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Coronavirus en Japón: la inusual estrategia del país asiático para continuar la vida social y económica en medio de la pandemia

Martes, 06 de octubre de 2020 a las 00:17
En Japón, 8 meses después de registrar los primeros casos de coronavirus, no se ha impuesto cuarentena ni confinamientos y, pese a que declaró un estado de emergencia hace dos meses, la vida vuelve poco a poco a la normalidad.
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Japón ha logrado contener el virus con una estrategia única.

Es un punto medio entre las medidas draconianas de China y la temeraria permisividad de Suecia.

En Japón, ocho meses después de registrar los primeros casos de coronavirus, todavía no se han impuesto confinamientos obligatorios, multas o cuarentena y, sin embargo, la vida vuelve poco a poco a la normalidad.

Las escuelas, restaurantes y bares están abiertos, sus puntuales trenes vuelven a estar repletos y el gobierno implementa campañas nacionales para incentivar a la población a viajar dentro del país o comer afuera, como estrategias para recuperar la economía.

Es, según sus autoridades, el resultado de un acercamiento único a la pandemia que les ha ayudado a mantener el virus a raya y reducir el impacto económico.

Según datos oficiales, hasta este miércoles, la nación asiática había registrado unas 1.500 muertes y poco más de 82.000 casos, mientras el índice de mortalidad por 100.000 habitantes rondaba el 1% (en Estados Unidos, por ejemplo, es 59%).

No es el mejor resultado entre naciones asiáticas: Tailandia, Corea del Sur o Vietnam, a merced de medidas más drásticas, han tenido menos casos.

Pero la nueva estrategia de Japón ha mostrado ser única por su mezcla de enfoque científico, flexibilidad y sentido común.

En Japón estamos usando un acercamiento diferente al que se ha utilizado en la mayor parte del mundo, le dice a BBC Mundo el doctor Hitoshi Oshitani, profesor de virología de la Facultad de Medicina de la Universidad Tohoku.

En casi todo el mundo, la estrategia ha sido intentar contener el corovirus. Desde el principio, nosotros no tuvimos ese objetivo. Optamos por algo diferente: decidimos aprender a vivir con este virus, agrega.

De acuerdo con Oshitani, para ello, se trató de disminuir la trasmisión tanto como fuera posible, a la vez que se mantenían las actividades sociales y económicas.

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Aprender a convivir con el virus ha sido base de la estrategia de Japón.

Aceptamos que este virus es algo que no se puede eliminar. De hecho, la gran mayoría de las enfermedades infecciosas no se pueden eliminar, por lo que entendimos que la mejor forma de combatirlo era coexistir con él, señala.

Ahora que una segunda ola amenaza Europa y los pronósticos de nuevos casos son cada vez más preocupantes para el invierno, Japón espera que su experiencia pueda servir a otros países para pensar nuevas formas de lidiar con la pandemia mientras se trata también de salvar la economía.

El enfoque japonés

De acuerdo con Oshitani, uno de los elementos que llevó a Japón y otros países asiáticos a estar mejor preparados para hacer frente al coronavirus es que, a través de la historia, han sufrido otras epidemias y, contradictoriamente, a que están muy cerca de China.

Como estamos relativamente cerca de Wuhan, que fue donde tuvo su origen la pandemia, nos preparamos muy rápido porque sabíamos que podríamos tener muchos casos, recuerda el experto, que ha sido uno de los principales asesores del gobierno en la estrategia contra el covid-19.

Pocas semanas después de que se conociera sobre el virus en China, Japón también registró su primer contagio.

Era apenas el 16 de enero y faltaba poco para que la situación en el país se agravara por un crucero, el Diamond Princess, que se volvió un foco de infecciones en el puerto de Yokohama.

Luego, a mediados de marzo tuvimos otro brote, que fue desencadenado por viajeros que llegaban de Europa, del Medio Oriente, América del Norte y muchos otros países, recuerda el también exasesor de la Organización Mundial de la Salud en materia de enfermedades transmisibles.

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En el crucero había más de 3.700 personas a bordo.

