La herencia económica que recibe el presidente electo Rodrigo Paz es la de un país exhausto. Según un informe elaborado por el economista Fernando Romero, Bolivia enfrenta una recesión prolongada, desequilibrios fiscales estructurales y una severa escasez de divisas, en medio de lo que define como “una economía en terapia intensiva”.
De acuerdo con los datos citados por Romero, el Producto Interno Bruto (PIB) cayó 1,1% en 2024 y 2,4% en el primer semestre de 2025. Los organismos internacionales, como la Cepal, el FMI y el Banco Mundial, prevén un crecimiento cercano a cero para 2026, con una economía que muestra signos de estanflación.
El déficit fiscal del sector público no financiero se situó en 10,2% del PIB en 2024 y podría cerrar 2025 en torno al 12%, mientras que la deuda pública —interna y externa— bordea el 90% del PIB, presionando al Tesoro General del Estado. “El nuevo gobierno deberá enfrentar el gasto estatal más alto de los últimos años, financiado con emisión monetaria y endeudamiento”, señala Romero.
La inflación acumulada hasta septiembre de 2025 llegó al 18,3%, con una tasa interanual del 23,3%, una de las más elevadas de Sudamérica. El economista advierte que el poder adquisitivo de las familias se redujo a la mitad en los últimos 12 meses, empujando a millones de personas a la informalidad, que ya alcanza al 80% de la fuerza laboral.
En el frente externo, las reservas internacionales netas del Banco Central cayeron 90% en la última década y hoy se ubican apenas en 3.226 millones de dólares, de los cuales menos de 100 millones son divisas líquidas. Esto equivale a solo 12 días de importación de carburantes, mientras la subvención a los combustibles superó los 2.000 millones de dólares en 2024 y sigue en ascenso.
Romero advierte que el deterioro energético es uno de los mayores retos. La producción de gas cayó 46% entre 2014 y 2024, y las exportaciones se redujeron 73%. “El riesgo de un colapso energético es real si no se reestructura el modelo hidrocarburífero”, alerta.
La inversión extranjera directa también se desplomó: en 2024 Bolivia captó apenas 247 millones de dólares, el 0,1% del total regional, lo que refleja la pérdida de confianza de los mercados. Fitch, Moody’s y S&P rebajaron la calificación soberana del país, mientras que JP Morgan mantiene a Bolivia como la segunda economía más riesgosa de la región, después de Venezuela.
Según Romero, con una pobreza que afecta al 40% de la población y necesidades básicas insatisfechas en siete de cada diez hogares, el panorama social agrega presión al nuevo gobierno.
“El reto inmediato de Rodrigo Paz será estabilizar un país recesivo, con inflación alta, sin dólares y con un aparato estatal sobredimensionado”, resume Romero. En sus palabras, la administración saliente deja una economía “sostenida a la fuerza por el gasto público, la deuda y la emisión de dinero”.