Por Daniela Revollo En Bolivia, el acceso de las mujeres a oportunidades laborales sigue siendo un tema en construcción, donde la igualdad formal no siempre se traduce en equidad real. Desde sectores tradicionalmente masculinizados, como la arquitectura y la construcción, hasta áreas mixtas como la gastronomía, el comercio exterior y la economía, la voz femenina revela una constante: las barreras invisibles siguen limitando el crecimiento profesional de muchas mujeres. En Bolivia, el trabajo femenino forma parte del motor de la economía, pero se enfrenta a barreras persistentes. El 83,2 % de las mujeres económicamente activas trabaja en el sector informal, convirtiéndolo en uno de los más grandes de América del Sur. Esta informalidad define muchas vidas: sin contratos, sin seguridad social y con ingresos inseguros. Según el Instituto Nacional de Estadìstica (INE-2019), el 67 % de las mujeres se encuentra en este tipo de empleo, mientras que la brecha salarial entre géneros llega al 27 %. En la zona rural, la situación es aún más compleja: solo el 22,9 % de las mujeres son parte de la población productiva activa y la mayoría desempeña labores agrícolas o de cuidado que no son reconocidas como empleos formales. Claudia Sttefany Rojas, arquitecta proyectista, reconoce la influencia de mujeres luchadoras en su entorno familiar y profesional, aunque confiesa que las figuras visibles en el mundo empresarial a gran escala aún son escasas. “Crecí admirando a mujeres cercanas que sacaron adelante negocios, proyectos y familias con esfuerzo y convicción”, comenta. Sin embargo, su experiencia en la arquitectura refleja una realidad más compleja. “Aunque hemos avanzado, aún existen barreras. En reuniones laborales, he sentido que mi opinión debe ser reafirmada varias veces para ser tomada en serio, mientras que a los varones se les escucha de inmediato”, explica. Además, señala que a menudo a las mujeres se les asignan roles más “simples” o se les exige cuidar más la imagen, mientras que a los hombres se les valora principalmente por sus capacidades técnicas. Daniela Lobo se desenvuelve como técnico SMS en el sector energético, una industria históricamente dominada por hombres, especialmente en áreas como petróleo y gas. A pesar de ello, su enfoque no se centra en la confrontación, sino en el fortalecimiento de su identidad profesional. En un entorno donde aún es común ver convocatorias laborales que excluyen a las mujeres —especialmente para labores de campo— A diferencia de muchas de sus pares en otros sectores, Daniela asegura que no ha percibido brechas salariales en su ámbito. Daniela también destaca la importancia de los referentes femeninos en su camino profesional. Sin haberla conocido personalmente, recuerda cómo la historia de Irasi León, una boliviana que trabajó en el rubro petrolero como “compañía man”, se convirtió en su inspiración. “Era una figura de perseverancia en un área laboral predominada por hombres”, recordó. Carla María Berdegué, gerente propietaria de Librerías Lectura, también ha vivido - como muchas otras mujeres - las tensiones que persisten entre ser empresaria y ser mujer en un entorno que no siempre valora por igual el esfuerzo femenino. Si bien hoy disfruta de un entorno laboral equilibrado y respetuoso en el rubro de la librería, rememora experiencias de sus años más jóvenes, cuando trabajaba como dependiente y sufrió episodios de acoso disfrazados de oportunidades. Aunque esas vivencias han quedado atrás, para Carla el camino hacia la igualdad no ha terminado. Asegura que las oportunidades laborales en Bolivia todavía no son equitativas: las mujeres deben esforzarse más para obtener el mismo reconocimiento que un hombre. “Aunque hay mujeres en cargos de jerarquía, el esfuerzo para llegar ahí suele ser mayor. Y muchas veces, los aumentos salariales para mujeres en roles de responsabilidad también son menores”, observa. Silvia Quevedo no solo ha construido su propio camino en el ámbito empresarial, sino que ha sido arquitecta de redes que conectan, impulsan y visibilizan el liderazgo femenino a nivel nacional e internacional. Como cofundadora de la Cámara de Mujeres Empresarias de Bolivia (Camebol). “Cuando descubrí a mujeres que habían transitado antes mi camino, entendí que sí era posible avanzar. Por eso creo profundamente en visibilizar el papel productivo de la mujer”, afirma Silvia. Sin embargo, reconoce que Bolivia aún enfrenta desbalances. Las mujeres no acceden en igualdad de condiciones a espacios de poder económico ni a cargos jerárquicos. “Solo el 25% de las grandes empresas tienen a una mujer como máxima autoridad. Y en la clase trabajadora, las oportunidades son todavía más limitadas: muchas mujeres terminan optando por el emprendimiento para poder equilibrar sus jornadas entre el hogar y el trabajo”, explica. En el sector del comercio exterior, donde ella se desempeña, celebra que el 54% de los profesionales actualmente sean mujeres. Silvia también es crítica con las cuotas de género cuando se aplican sin criterio de mérito. “Cuando se colocan mujeres en cargos sin preparación, solo por cumplir una norma, eso le hace daño a todas. Se pierde credibilidad. La mujer debe imponerse por capacidad, no por estadística”, afirma. Claudia Pacheco, economista y docente universitaria, ha logrado abrirse camino en un terreno donde el conocimiento, aunque esencial, no siempre garantiza oportunidades equitativas. Su carrera como economista ha estado marcada por una constante lucha contra las barreras invisibles que impiden a muchas mujeres avanzar. “Me ha tocado ver cómo, con la misma preparación y experiencia que un colega varón, yo tenía que demostrar más para obtener el mismo nivel de reconocimiento o salario, afirma. En uno de sus primeros intentos por ascender a un cargo de mayor jerarquía, le fue negado el puesto por no contar con un posgrado. “Lo más duro fue ver que un colega varón, en las mismas condiciones académicas, sí fue promovido. Esa fue una señal clara de que el mérito no siempre pesa lo mismo dependiendo del género”, recuerda. Una realidad que no es exclusiva de su experiencia personal. En una ciudad donde la gastronomía es patrimonio cultural, Denisse Dalence, chef y presidente de la Cámara Gastronómica de Cochabamba (Aserac), comenta que, en su andar empresarial, ha vivido en carne propia las limitaciones impuestas por una estructura aún desigual. “Aunque se han logrado avances importantes en visibilizar el trabajo de la mujer, todavía existen barreras que limitan nuestro acceso a cargos de decisión o a ciertos sectores productivos”, comenta. La igualdad de oportunidades aún es una promesa pendiente en Bolivia. “En reuniones importantes, a veces se espera que ‘el jefe’ sea un hombre”, recuerda. Al principio de su carrera, tuvo que demostrar una y otra vez su capacidad para que la tomaran en serio. Hoy, transformó esa desconfianza inicial en combustible para seguir avanzando, pero reconoce que el doble esfuerzo es casi una constante para las mujeres. El llamado es imperante: se necesita un compromiso real del sector público y privado para cerrar brechas salariales, garantizar igualdad en el acceso a cargos directivos y crear entornos laborales libres de sesgos y discriminación. Y por parte de las mujeres se necesita más preparación y menos miedo a ocupar espacios jerárquicos. Porque cuando una mujer entra a la sala de decisiones, el sistema empieza a cambiar.