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La mujer es el más bello poema

Miércoles, 11 de octubre de 2023 a las 07:00

Por Redacción

Adela Zamudio es la protagonista cada 11 de octubre, pero la primera poetisa boliviana fue María Josefa Mujía. Hoy les rendimos homenaje a ellas y a todas las mujeres.

María Josefa, Adela, Lidia, Jeanine, Rosa, Sonia, Rosario, Mabel, Silvia, Aida, Carmiña, y todas las lectoras de Para Ellas representan la creatividad, la inteligencia, el orden, el control y la pasión. La mujer boliviana es valentía, amor y paz. La mujer boliviana es el corazón de la patria.

Desde hace 43 años, el 11 de octubre se instituyó como el Día de la Mujer Boliviana, una fecha que debe celebrarse con mucho orgullo, para reconocer, respetar y hacer válido el aporte de un género que hace mucho dejó de ser débil, porque esa denominación se la dieron los hombres a los que les gusta la guerra.

Y las féminas somos abogadas de paz. Acaso el premio Nobel de la Paz 2023, no ha ido a dar a manos de una mujer. La activista Narges Mohammadi ha sido galardonada por su lucha por nuestros derechos. Una digna representante del género que está en prisión, pero su nombre se encuentra sonando fuerte.

Narges es iraní, no es boliviana, pero es mujer y su lucha es nuestra. “Ella pelea contra la discriminación y la opresión, para tener una vida plena y digna”, dijo Berit Reiss-Andersen, jefa del Comité Noruego del Nobel en Oslo.

La lucha continúa

El Día de la Mujer Boliviana debe entenderse como la oportunidad para obtener la equidad de género, una desigualdad que no permite el avance y que paraliza la construcción de un panorama promisorio para la consolidación de los planes de desarrollo.

Así como plantea otra mujer, desde sus estudios sobre la valiosa fuerza laboral femenina en el mundo entero, la estadounidense Claudia Goldin premiada con el Nobel de Economía.

Que este 11 no sea una fecha más, valoremos el trabajo y la vida de nuestras mujeres obreras, empleadas, profesionales, empresarias, ejecutivas, emprendedoras y artesanas, que con su sacrificio y vocación sostienen las esperanzas de la patria. Que el ejemplo de la profesora y artista Adela Zamudio que luchó con firmeza por la emancipación social e intelectual de la mujer no quede solo en un Decreto. Adela fue ‘Soledad’ como poetisa, porque a través de su arte se expresaba y derribaba muros de intolerancia como pionera del feminismo. Desde el silencio y las sombras, empezó a arremeter firme y sin miedo.

Homenaje a María Josefa Mujía, la primera poetisa boliviana

¿Por qué festejamos?

El Día de la Mujer Boliviana en memoria del nacimiento de Adela Zamudio, si bien la poetisa cochabambina causó revuelo con su obra y sus famosas estrofas del poema Nacer hombre, sus jugosas estrofas y feminismo estridente fueron eco de muchas mujeres que hoy en día hacen uso de esa voz, citan a la autora y escriben sobre ella.

Sin dejarla de un lado, este año haré énfasis en una mujer que fue poeta, escritora, inspiradora y con capacidad de resiliencia extraordinaria y liderada por su amor infinito a su arte: la poesía.

Hoy sería digna de entrevistas, elogiada por sus capacidades extraordinarias para comunicarse y enviar su mensaje claro y contundente al mundo, si bien a veces con un dejo de tristeza o una impronta de su sufrimiento continuo, María Josefa Mujía fue una mujer de carácter introvertido, su vida y producción literaria son fruto de la pasión y la discapacidad que la aquejaba.

María, nació en Sucre, el 25 de noviembre de 1812, primogénita de seis hermanos, hija de un coronel español y una dama chuquisaqueña, poco se sabe de su educación formal, pero era una lectora ávida de la obra de Pedro Calderón de la Barca, poeta y dramaturgo español, que hondará profundo en los deseos posteriores de la joven María.

Un oscuro suceso

“En la capital de Bolivia y en el seno de una familia distinguida existe una solitaria y bella mujer cuyo talento y desgracia han llamado desde pocos años a esta parte la atención de aquella ciudad, la mujer es María Josefa, que gozaba de la luz, de la salud y de la vida, y súbitamente quedó ciega”, refiere el escritor Gabriel René Moreno. A los 14 años, María quedo ciega, de un día al otro vivió en penumbras durante el resto de su vida. A pesar de la repentina ceguera sus manuscritos continuaron con una impecable caligrafía y orden. Su pasión no iba a desaparecer y con la ayuda de su hermano Augusto, su fiel lector y escribiente, somos testigos de su gran obra poética, su antología marcada por el dolor y ausencia de la luz o sensación luminosa como ella también citaba, son poemas atemporales.

Sufrió una inhuma operación a los 34 años. No podemos imaginar el descenso a los infiernos durante la práctica de dicha cirugía que le devolvería la luz.

Su obra trasciende, perteneció al círculo de poetas y artistas del siglo XIX a quienes transmitió su admiración y opinión algunas veces a través de cartas y escritos. A Adolfo Ballivián le escribió una memoria publicada en Sucre, en marzo de 1874. Cuatro cartas memorables a Gabriel René Moreno, cuando vivía en Chile. Su labor no terminó ahí, ya que, en calidad de traductora literaria, tradujo la obra del francés Alphonse de Lamartine.

El recuerdo de ‘una santa’

En julio de 1888, se le apaga la luz por completo a María Josefa, su sobrino Ricardo la recordaría como ‘una santa’.

Vivió 72 años en oscuridad y producción literaria, su ceguera no fue un impedimento para seguir con su arte, sus opiniones y su legado. Los poemas póstumos y homenajes no tardarían en llegar en memoria de la ‘santa’. Adela Zamudio hace referencia a su vida en el poema Soledad o como está titulada en la obra de Zamudio, de la biblioteca del Bicentenario de Bolivia: “A la poetisa María Josefa Mujía Ciega”.

Una vida marcada por un infortunio ocurrido a tan temprana edad son los caminos que le tocaron recorrer a esta grande de las letras bolivianas, su valentía será por siempre recordada, aún queda hoy un rastro icónico de su existencia, un pedacito de vida bien guardado en un sobre que llamaron: Reliquia de una santa. Cabello de María Josefa Mujía, cortado el día de su muerte el 30 de julio 1888.

Ricardo Mujía, su sobrino, atesoró su trenza, el último vestigio de la alondra del dolor, que se encuentra celosamente guardado en el Archivo y Bibliotecas Nacionales de Bolivia.

¡Feliz día de la mujer querida María, donde quiera que estés, tu poesía fue pura luz en mi vida!

Este artículo fue posible consultando los libros: Obra reunida de Adela Zamudio; María Josefa Mujía, de Gustavo Jordán Ríos; Poesía, de Alphonse Lamartine y Reivindicación de los derechos de la mujer, de Mary Wollstonecraft.

Constanza Arata

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