Damariz Daniela Revollo Con Bs 50 prestados y un solo metro de tela —del que sacó ocho prendas infantiles—, María Romero dio las primeras puntadas de lo que, tres décadas después, se convertiría en Leidy Fashion, una marca boliviana con presencia internacional que hoy produce más de 4.000 prendas al mes. Su historia no nació en una oficina ni en un taller moderno, sino en un cuarto de barro con techo de motacú, al lado de una vieja máquina Over a pedal —regalo de bodas de su padre—, con dos bebés en brazos y un esposo convaleciente tras un accidente. María es oriunda de K’asamonte, un pueblo de clima templado en Vallegrande. Sencilla, sonríe poco, tímida ante las cámaras, pero firme en el relato, recuerda entre lágrimas y sonrisas cómo la necesidad se convirtió en impulso. “Costuraba de noche, vendía de día ambulando en la antigua Ramada. Ganaba apenas Bs 2 por prenda. No había opción”, dice. Poco a poco, el esfuerzo rindió frutos. Hermógenes, su esposo, se recuperó y se unió al emprendimiento. Juntos cosían, caminaban vendiendo ropa y soñaban con un futuro más estable. Juntaron capital y consiguieron un pequeño puesto en la feria Barrio Lindo. Luego se sumaron cinco primas, cada una acompañada con sus hijos, todos costurando bajo el mismo techo improvisado. Allí, en medio de la precariedad, nació Leidy Fashion. Hoy, la marca cuenta con 10 sucursales en Santa Cruz, presencia en 36 puntos comerciales del país y exportaciones a Paraguay, Argentina, Brasil, Chile y Perú. Genera 35 empleos directos —diseñadores, estampadores, cortadores, sublimadores, repartidores y vendedores— y al menos 100 empleos indirectos, principalmente talleristas que participan en las fases clave de producción y acabado. La propuesta de Leidy Fashion se centra en la confección de ropa formal y elegante para damas, con énfasis en el detalle y la distinción. Pero el crecimiento no ha sido lineal. La coyuntura económica actual ha puesto a prueba a la empresa. “Esta crisis ha sido más dura que la pandemia”, admite María. “Importamos cierres, telas, botones, papel de sublimación... Todo subió. Pensé en cerrar”. Pero no lo hizo. En vez de rendirse, apostó por reinventarse. La marca se volcó a las redes sociales: transmisiones en vivo por TikTok, atención personalizada y un canal directo con sus clientas. Escucharlas le permitió ajustar su catálogo, diversificar diseños y mantenerse vigente. “No puedo cerrar. No es solo mi familia. Mis trabajadores también lo son. Ellos me dan fuerza para seguir”, asegura con voz firme. María no está sola. Hermógenes es el operador general, y sus hijos son parte clave del engranaje: Marileidy es gerente Comercial, Yordani lidera el área de ventas, Deybi gestiona operaciones y Pameli genera el contenido digital que conecta a la marca con nuevas generaciones. Todos tienen claro el rumbo: hacer crecer la marca y seguir generando empleo en Bolivia. Para quienes quieren emprender, María deja un mensaje claro: “No esperen un gran crédito para empezar. Empiecen con lo que tengan. Trabajen sin miedo y sin medir esfuerzos”. En tiempos donde la economía se tambalea y los costos suben, la historia de María y Leidy Fashion demuestra que, a veces, los hilos más resistentes no se ven… pero sostienen todo.