Este brote estuvo bajo control para mediados de mayo. El gobierno había decretado el estado de emergencia y lo levantó ese mes, pero para ese entonces ya había comenzado otra ola de contagios desde Tokio, que ahora comienza a disminuir, agrega.

Fue en este contexto, recuerda Oshitani, cuando las autoridades de Japón comprendieron que necesitaban una forma diferente de aproximarse al covid-19.

Sabíamos, por lo que pasó en Wuhan, que el virus es posible de contener, pero que es extremadamente difícil hacerlo. En Japón, sin embargo, no teníamos ninguna forma legal de implementar una cuarentena o de obligar a las personas a permanecer en casa, dice.

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Japón no impuso cuarentena obligatoria.

El país, pese a ser uno de los más desarrollados de Asia, tampoco contaba con la capacidad para producir y realizar pruebas masivas, como lo estaba haciendo la vecina Corea del Sur.

Estaba claro que necesitábamos una aproximación diferente, señala Oshitani.

En mayo pasado, cuando el entonces primer ministro Shinzo Abe levantó el estado de emergencia anunció también que la estrategia de Japón para enfrentar el virus sería un nuevo estilo de vida en la que el coronavirus comenzaría a ser visto como parte de la cotidianidad.

Ahora, vamos a aventurarnos en un nuevo territorio. Por lo tanto, necesitamos crear un nuevo estilo de vida. Necesitamos cambiar nuestra forma de pensar, dijo.

Las exigencias, no obstante, eran parte del sentido común: usar mascarilla, mantener la distancia social, lavarse las manos, no gritar, no conversar en alta voz, no besar o dar la mano...

Las bases de la ciencia

De acuerdo con Oshitani, el razonamiento detrás de la estrategia japonesa de convivir con el virus no solo estuvo alentado por razones políticas o de infraestructura.

Se basó en el conocimiento que teníamos del virus y en lo que íbamos descubriendo de él", dice.

Aunque actualmente el rol de los pacientes asintomáticos en la transmisión del covid-19 es un hecho conocido en todo el mundo, fue base de la estrategia de Japón antes de que fuera aceptado en otros lugares .

Ya desde mediados de febrero el equipo de Oshitani había recomendado tomar en consideración que el virus podía trasmitirse por personas aparentemente sanas.

"Sabíamos que hay muchos casos asintomáticos o con síntomas muy ligeros. Esto hace muy difícil localizar todos los casos positivos. Y por eso, nuestro propósito no fue contenerlo desde el principio ,sino que tratamos de suprimir las trasmisiones lo más que pudiéramos, dice.

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Los trenes de Japón han comenzado a llenarse como de costumbre.

Oshitani recuerda que la experiencia de Japón con el Cruise Princess los llevó a entender mejor cómo funcionaba el virus.

Sabíamos que la mayor parte de los contagiados con el virus, casi 80%, no lo trasmite a nadie. En cambio, una pequeña proporción, infecta a muchos otros, dice.

El efecto, conocido actualmente como eventos de supercontagio y que han sido posteriormente documentado en otros países, dio paso al equipo de Oshitani a entender que la trasmisión de este virus no puede contenerse si no se controlan los clúster de infecciones (grupo de eventos de salud similares que han ocurrido en la misma área al mismo tiempo) .

El control de estos clústers ha sido también la base de nuestra estrategia para convivir con el virus, señala.

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Como parte de la estrategia, las personas pueden participar en eventos deportivos, pero no pueden gritar.

Los expertos de Japón pronto llegaron también a otra conclusión que algunos países todavía no aceptan y que la OMS, aunque no lo ha descartado, tampoco ha reconocido de forma categórica: que el coronavirus se puede trasmitir por vía aérea.

La evidencia muy pronto nos hizo entender que el coronavirus no solo se transmite a través de la tos, los estornudos y el contacto, sino también en micropartículas que flotan y circulan en el aire, dice.

Fue así como surgió la estrategia conocida como como san mitsu, una recomendación de salud pública que se ha vuelto la regla de oro para convivir con el virus:

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