Estefanía Ibarra no solo se prepara para representar a Bolivia en el certamen internacional Miss Charm, sino que también construye una carrera como directora técnica de fútbol. Licenciada en Administración de Empresas, con formación en marketing digital y una sólida vocación social, fundó Jugando Juntas, un proyecto que empodera a niñas y adolescentes en situación vulnerable a través del deporte.
Ella cuenta cómo convirtió su historia en una plataforma para inspirar y proteger a otras mujeres. Estefanía es prueba de que se puede romper moldes y liderar desde múltiples frentes con propósito, pasión y coraje.
¿Cómo recibiste la noticia de que representarás a Bolivia en el Miss Charm?
Con muchísima gratitud, felicidad y compromiso. Este tipo de oportunidades son únicas y me motivan a seguir trabajando con disciplina, entrega y, sobre todo, con mucho amor por mi país.
¿Qué significa para vos llevar la banda del país en un certamen internacional?
Llamarme Bolivia es un privilegio y una gran responsabilidad. Significa ser la voz y el reflejo de millones de bolivianos que luchan, sueñan y trabajan día a día con mucho esfuerzo y dedicación. Me llena de orgullo saber que, en cada paso que doy, estoy mostrando lo que somos: un país diverso, resiliente, lleno de historia y de gente maravillosa.
¿Qué cualidades creés que te distinguen frente a otras candidatas?
Creo que cada candidata tiene una luz única y auténtica. Soy una mujer que, en su día a día, une diferentes mundos: el empresarial, el deportivo y el social.
Soy licenciada en Administración de Empresas, me estoy preparando para ser directora técnica de fútbol, realizo voluntariado en diferentes instituciones de mi ciudad y lidero un proyecto social que busca empoderar a niñas y adolescentes en situación vulnerable a través del deporte.
No solo tengo metas personales, sino también un propósito. Me considero auténtica, disciplinada y con una fuerte vocación de servicio, y creo que esa combinación me hace única.
¿Qué mensaje querés transmitir al mundo desde el escenario de Miss Charm?
Quiero decirle al mundo que los sueños no tienen género ni fronteras. Desde Bolivia, quiero demostrar que la belleza con propósito se convierte en acción: en educación, en oportunidades y en puertas abiertas.
A través de Jugando Juntas, mi mensaje es claro: demostrar que el deporte puede cambiar vidas, especialmente en contextos vulnerables. Enseña disciplina, trabajo en equipo, resiliencia y respeto; ayuda a mejorar la confianza en sí mismas.
Que mi voz sirva para amplificar la de ellas. Y si una niña me ve y piensa “yo también puedo”, entonces mi mensaje habrá cumplido su objetivo.
¿Qué te motivó a estudiar para ser directora técnica de fútbol?
Desde bebé sentí una conexión muy especial con el fútbol, no solo como deporte, sino como una herramienta de transformación.
Mi motivación principal fueron siempre mis abuelitos. Disfruto de este deporte desde que tengo uso de razón y todo lo que supe sobre mi deporte favorito fue gracias a ellos.
Pero mi principal fuente de inspiración fue siempre mi abuela Sonia. Su fortaleza, coraje, dedicación y valentía al luchar contra estereotipos y sobresalir en su carrera y trabajo, en tiempos en los que era muy difícil (o incluso impensado) que una mujer llegara tan lejos, marcó un antes y un después en mi familia. Ella nos motivó a todas las mujeres de la familia a trabajar duro y abrirnos camino en lo que nos apasiona.
¿Cómo es combinar el mundo de la belleza con el del deporte?
La belleza va más allá de lo físico: es actitud, disciplina, confianza y salud.
El deporte me enseñó a ser fuerte, resiliente y a respetar mi cuerpo. Combinar ambos mundos me permite mostrar que somos multifacéticas, que rompemos estereotipos y construimos una versión auténtica y poderosa de nosotras mismas.
¿Te ves dirigiendo un equipo profesional en el futuro?
Sí, definitivamente. Creo que no hay mayor sueño para una amante del fútbol que poder dirigir a su selección y llevarla a un Mundial.
Estudio y me preparo porque quiero estar en ese espacio donde se toman decisiones, se forman jugadoras y se impulsa el crecimiento del fútbol femenino. Sé que el camino no es fácil, pero con pasión y dedicación, sé que es posible.
¿Has tenido que enfrentar prejuicios por tu doble faceta de modelo y futura DT?
A menudo la gente cree que una mujer no puede ser parte del fútbol y, al mismo tiempo, pertenecer al mundo de la belleza. Se nos exige elegir, encajar en una sola etiqueta.
Pero yo decidí no limitarme y demostrar que puedo ser todo lo que me proponga, así el camino se ponga difícil.
Y más allá de los prejuicios, también enfrenté situaciones mucho más duras.
Cuando empecé a involucrarme profesionalmente en el fútbol, trabajando en una empresa relacionada al deporte, fui víctima de acoso e intento de violación. No obtuve justicia.
Esa experiencia me marcó profundamente. Me dañó por completo, al punto de llevarme a una crisis tan severa que intenté acabar con mi vida.
¿Pudiste salir adelante?
Acá estoy, y de pie. Con más fuerza que nunca, porque entendí que no podía permitir que el miedo ni el dolor definieran mi historia.
Por eso, en Jugando Juntas, creé un espacio donde ninguna niña ni adolescente tenga que pasar por lo que yo viví. Creamos un entorno seguro y de empoderamiento real. Porque el deporte puede transformar, sí pero primero debe proteger.
¿Sentís que tu historia puede inspirar a otras mujeres?
Creo que compartir mi historia puede ayudar a que otras mujeres y niñas vean que es posible seguir sus pasiones sin renunciar a ninguna parte de sí mismas.
Quiero que sepan que romper moldes y perseguir sueños es valiente y necesario, y que todas merecemos espacios seguros para crecer y brillar.
¿Qué consejo le darías a una joven que quiere seguir múltiples pasiones?
Que se atreva, que no deje que la encasillen ni que el miedo le apague el sueño.
Ser multifacética es una fortaleza. Con disciplina, amor propio y propósito, todo es posible.
No tiene que elegir una sola versión de sí misma: puede ser todas a la vez.