Johanna Christina Teague nació el 8 de marzo 1973 en Estocolmo, Suecia, justo en el Día Internacional de la Mujer. Desempeña el rol de embajadora de Suecia en Bolivia, y transmite una visión profundamente humana en su labor diplomática. Se reconoce por creer en el poder del amor y en la fuerza de nuestra humanidad compartida, valores que guían su convicción de que cada persona tiene la responsabilidad de influir en el mundo hacia un rumbo positivo. Desde esa autenticidad, impulsa a las mujeres a crecer con confianza y resiliencia, creando espacios de solidaridad y liderazgo que trascienden todas las fronteras.
- Hablemos de Johanna Teague, ¿quién la inspira?
Al ser embajadora mi rol se despliega en varias dimensiones: hacia afuera, implica encarnar la política y los valores que Suecia defiende, como la democracia, el desarrollo sostenible y la defensa de los derechos humanos.
Hacia adentro, significa ser líder de mi equipo, acompañar a cada persona para que alcance su máximo potencial y se convierta en la mejor versión de sí mismos.
Y todo esto lo hago desde valores muy personales, ¿y mi inspiración? El amor, el agradecimiento y la humanidad compartida como una forma de entender que todos vivimos en interdependencia. Para mí es importante ser un agente de cambio y aportar a un mundo mejor.
- ¿Cómo funciona la embajada de Suecia en nuestro país?
La embajada trabaja desde tres pilares profundamente conectados. El primero es la promoción de las empresas, soluciones e innovación sueca. El segundo la cooperación, que durante más de 30 años ha acompañado a Bolivia apoyando el desarrollo sostenible, la defensa de los derechos humanos, la igualdad de género y el fortalecimiento institucional. Y el tercero: la promoción cultural, que para mí es una forma muy poderosa de encuentro humano.
-Cuéntanos sobre sus vínculos con Bolivia, ¿cómo llega a participar del Carnaval de Oruro?
Mi vínculo con Bolivia es muy significativo y personal. Llegué primero para hacer mi tesis y luego me quedé trabajando. Fue aquí donde tuve la oportunidad de ser mamá por primera vez de un hijo que ahora me acompaña en espíritu. Y después tuve dos hermosas hijas, Uma y Laura, ambas sueco-bolivianas. Todas estas experiencias me marcaron y por eso siento que Bolivia es mi tierra, mi país.
Sí, bailé en el Carnaval de Oruro inspirada por una amiga. Y realmente lo agradezco, porque bailar me permitió sentir aún más el pulso y la energía de los bolivianos, conectarme espiritualmente con la tierra y su devoción.
El Carnaval de Oruro fue único, fui caporal junto a mi fraternidad ENAF-Pimientas, una comunidad de amor y apoyo impresionante.
- Mucho se habla de la colaboración europea, ¿cómo se está implementando ese apoyo en el país?
Como Europa trabajamos en equipo, y en Bolivia somos cinco países miembros que trabajamos en esa idea. Ahora es importante entender que no se trata únicamente de proyectos aislados, sino de una relación de largo plazo que ha acompañado procesos trascendentales en el país. Hablo en el caso de Suecia.
Nuestro compromiso se ha implementado de manera muy concreta y sostenida: desde 1992 hemos invertido más de 445 millones de euros en Bolivia.
Y así, todos esos recursos de donación a través de la cooperación bilateral y a través de la sociedad civil. Este apoyo se ha enfocado en áreas vitales, como el medio ambiente, derechos humanos, empoderamiento de las mujeres y democracia.
Lastimosamente, por decisiones del gobierno sueco, nos acercamos al cierre de la cooperación bilateral y de la presencia física de la Embajada hacia finales de 2026. Por eso, este año nos enfocamos en cerrar responsablemente y trabajar con cariño. Queremos honrar ese legado que se queda en todo lo construido junto a Bolivia durante décadas, y que permanecerá también en otros puentes con la presencia de empresas suecas en el país, la Red Alumni Sueca y el intercambio cultural.
-¿Qué nos falta a las mujeres, tanto en Suecia como en Bolivia?
¡Nos falta tiempo! (ja, ja, ja). Es una verdad que atraviesa nuestras vidas. Estamos ocupando más espacios en el mundo público, estamos liderando, estamos transformando instituciones y comunidades, pero llegar a esos lugares, y sobre todo mantenerse ahí, sigue siendo un desafío enorme. Y tiene que ver con que ellas continúan cargando con la mayor parte de las responsabilidades del hogar y de los cuidados.
-¿Entonces, qué hacemos?
Mientras esa distribución no sea más equitativa, mientras no tengamos el mismo acceso a recursos como las finanzas, la educación y las oportunidades, siempre estaremos corriendo un poco más para llegar al mismo lugar. Tenemos que ser esa persona que levanta al otro. Es tan simple como preguntar en qué te puedo ayudar.
-¿Qué aconseja a las que sueñan seguir la carrera diplomática?
Todos representamos a nuestro país de alguna manera siendo quienes somos. Formalmente, los embajadores suecos se jubilan alrededor de los 65 años, pero la representación creo yo va más allá de un cargo. Me siento orgullosa y feliz de que el ministerio me haya elegido representante, porque creo que es importante mostrar que se puede construir la diplomacia siendo quién eres, desde tu autenticidad.
Y a las más jóvenes les aconsejo conocerse y ser fieles a sí mismas también, rodearse de una red de apoyo y aceptar que fallar es parte del aprendizaje.