Una casona con más de cien años de historia, hoy sede del Museo de Arte Contemporáneo (MAC), guarda más que obras y recuerdos. Entre sus muros antiguos se esconden secretos, ruidos inexplicables y sombras que han puesto los pelos de punta a más de uno. Con la cercanía de la Noche de Mitos y Leyendas ‘Cambaween’, vuelven a cobrar vida los relatos que, por años, han circulado entre pasillos y galerías.
El experimentado montajista Johnny Medrano Aguilera, con 35 años de servicio en el área cultural, asegura haber vivido experiencias difíciles de explicar. “Un día estábamos en la cocina y escuchamos pasos y voces, pero cuando salimos, no había nadie. En las viejas salas de depósito también tocan las puertas desde adentro”, cuenta con voz temblorosa. Aunque algunos intentan ignorar lo que sucede, él asegura que los hechos se repiten una y otra vez.
El reconocido artista plástico Pablo Arza Orihuela, con más de tres décadas ligado al MAC, afirma que los ruidos provienen de la pinacoteca, donde reposan más de 300 piezas de arte. “Son las almas de los pintores, no hay que temerles”, sostiene.
Para Arza, la magia del Museo radica en su energía antigua, capaz de mantener viva la esencia de quienes lo habitaron. Sin embargo, no todos soportan esa presencia: un guardia llegó a renunciar tras escuchar risas de niños en el patio cuando el Museo estaba cerrado.
La guardia municipal Yenny Villagómez Delgado recuerda un suceso que la marcó para siempre. “Estaba mirándome en un espejito y vi pasar una sombra detrás de mí. Volteé y no había nadie. Fue terrorífico”, relata. También asegura haber escuchado un bullicio de gente cuando el Museo permanece vacío, algo que la hizo dudar entre la realidad y lo sobrenatural.
La señora Dolly Méndez, que le ha dedicado toda su vida al Museo tiene muchas historias por contar, todas ellas relacionadas con ruidos, sombras y sucesos inexplicables. Ella 'vive' en el Museo desde muy temprano hasta altas horas de la noche y muchas veces sintió esa brisa rara en su mejilla. Ya esas cosas ni la asustan, porque sabe que esos seres no la lastimarán, más por el contrario la seguirán acompañando en su travesía como ‘guardiana del MAC’ y cómplice de los artistas, labores que realiza hace más de tres décadas. Si tuviera que relatar lo que ha pasado en este tiempo ni en un libro se pudiera anotar todo. Ella atiende la BiblioMAC, pero también colabora con los quehaceres del recinto. Es la única persona que está desde los inicios del MAC, precisamente hace 34 años.
El MAC ha tenido varias vidas en un centenario: colegio, refugio médico de los combatientes de la Guerra del Chaco, Biblioteca Pública y ahora, Museo. Por cada uno de esos episodios han pasado miles de personas y un sinnúmero de exposiciones. Es por eso que los visitantes creen que aquellos que han pisado el MAC alguna vez han dejado depositado un pedacito de su ser en este lugar ubicado en las esquinas de las calles Sucre y Potosí, a pocas cuadras de la plaza 24 de Septiembre.
Ahora, el Museo -único en su género en Bolivia- está presto a abrir sus puertas este viernes 31 de octubre, desde las 16:00 hasta pasada la medianoche, con un programa que tendrá bastante arte, pero también mucho para ver y experimentar en pleno Cambaween. El ingreso será totalmente gratuito; sacarse selfis para Instagram o un video en vivo para TikTok se convertirán en una buena opción.
Sus dos patios gigantes, sus amplias galerías y sus puertas antiguas -que crujen cuando se las abre día a día- trasladan al público al estilo arquitectónico de esa Santa Cruz de antaño, pero también los enlaza con ese ‘aire pesado’ que muchos aseguran sentir cuando están ya adentro de esta casona longeva. Dicen, que, en el jardín de atrás, hay esa energía rara que cohabita con el arte local.
Ciertas o no, estas experiencias se han vuelto parte de la vida del MAC. Quienes trabajan allí dicen haber aprendido a convivir con lo desconocido, aceptando que no todo puede explicarse. Porque, al final no son los fantasmas los que más miedo dan sino los vivos. O, ¿no?