En la homilía dominical, el Obispo de Santa Cruz, monseñor Braulio Sáez García, llamó a los fieles a servir a los demás sin buscar un interés personal y amar, incluso, a los enemigos y perseguidores. El estilo de amar de Jesús es inconfundible. No se acerca a las personas buscando su propio interés, por el contrario, busca hacer el bien, ofrece amistad y ayuda a quienes lo necesitan, invita a levantarse, a caminar, multiplica el pan, consuela, perdona y sana. Por eso la gente entusiasmada decía de él: “todo lo hizo bien”.Solo su amor, hecho servicio y lucha contra todo lo que deshumaniza y hace sufrir al ser humano, es digno de fe, reflexionó el religioso desde la catedral cruceña. Agregó que lo habitual en nosotros es amar a quien nos ama, retribuir favores a quienes nos dieron su tiempo, dinero, cercanía, amistad, o un amor cargado de egoísmo y condicionamientos humanos. Sin embargo, recordó Jesús por el contrario nos pide amar también a los enemigos y, por eso, la palabra nos dice: “Al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica déjale también el mano, amen a sus enemigos, oren por sus perseguidores ¿Si saludan solo a sus hermanos qué merito tienen?”. El comportamiento de Jesús será siempre acercarse a quienes lo necesitan y alegrarse con los que están tristes, prosiguió. Insistió en que el mandamiento del amor nos indica que el camino hacia una humanidad nueva, reconciliada, solidaria y fraterna no pasa por la lógica del poder, de la violencia, de la venganza y el odio, sino por el poder del amor que cautiva y perdona, que reconcilia y forja unidad, y que trae la paz y sana las heridas del corazón. Exhortó a decidirnos a amar como Jesús porque solo así brillará la luz en la oscuridad y habrá alegría en este mundo invadido por la guerra y los egoísmos partidarios; de tal manera que, los que sufren ya no se sentirán solos, los pobres tendrán pan en sus mesas y los presos tendrán una justicia verdadera, y habrá libertad auténtica en las calles. También pidió no perder la fe y la confianza en el Señor, porque el cristiano tiene la certeza de que Dios secará todas las lágrimas y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, y la verdad y la justicia triunfarán sobre el mal. Recordó que la palabra (de Jesús) no llenan de consuelo a los creyentes, frente a tantos signos de muerte que vemos por todas partes: muertes en Ucrania, injusticias y atropellos a los más desposeídos, sectores que se revelan porque son pisoteados sus derechos, e incapacidad para llegar a acuerdos que deben beneficiar los derechos y bienestar de los ciudadanos. En vez de buscar la concordia y el progreso de todos, buscamos la división y el enfrentamiento, rompiendo así el proyecto de Dios, señaló.