A casi cuatro décadas de la creación del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), el comercio internacional de Bolivia muestra una evolución marcada por avances significativos, pero también por persistentes debilidades estructurales que condicionan su desarrollo.
Gary Rodríguez, gerente general del IBCE, recordó que, cuando la institución fue creada, en 1986, en medio de una profunda crisis económica e hiperinflación, las exportaciones no tradicionales de Santa Cruz apenas alcanzaban los 40 millones de dólares.
“Hoy, esa cifra se ha multiplicado 50 veces, llegando a bordear los 2.000 millones de dólares anuales, lo que refleja el papel clave de la región en la transformación productiva del país”, destacó Rodríguez.
Pese a este avance, Bolivia mantiene una fuerte dependencia en la exportación de recursos naturales. Históricamente, la economía boliviana se ha sustentado en la venta de minerales y, desde mediados de 2000, en los hidrocarburos, especialmente el gas natural.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en los años de mayor auge —entre 2012 y 2014— las exportaciones totales del país superaron los 12.000 millones de dólares, impulsadas principalmente por el gas y los minerales. Sin embargo, en los últimos años, el valor exportado ha fluctuado por la caída en la producción de gas y la volatilidad de los precios internacionales.
En paralelo, Bolivia ha incrementado su dependencia de las importaciones, especialmente de combustibles, bienes de capital y manufacturas. Este fenómeno se ha profundizado debido a la caída de la producción interna de hidrocarburos, lo que ha convertido al país en un importador neto de diésel y gasolina, generando una presión creciente sobre las reservas internacionales.
Uno de los cambios más importantes en estas cuatro décadas ha sido la irrupción de Santa Cruz como motor exportador. El departamento no solo consolidó su liderazgo agroindustrial, sino que logró posicionar productos como la soya, derivados oleaginosos, azúcar, carne y madera en mercados internacionales.
Actualmente, Santa Cruz aporta más del 30% al Producto Interno Bruto (PIB) nacional y concentra una parte significativa de las exportaciones no tradicionales, que incluyen productos agropecuarios, agroindustriales y manufacturas.
El crecimiento de este segmento ha sido clave para generar empleo, atraer inversiones y diversificar parcialmente la economía, aunque todavía no logra equilibrar el peso de los sectores extractivos.
Rafael Riva, gerente Técnico, de Cámara de Exportadores, Logística y Promoción de Inversiones de Santa Cruz (Cadex), sostuvo que las exportaciones no tradicionales son el pilar de la economía del país y que Santa Cruz, a partir del complejo oleaginoso y cárnico, marca la diferencia con el resto del país.
“Es fundamental impulsar las exportaciones no tradicionales, para eso los cupos de exportación deben de quedar sin efecto. El actual Gobierno tienen otra mirada sobre las exportaciones bolivianas, por eso esperamos medidas que impulsen al sector”, dijo Riva.
Mientras las exportaciones muestran avances, el país enfrenta una creciente vulnerabilidad por el lado de las importaciones. Bolivia depende cada vez más del exterior para abastecerse de combustibles, maquinaria, equipos de transporte e insumos industriales.
El incremento del precio internacional del petróleo ha agravado esta situación, elevando el costo de las importaciones y presionando las finanzas públicas.
A pesar de las limitaciones, Bolivia cuenta con un alto potencial para diversificar su oferta exportable. El país podría consolidarse como un importante proveedor de alimentos, productos forestales y servicios como el turismo.
Sin embargo, desde el IBCE advierten que para lograrlo se requieren tres condiciones fundamentales.
Seguridad jurídica y estabilidad interna, libre exportación y acceso a mercados y finalmente la coordinación efectiva entre el sector público y privado.