La palabra de Dios de este cuarto domingo de Pascua presenta la figura de Jesús, el pastor bueno que ha entregado su vida para que sus ovejas tengan vida. Desde hace 58 años, la Iglesia católica celebra, en esta fiesta, la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, ocasión para pedir al Señor que haga surgir santas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.
En su mensaje de este año, dedicado a San José, el Papa Francisco habla del “sueño de la vocación de San José”, del llamado que Dios le hace para que sea el padre legal de Jesús en la tierra.
Hoy, durante la celebración de la misa en la catedral, monseñor Sergio Gualberti, arzobispo de la Arquidiócesis de Santa Cruz de la Sierra, comentó que el Papa inició su mensaje dominical diciendo que San José no era famoso y tampoco se hacía notar, de hecho, los Evangelios no recogen ni una sola palabra suya. Sin embargo, con su vida ordinaria, realizó algo extraordinario a los ojos de Dios. “Dios ve el corazón y en San José reconoció un corazón de padre, capaz de dar y generar vida en lo cotidiano. Las vocaciones tienden a esto: a generar y regenerar la vida cada día. El Señor quiere formar… corazones abiertos, capaces de grandes impulsos, generosos en la entrega, compasivos en el consuelo de la angustia y firmes en el fortalecimiento de la esperanza. Esto es lo que el sacerdocio y la vida consagrada necesitan, especialmente hoy, en tiempos marcados por la fragilidad y los sufrimientos causados también por la pandemia, que ha suscitado incertidumbre y miedo sobre el futuro y el mismo sentido de la vida”, dijo Gualberti. Para la vocación de San José, según Gualberti, sugiere tres palabras clave. “La primera es sueño. Todos en la vida sueñan con realizarse. De hecho, si pidiéramos a la gente que expresara en una sola palabra el sueño de su vida, no sería difícil imaginar la respuesta: amor. Es el amor el que da sentido a la vida, porque revela su misterio. La vida, en efecto, sólo se tiene si se da, sólo se posee verdaderamente si se entrega plenamente”. Los Evangelios narran cuatro sueños de José. “Eran llamadas divinas, pero no fueron fáciles de acoger. Después de cada sueño, José tuvo que cambiar sus planes y arriesgarse, sacrificando sus propios proyectos para secundar los proyectos misteriosos de Dios. Él confió totalmente”, recordó Gualberti. José se dejó guiar por los sueños sin vacilar, “porque su corazón estaba orientado hacia Dios, ya estaba predispuesto hacia Él. A su vigilante oído interno solo le era suficiente una pequeña señal para reconocer su voz. A Dios no le gusta revelarse de forma espectacular, forzando nuestra libertad. Él nos da a conocer sus planes con suavidad, no nos deslumbra con visiones impactantes, sino que se dirige a nuestra interioridad delicadamente, acercándose íntimamente a nosotros y hablándonos por medio de nuestros pensamientos y sentimientos, señaló. La segunda palabra que marca el itinerario de San José, de acuerdo con el mensaje de Gualberti, es servicio hacia los demás y nunca para sí mismo. Dijo que para San José, el servicio se convirtió en regla de vida cotidiana. con la disponibilidad de quien vive para servir. Se podría decir que era la mano tendida del Padre celestial hacia su Hijo en la tierra. “Me gusta pensar entonces en San José, el custodio de Jesús y de la Iglesia, como custodio de las vocaciones. Este cuidado atento y solícito es el testimonio de una vida tocada por el amor de Dios”, dijo Gualberti. Hay un tercer aspecto que atraviesa la vida de San José y la vocación cristiana: la fidelidad. José es el hombre justo, que en el silencio laborioso de cada día persevera en su adhesión a Dios y a sus planes. En un momento especialmente difícil se pone a considerar todas las cosas. Medita, reflexiona, no se deja dominar por la prisa, no cede a la tentación de tomar decisiones precipitadas, no sigue sus instintos y no vive sin perspectivas, cultiva todo con paciencia porque la vocación, como la vida, solo madura por medio de la fidelidad de cada día. Las primeras palabras que San José escuchó en sueños fueron una invitación a no tener miedo, porque Dios es fiel a sus promesas: José, hijo de David, no temas. No temas: son las palabras que el Señor te dirige también a ti, querida hermana, y a ti, querido hermano, cuando, aun en medio de incertidumbres y vacilaciones, sientes que ya no puedes postergar el deseo de entregarle tu vida. Son las palabras que te repite cuando, allí donde te encuentres, quizás en medio de pruebas e incomprensiones, luchas cada día por cumplir su voluntad. Son las palabras que redescubres cuando, a lo largo del camino de la llamada, vuelves a tu primer amor. Este mensaje del Papa, según Gualberti, es una apremiante invitación para seguir el ejemplo de San José, salir del conformismo de una sociedad que nos quiere poner a todos en el molde la mediocridad, escuchen el llamado que Dios hace en su corazón y miren al ideal noble y alto de entregar su vida, con entusiasmo y generosidad, por el Señor y por el Evangelio. Lea también