcanzable.