Este 8 de marzo, conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, en reconocimiento de las luchas de las mujeres por obtener derechos básicos y de igualdad de género, en los ámbitos laboral, social y político. En cualquier lugar del mundo, generar y defender espacios saludables y de desarrollo para la existencia sigue siendo un desafío. Los factores como la edad, acceso a recursos, educación, servicios de salud, condiciones de convivencia familiar y social entre otros, definen experiencias diferentes para cada una. En Santa Cruz y en Bolivia, la mayoría de las mujeres hemos experimentado algún tipo de violencia durante nuestra vida. El abuso y acoso a nivel familiar, laboral y comunitario, la violencia física y sexual contra las mujeres, es un grave problema, que tiene un impacto negativo en la salud mental, física y emocional. El acceso limitado a los servicios de salud y educativos de calidad, la pobreza o falta de oportunidades económicas, las consecuencias relacionadas con la migración limitan la capacidad para satisfacer las necesidades básicas, de alcanzar un potencial y de mejorar nuestra calidad de vida. Los contextos familiares y sociales violentos y carentes de oportunidades de desarrollo contribuyen y suman los problemas de salud mental de las mujeres, sobre todo, como ansiedad, depresión, trastornos de estrés postraumático, entre otros. Rol protagónico y de liderazgo Durante la pandemia del Covid-19 y los conflictos sociales vividos en los últimos años, las mujeres hemos tenido un rol protagónico y de liderazgo, tanto socialmente, como al interior de nuestras familias. Hemos soportado altos niveles de estrés, por la sobrecarga de tareas, el miedo, la angustia por la inseguridad en las calles, el dolor por la enfermedad y la pérdida de seres queridos, que ha impactado de manera negativa en nuestro bienestar. Priorizar el autocuidado. Enfocarse en cuidar a los demás, más que a una misma, es agotador. El descanso, una alimentación sana, tiempo para el movimiento físico, el contacto con la naturaleza, y generarse oportunidades de desarrollo personal, son esenciales. Mantener una red de apoyo. Cultivar y cuidar las relaciones con quienes se pueda hablar y confiar, puede ser muy beneficioso para la tranquilidad, reducir el estrés y tener más conexión y pertenencia. Tratarse con consideración. Ser conscientes de cómo estamos física y psicológicamente, para evitar exigirnos más allá de las propias fuerzas, reduce la ansiedad. Hacer frente al estrés. Experimentamos estrés en el trabajo, en la familia, en la calle. Aprender a pausar, conectar con nuestras sensaciones y necesidades y relajar, resolver conflictos, adoptar hábitos saludables y consultar con profesionales de la salud mental, si es necesario.
(Tania Monje, es psicóloga clínica. Atiende en casos de depresión, estrés, ansiedad y de comportamiento)