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Educar para cuidar: la formación que transforma la salud y el bienestar colectivo

Miércoles, 29 de octubre de 2025 a las 14:44
Carlos Gómez Restrepo, decano de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia e investigador principal del NIHR Latam

La calidad educativa no puede medirse solo por sus resultados académicos, sino también por la capacidad de formar personas saludables y equilibradas, principalmente en el área de las ciencias de la salud.

La formación académica, la investigación científica y la responsabilidad social son pilares esenciales para construir una educación con propósito, asegura Carlos Gómez Restrepo, decano de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia e investigador principal del NIHR Latam, quien visitó Bolivia en el marco de la presentación del Comité de Ética en Investigación de Unifranz. 
Desde su experiencia, Gómez Restrepo reflexiona sobre el papel de las universidades en la promoción de la salud mental y el bienestar colectivo porque el desafío de la educación superior está en conectar el conocimiento con la acción y en transformar los resultados de la investigación en beneficios reales para las personas. 
“Cuidar al otro significa compartir lo que sabemos, hacerlo de la mejor manera posible, buscar constantemente cómo aplicar ese conocimiento para hacer el bien. La investigación está profundamente ligada a la medicina y a las ciencias de la salud; no puede existir un médico que no se cuestione, que no se pregunte cómo mejorar algo. Ese acto de cuestionarse ya es una forma de investigación, de creación”, explica el académico. 

Salud mental: una prioridad educativa y social

Gómez Restrepo reconoce que la pandemia por la COVID-19 marcó un antes y un después en la percepción sobre la salud mental. 
“A raíz de la pandemia las manifestaciones de lo mental empezaron a verse más claramente”, comenta. Antes del confinamiento, estudios realizados en Colombia mostraban que un 10% de los jóvenes presentaban síntomas de ansiedad o depresión; durante el aislamiento, esa cifra se multiplicó. “Pasamos de uno de cada diez a seis de cada diez jóvenes con dificultades emocionales”, recuerda.
Para el especialista, esta realidad obliga a repensar el rol de las universidades. “La educación no es responsable de la salud mental, pero sí de promover el bienestar y la salud emocional de los estudiantes”, afirma. 
La calidad educativa, subraya, no puede medirse solo por sus resultados académicos, sino también por la capacidad de formar personas saludables y equilibradas, principalmente en el área de las ciencias de la salud.
Por ejemplo, según el investigador principal del Centro NIHR Latam, en la Facultad de Medicina de la Javeriana, esta convicción se traduce en acciones concretas. Han incorporado una asignatura llamada Eudaimonia, que enseña técnicas de relajación, comunicación y manejo del estrés. 
“Somos, hasta donde conozco, la segunda facultad de Medicina en el mundo en implementar una materia dedicada al bienestar emocional del estudiante”, explica Gómez Restrepo.

Del laboratorio al aula: llevar la investigación a la gente

Uno de los grandes retos de la academia latinoamericana, señala el investigador, es lograr que la investigación científica tenga un impacto tangible en la sociedad. “Hacemos mucha investigación que termina publicada en artículos, pero pocas veces llega a la gente”, reflexiona.
Frente a esa brecha, el equipo del Centro NIHR Latam, un programa financiado por el Instituto Nacional para la Investigación y Atención en Salud (NIHR), liderado por la Queen Mary University de Londres, en alianza con Unifranz (Bolivia), la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia) y la Universidad Rafael Landívar (Guatemala) que promueve una investigación ética, rigurosa y de vanguardia para la región, impulsa los llamados estudios de implementación, que buscan aplicar en la práctica los hallazgos científicos sobre salud y bienestar. “Se trata de llevar lo que ya sabemos que funciona al día a día de las personas”, aclara el experto colombiano.


Menciona que próximamente se pondrá en marcha en Bolivia el proyecto Diada, enfocado en la investigación de dos trastornos mentales: la depresión y la ansiedad. Esta iniciativa brindará la oportunidad a un gran número de pacientes que padecen estas condiciones de acceder a tratamientos que les permitan mejorar su bienestar o alcanzar su recuperación.
“Sabemos que existen intervenciones muy eficaces, pero no siempre se aplican. Este estudio busca lograr que los profesionales de salud las integren efectivamente en su trabajo cotidiano”, señala. La idea es que el conocimiento no se quede en los libros, sino que transforme vidas.

Universidades con propósito

Para Gómez Restrepo, las universidades deben comprometerse activamente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que dan lineamientos claros sobre áreas prioritarias, como salud mental, eliminación de la pobreza, reducción de desigualdades. “Son guías fundamentales para orientar la educación y la práctica profesional”, sostiene.
En su visión, la formación académica no puede desligarse de la ética ni de la responsabilidad social. Los futuros médicos y profesionales de la salud deben comprender que su labor está profundamente ligada al bienestar colectivo. 
“Tenemos que cuidar al otro y cuidarnos a nosotros mismos. Llevar lo que sabemos a los demás, implementarlo y mejorarlo constantemente es también una forma de investigar”, puntualiza.
La investigación aplicada y la responsabilidad social universitaria son, según el académico, dos caras de una misma moneda. Ambas buscan traducir el conocimiento en soluciones concretas que fortalezcan la salud pública y el desarrollo humano sostenible.
Desde su perspectiva, la universidad tiene la responsabilidad de enseñar a los jóvenes a pensar en los demás, a construir comunidad y a poner la ciencia al servicio de la sociedad. “El liderazgo en salud no se mide por los títulos, sino por el impacto que generamos en la vida de las personas”, resume.
Finalmente, Gómez Restrepo deja la certeza de que formar, investigar y servir no son caminos separados, sino una misma ruta hacia una educación con propósito. Una educación que enseña a curar, pero también a cuidar, que forma científicos con empatía y profesionales con conciencia.
 

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