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La encuesta de Claure

Miércoles, 04 de diciembre de 2024 a las 23:00

Por Redacción

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Irving Alcaraz  

La encuesta financiada por el empresario Marcelo Claure, puesta en conocimiento de los bolivianos hace pocos días, ha provocado un considerable revuelo.

   No es para tanto.

   Como toda encuesta, sus resultados no han hecho otra cosa que poner al descubierto los problemas del país que los bolivianos consideran más importantes en este momento, así como el grado de aceptación o rechazo que despiertan en nuestra sociedad determinados candidatos.

   Eso es todo.

   Críticas interesadas, malintencionadas o de buena fe, siempre van a existir, pero la experiencia universal nos enseña que ninguna encuesta, por sí misma, cambia la orientación del voto. Si así fuera, hoy tendríamos a Kamala Harris haciendo antesala en la Casa Blanca, y no a Donald Trump.

   Las encuestas sirven sobre todo a los potenciales candidatos para que éstos pisen tierra, corrijan el rumbo, y dejen de volar en alas de una exagerada autoestima.   

   En consecuencia, quienes se sienten afectados por la encuesta de Claure, es decir los candidatos que no figuran en lugares privilegiados de la lista, o directamente no figuran en ella, pueden estar seguros de que eso no ha liquidado sus posibilidades. Gonzalo Sánchez de Lozada fue candidato a la presidencia en tres oportunidades: las ganó todas. En la primera partió con menos de 10 puntos de preferencia y en la tercera pasó a la cabeza solo en las últimas dos semanas. Fue favorito solo en la segunda.

   El ejemplo vale también para quienes ocupan hoy los primeros lugares. No tienen garantía de nada. Están ahí porque han estado haciendo adecuadamente su tarea, pero si cometen errores, como los que notoriamente han estado cometiendo últimamente, pueden perder fácilmente esos lugares.

   Una campaña electoral es como jugar ajedrez contra varios contrincantes al mismo tiempo. Simultáneas. Esto quiere decir que la victoria depende no solo de lo que uno haga, sino también de lo que hagan los demás. Por lo tanto, es un ejercicio complejo que requiere no solo de organización, recursos y un candidato capaz de enfrentar los mayores desafíos, sino también de instrumentos que ayuden a afinar la puntería. Antes, esos instrumentos se llamaban olfato. Hoy se llaman estudio de opinión. Y quizás el más importante de esos estudios sea la encuesta.   

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