Cerca de 200 religiosos de la Arquidiócesis de Santa Cruz renovaron sus promesas sacerdotales durante la Misa Crismal celebrada el martes, 31 de marzo, en la Basílica Menor de San Lorenzo (catedral). Asimismo, en la ceremonia se bendijo los óleos sagrados, usados todo el año en las misas.
Esta ceremonia se dio en el marco de Semana Santa, la conmemoración anual cristiana de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
La ceremonia fue presidida por el arzobispo René Leigue y concelebrada por el arzobispo emérito Sergio Gualberti, junto a los obispos auxiliares Stanislaw Dowlaszewicz y Juan Gómez. La Eucaristía reunió a todo el clero arquidiocesano y a numerosos fieles, en una de las celebraciones más significativas del calendario litúrgico.
Durante la misa se realizó la bendición de los óleos sagrados: el óleo de los enfermos, utilizado para brindar consuelo y fortaleza; el óleo de los catecúmenos, que prepara para la vida cristiana; y el santo crisma, empleado en sacramentos que consagran y envían en la misión de la Iglesia.
Homilía
En su homilía, Leigue recordó a los sacerdotes el sentido de su vocación. Los sacerdotes renovaron su compromisos con la fe, con Dios y con la comunidad católica. Asimismo, el monseñor destacó que el sacerdocio es más que una vocación, la calificó como una "respuesta personal al llamado de Dios" y que tiene el objetivo de anunciar el Evangélico, sanar y acompañar a quienes más lo necesitan.
Leigue describió el sacerdocio como el amor y servicio a los demás. También, aprovechó la presencia de los casi 200 sacerdotes para fortalecer la unidad dentro de los clérigos y dentro de la Iglesia.
En ese sentido, instó a los sacerdotes a ser signos de comunión en sus parroquias y a trabajar en conjunto con los fieles.
Asimismo, se refirió a la actual como un tiempo marcado por desafíos que exigen creencias, perseverancia y fidelidad. Pidió a los otros sacerdotes que se mantengan firmes a sus compromiso, su fe en Dios y a trabajar diariamente para responder a su vocación.
Su mensaje también llegó a los creyentes que no forman parte de la Arquidiócesis, indicando que los laicos deben formarse en la vida cristiana, vivir en base al compromiso con los sacramentos y decidir una vida en base a la fe y la Iglesia.