Con la llegada de la temporada de lluvias, el riesgo de contraer enfermedades transmitidas por mosquitos vuelve a ocupar un lugar central en la agenda sanitaria de América Latina. Entre ellas, el chikungunya —un virus transmitido por el mosquito Aedes aegypti— representa una amenaza creciente debido a su rápida propagación, su relación directa con el cambio climático y, sobre todo, por el impacto que puede tener en la calidad de vida de quienes lo padecen. Aunque no suele ser mortal, el dolor articular intenso y prolongado que provoca convierte a la prevención en la herramienta más efectiva para enfrentarlo.
“Durante la temporada de lluvias aumentan los casos de ciertas enfermedades, las más relevantes son el dengue, el zika y la chikungunya, debido a la proliferación de mosquitos en aguas estancadas”, advierte el médico Froilán Mamani, docente de la carrera de Medicina en la Universidad Franz Tamayo (Unifranz). El especialista subraya que la combinación de humedad, temperaturas cálidas y acumulación de agua crea el escenario perfecto para el ciclo reproductivo del mosquito vector.
El chikungunya se transmite cuando una persona es picada por un mosquito infectado. Este insecto aprovecha cualquier recipiente con agua limpia para depositar sus huevos: desde tanques y baldes hasta tapas de botellas o cáscaras de huevo. Una vez infectado, el mosquito puede transmitir el virus a varias personas, lo que explica la velocidad con la que pueden aparecer brotes en zonas urbanas y periurbanas.
Desde el punto de vista preventivo, los especialistas coinciden en que la clave está en interrumpir el ciclo de vida del mosquito. Eliminar criaderos de agua estancada, tapar recipientes de almacenamiento, limpiar patios y canaletas, y desechar correctamente residuos que acumulen agua son acciones simples, pero decisivas. A ello se suma la protección personal: uso de repelente, mosquiteros, ropa de manga larga y especial cuidado durante el amanecer y el atardecer, cuando el Aedes aegypti es más activo.
“El mosquito se ha adaptado a nuevas áreas geográficas; no son cifras extremas todavía, pero es un patrón que debe llamar la atención”, sostiene Mamani. Investigaciones recientes citadas por Unifranz señalan que este vector ha ampliado su rango territorial, alcanzando zonas que antes se consideraban libres de estas enfermedades. El cambio climático, la urbanización desordenada y la movilidad humana aceleran este proceso, aumentando el riesgo incluso en regiones de mayor altitud.
El chikungunya se manifiesta principalmente con fiebre alta de inicio súbito y un dolor articular intenso, sobre todo en manos, pies, rodillas y muñecas. A diferencia de otras enfermedades transmitidas por mosquitos, este dolor puede prolongarse durante meses o incluso años, afectando la capacidad laboral y la vida cotidiana de los pacientes. Por ello, los médicos recomiendan no subestimar los síntomas y acudir de inmediato a un centro de salud, evitando la automedicación.
Bolivia: prevención urgente en un escenario de riesgo creciente
En Bolivia, el escenario exige especial atención. Las lluvias intensas, sumadas a condiciones climáticas cada vez más variables, han favorecido la proliferación del Aedes aegypti en regiones donde antes su presencia era limitada. Departamentos como Santa Cruz, Beni, Pando y zonas tropicales de La Paz y Cochabamba concentran el mayor riesgo, aunque expertos advierten que los valles interandinos y áreas urbanas de altura ya no están exentos.
Desde la academia, Unifranz ha insistido en que la prevención debe comenzar en los hogares. “Eliminar aguas estancadas, usar repelentes y mosquiteros, y no tomar a la ligera la enfermedad son medidas fundamentales”, recalca Mamani. A estas acciones se suma la educación sanitaria como pilar para reducir contagios, ya que muchos brotes se agravan por la falta de información y la consulta médica tardía.
Además, iniciativas académicas desarrolladas en Unifranz, como la creación de repelentes naturales a base de citronela, demuestran que las soluciones locales pueden complementar las estrategias tradicionales de prevención, especialmente en comunidades con acceso limitado a productos industriales.
Frente a un mosquito que se adapta con rapidez, la respuesta más eficaz sigue siendo anticiparse. La prevención del chikungunya no depende únicamente de campañas de fumigación, sino de la acción cotidiana de la población, el acceso a información confiable y la articulación entre autoridades sanitarias, universidades y ciudadanía. En un contexto climático cada vez más desafiante, cuidar el entorno y protegerse de las picaduras ya no es una recomendación estacional, sino una necesidad permanente.