Por Remberto Hurtado “El cáncer no es una sentencia de muerte”. Han pasado cinco años y medio desde que Rosario Jiménez, de 73 años, extendió el brazo no para recibir sueros ni agujas, sino para celebrar la vida y anunciar al mundo que venció la batalla más dura de su vida: el cáncer de mama. Tiene presente el día en que vivió el emotivo gesto de tocar la campana, que suelen realizar los pacientes cuando superan el cáncer. Lo consiguió después de años de estrictos tratamientos, mucha fe y una mente positiva. El repique de campanas también resonó este viernes en el Oncológico. La tocó Rosa Valdivia para celebrar su victoria contra este mismo tipo de cáncer. Lo hizo en medio de aplausos, globos y abrazos. “Vivo este acto con un sentimiento de mucha alegría y sanación. Fue una lucha muy larga, pero siguiendo los tratamientos, es posible superarla”, expresó Rosa, visiblemente conmovida. Durante la jornada, también se entregaron prótesis mamarias a mujeres que las perdieron como consecuencia de cirugías, en un gesto de apoyo que busca devolverles la confianza en su proceso de recuperación. Cuántas veces no recorrió los pasillos de un hospital en Estados Unidos, apretó las manos de su hija, llamó a su hermana para recibir una voz de alimento, hasta que recibió la noticia que toda persona que enfrenta esta dura enfermedad desea escuchar: estás libre de tratamientos. Su historia comenzó en 2018, cuando notó una bolita en el pecho. Había llegado de Estados Unidos y estaba de paso por la capital cruceña antes de ir a San Ignacio de Velasco a celebrar el Carnaval. “No me gusta ni el tamaño ni el color de esa bolita, por experiencia no me agrada”, le dijo el médico al que consultó. Dos semanas después, abrieron juntos el sobre con los resultados de la biopsia: cáncer positivo. Su diagnóstico fue confirmado en Estados Unidos. Tras una evaluación general, Rosario recibió 24 sesiones de quimioterapia y seis de inmunoterapia, un tratamiento relativamente nuevo que funcionó en su caso. “Se cayó mi cabello y bajé de peso”, recuerda, al indicar que fueron años duros, pero su fortaleza y fe siempre estuvieron intactas, pues nunca dudó de que era posible vencer la enfermedad. Como sobrevivientes, Rosa y Rosario aseguran que el cáncer no debe verse como una sentencia de muerte y piden a quienes atraviesan esta batalla que no abandonen sus tratamientos, que no se rindan y no pierdan la esperanza. Cada primer domingo de junio se conmemora el Día Mundial del Superviviente de Cáncer, una fecha destinada a honrar a quienes han vencido la enfermedad y dar esperanza a quienes batallan contra este mal. La jornada también busca generar conciencia sobre las necesidades médicas, emocionales y sociales de los sobrevivientes, incluyendo el seguimiento psicológico y clínico a largo plazo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2022 se registraron 20 millones de casos nuevos de cáncer y 9,7 millones de muertes en todo el mundo. Sin embargo, también 53,5 millones de personas estaban vivas cinco años después de recibir su diagnóstico. Los avances en los tratamientos y el diagnóstico temprano aumentaron las posibilidades de cura y para el 2030, la OMS proyecta que al menos el 60% de los niños diagnosticados con cáncer sobrevivan. Esta meta podría traducirse en un millón de vidas salvadas. En Bolivia, entre 2016 y 2023 se registraron 76.379 nuevos casos en adultos, según el Programa Nacional de Lucha Contra el Cáncer. Los departamentos con mayor incidencia son La Paz, Santa Cruz, Cochabamba y Chuquisaca, donde se concentran los principales centros oncológicos del país. En cuanto a los tipos de cáncer más frecuentes en mujeres en el país, el de cuello uterino encabeza la lista con un 26% de los casos, seguido por el de mama (16%) y el de piel (7%). La historia nació en 1996 en el centro MD Anderson de Houston, cuando el almirante Irve Le Moyne que padecía cáncer, descolgó la campana de su barco y la llevó al vestíbulo de este centro donde la tocó como símbolo de que había ganado su batalla. Para los marines es común tocar la campana para indicar que el trabajo o alguna tarea ya está concluida, por lo que el almirante le contó a sus doctores que cuando venciera el cáncer haría lo mismo en el hospital. Ahora eso cruzó fronteras.
En el acto dedicado a Rosario hubo lágrimas, abrazos y una pequeña celebración con el personal que luchó junto con ella para salvarle la vida. “Rosario se acabó, ya estás libre”, le dijeron los médicos. Había vencido el cáncer y comenzaba ahora el camino de la rehabilitación, que continuó durante cinco años con tabletas. ¿Por qué se toca una campana?