Por Brissa Pabón
Desde La Pascana hasta las minas altiplánicas. Gladys Moreno fue la cantante más importante del siglo pasado en cuanto a folclore nacional, una artista que supo ganarse el amor de toda Bolivia con sus representaciones de tono romántico y sentimental en diferentes géneros musicales.
Nació en Santa Cruz de la Sierra el 28 de noviembre de 1933. Vivió su infancia entre Santa Cruz y La Paz a causa de la profesión de su padre. Adquirió el gusto por la música heredado de su abuelo y de su madre, quien tocaba varios instrumentos y era aficionada al canto.
“Ella de pequeña en vez de ir a clases se escondía detrás de una radio a escucharla todo el día, mi abuelo descubre su talento en las reuniones familiares donde cantaba”, relata Ana Carola Tomelic Moreno, hija única de Gladys, a quien recuerda como una mujer muy inteligente, capaz encontrar el equilibrio en su vida de artista jugando muy bien su papel de hija, madre y artista. “Nunca rompió el balance”.
“A mis 9 años conocí personalmente a la ‘mamaya Gladys’, me firmó un cassette y me dijo que no podía creer que a alguien de mi edad le gustara tanto su música, me nombró su hijo adoptivo”. Así conoció José Herlan Arias Égüez, más conocido como Gringo Égüez, a la embajadora de la canción boliviana, con quien mantuvo una relación estrecha, siendo parte de sus presentaciones y homenajes, y de quien aprendió las enseñanzas de madre como un hijo más.
Sus hijos aún conservan con mucho cariño las pertenencias de la artista/Foto: Brissa Pabón
Sin poses ni retoques
“Ella no tenía poses ni retoques. Era la típica mujer oriental, sin pelos en la lengua, chistosa y de carácter fuerte, se hacía respetar”, afirma Gringo.
Su familia la recuerda como alguien ocurrente y divertida. Además de una mujer revolucionaria, pues en esa época las mujeres no trabajaban y Gladys fue el sustento para sus padres desde una corta edad.
“Mi mama intentó por todos los medios a que no esté expuesta a lo que significaba la fama”, indica Ana Carola, quien como hija apoyó y compartió todos sus éxitos. “Me contagiaba sus nervios. Yo me la pasaba rezando en sus recitales para que no se equivoque”, recuerda entre risas.
Una voz embriagadora
Su voz, de matiz grave y embriagadora, transmitía una pasión que seducía.
“Tenía una técnica propia, ella nunca pasó clases de canto, lo que hacía era entregar el corazón en cada una de sus canciones”, explica Gringo. “Cantaba lo que le movía el alma, transmitía mucho sentimiento, verla en vivo era verla entregarse totalmente al público”, agrega.
Su hija Ana Carola recuerda la voz de su madre y la califica como dulce y armoniosa. “Escucharla cantar era como que le arrullen a un bebé, tenía un temple muy definido, una vocalización perfecta, dominaba muy bien los distintos registros, su voz era muy versátil”, describe.
Entre los temas más conocidos de la artista están Lunita camba, El guajojó, Sombrero de sao, Moto Méndez y El trasnochador".
Embajadora de la canción boliviana
En 1962, Gladys Moreno es nombrada “Embajadora de la Canción Boliviana”, su talento artístico fue reconocido por el Gobierno Nacional al recibir la condecoración del “Cóndor de los Andes” en 1980 en manos de la expresidenta Lydia Gueiler.
En 1977 viaja a Estados Unidos y ofrece conciertos en Washington y Nueva York. “Integró al país, cantaba taquiraris y cuecas. Se ganó todos los escenarios de Bolivia”, comenta Gringo.
Ana Carola igual menciona que Gladys Moreno “No sólo unió al país, sino que también supo llevar el nombre de Bolivia en alto en escenarios internacionales”.
Su carrera musical duró más de 30 años, grabó nueve discos con un repertorio que incluía taquiraris, cuecas, polcas, carnavalitos y valses.
Se la recuerda, además, como una mujer de corazón muy noble, pues la mayor parte de la época en la que cantó se dedicó a interpretar de forma benéfica para ayudar a distintas causas.
Gladys Moreno es una figura que se queda en la memoria cultural del país como aquella voz unificadora que marcó el Siglo XX.
Sus hijos la recuerdan como única e irrepetible, y Bolivia cumple el deseo de la cantante, mencionado en el libro multimedia La pascana de Gladys Moreno, donde se inmortaliza uno de los mensajes que le dejó al país: “Quiero que mi música y mi voz queden grabadas en todos los corazones de mi patria. Nunca me olviden. Nunca”.