En un reporte publicado por aciprensa, da cuenta que en el año 2010, el Papa Benedicto XVI se refería al Sábado Santo como “el día del ocultamiento de Dios” al comentar un antiguo texto de la tradición sobre las horas posteriores a la muerte del Reconciliador.
Decía el Papa: "el Sábado Santo es el día del ocultamiento de Dios, como se lee en una antigua homilía. ¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad, porque el Rey duerme (...) Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción a los infiernos”.
Según indican, estas palabras evocan aquello que se repite en el Credo cuando se profesa que Jesucristo “padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos”.
Creer que Cristo “descendió a los infiernos” tiene un profundo significado. El Señor ha llevado su amor a niveles impensables: por su muerte ha penetrado la soledad más absoluta en la lejanía más extrema. Desde aquel primer Sábado Santo de la historia sabemos que no hay nada que pueda escapar al amor de Dios; en la más profunda tiniebla ha brillado la Luz de Cristo.
En ese momento, cuando Dios se ha retirado del mundo y todo es desolación, María sigue confiando en las promesas de su Hijo y conserva la esperanza en el interior. Si todos le han dado la espalda al Hijo o son presa del temor, Ella no. María seguirá de pie, esperando en Él.
Vigilia Pascual
Este día, el de la espera, es conocido como la Vigilia Pascual. Porque Jesús al tercer día resucitó. Es la celebración litúrgica más importante del año para los cristianos, realizada en la noche del Sábado Santo a la madrugada del Domingo de Resurrección. Conmemora la resurrección de Jesucristo y su triunfo sobre la muerte, marcando el final de la Cuaresma y el inicio del tiempo pascua.