Entre colores, historias y miradas que a menudo pasan desapercibidas, este jueves, un grupo de niñas, niños, adolescentes y jóvenes en situación de calle presentó un mural colectivo en la cancha María Auxiliadora, en la zona del Parque Urbano de Santa Cruz de la Sierra. La obra fue creada durante un mes bajo la guía de la artista Cecilia Wilde como parte de un proceso que combinó arte, inclusión y reivindicación de derechos.
El mural nació de talleres abiertos en el espacio público donde la Fundación Alalay trabaja con poblaciones de calle. Allí, la pintura se convirtió en un canal para expresar experiencias personales y exigir acceso efectivo a dos derechos básicos como la la salud y el deporte, fundamentales para el desarrollo y el bienestar.
“A veces, una brocha también puede abrazar”
Durante la inauguración, Wilde compartió la conmovedora experiencia detrás de la obra: “Pintar con quienes viven en la calle fue un acto de encuentro. Vi manos golpeadas por el frío llenarse de color; sonrisas que hacía mucho no aparecían. El arte puede abrazar donde nadie abraza”.
El trabajo conjunto rompió barreras de desconfianza inicial y transformó la calle —muchas veces escenario de indiferencia— en un taller vivo, donde todos fueron parte. Cada trazo fue un mensaje que reclama ser visto.
Arte para reintegrar y visibilizar
La acción forma parte del proyecto Educarte – Educación y Arte para Reintegrarte, impulsado por la Fundación Alalay y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc), en el marco de la iniciativa de un voluntariado respaldado por Naciones Unidas (UN Voluntary Trust Fund for Victims of Human Trafficking) orientado a fortalecer la recuperación y participación social de niñas, niños y adolescentes en situación de riesgo, en La Paz y Santa Cruz.
En ese contexto, representantes de Alalay destacaron que el mural: “Es un espacio de aprendizaje y encuentro. Los jóvenes del programa calle nos recuerdan que son ciudadanos con derechos”.
El Programa Calle de Alalay atiende a menores que enfrentan abandono, violencia, explotación sexual, trabajo infantil o consumo de sustancias controladas, construyendo vínculos de confianza para encaminar procesos de acogida, identidad, educación y salud. La organización suma 35 años de trabajo especializado y más de 16.000 beneficiarios.
Una pared que ya no calla
El mural permanecerá visible para la ciudad como un recordatorio de que quienes viven en la calle tienen voz, sueños y derechos. No es sólo una obra artística, sino un gesto colectivo que busca cambiar miradas y humanizar el espacio urbano.
“El arte no es un lujo; es dignidad. Cada color en esta pared dice: ‘aquí estoy, mírame, cuento’”, es el mensaje de varios de los participantes y beneficiarios de esta iniciativa.