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El pedido de una familia impactada por la tragedia aérea: “No olviden a Yhassir”

Domingo, 08 de marzo de 2026 a las 10:29

Su madre descubrió durante el velorio que su hijo era un gran activista cultural, lo recuerda cantando temas de Alejandro Fernández. Su hermana aún lo considera su protector, el ingenioso rescatista de gatos, poeta y romántico ingeniero eléctrico.

Para los maestros Santiago Valdez Aguilar y Narda Vilaseca Zuleta, junto a su hija menor Dafniz, la pérdida de Yhassir Abdal Valdez Vilaseca en el accidente aéreo del 27 de febrero en El Alto es una mezcla de dolor e impotencia. La familia lamenta no solo la tragedia, sino también lo que consideran una falta de sensibilidad de algunas personas y deficiencias en la respuesta de las autoridades.


Aun así, entre el duelo, han decidido quedarse con lo esencial: el recuerdo de quien fue Yhassir. “Nos encantaba la poesía. Desde los seis años declamábamos juntos, como los hermanos Valdez Vilaseca. Yo inicié muchas cosas por ti, siempre te seguí. Eras mi compañero de aventuras. Quiero que te recuerden así: talentoso, carismático, inteligente, cariñoso, hasta que nos volvamos a encontrar y volvamos a hacer cosas juntos en el cielo, querido hermanito”, escribió Dafniz en un mensaje publicado en su cuenta de la red social Facebook.

Horas de angustia


A eso de las 20:00 del día de la tragedia, una inquietud difícil de explicar se apoderó de la profesora Narda. Relató a EL DEBER que cuando vio las primeras noticias sobre el avión que se había estrellado dos horas antes cerca de la avenida Costanera, en la parte final de la pista del Aeropuerto Internacional de El Alto, su intuición de madre la llevó a decir con preocupación: “Esa es la ruta de mi hijo”.

La corazonada resultó cierta.

Su hijo mayor, Yhassir, había pasado por esa zona poco antes. Días antes incluso le había pedido a su madre que le preparara una torta “rosa negra” para celebrar su cumpleaños número 30, el próximo 25 de marzo


Cada tarde recorría ese trayecto para asistir a clases de ingeniería informática, la segunda carrera que estudiaba. En la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) solo le faltaba la tesis para graduarse en energía electromecánica.


Dafniz recuerda que la última conexión de su hermano en WhatsApp fue a las 18:08, cuando envió a un amigo una fotografía de una calle cubierta por un manto blanco tras una intensa granizada acompañada de relámpagos.


La imagen correspondía a un punto cercano al lugar donde, siete minutos después, el avión Hércules C-130, con matrícula FAB-81, que operaba para Transporte Aéreo Boliviano (TAB), se accidentaría justo luego de aterrizar. La aeronave transportaba 17 toneladas de billetes y, tras impactar, aplastó 15 vehículos, dejando un saldo de al menos 23 fallecidos y 37 heridos. Entre las víctimas estaba Yhassir.


Mientras pasaban los minutos sin respuesta a las llamadas, la preocupación de Narda crecía. Dafniz trataba de tranquilizarla y escribió en el grupo familiar que tal vez Yhassir no respondía porque estaba en clase. Era probable.

La dolorosa respuesta 


Pasadas las 22:00, el teléfono de Yhassir finalmente respondió. Pero no era él. Un policía atendió la llamada y, con un tono seco, informó que el celular había sido hallado entre los escombros del accidente.


La familia emprendió entonces un viaje desesperado hacia Río Seco, el barrio próximo al accidente y luego recorrió los pasillos del Hospital del Norte, donde fueron trasladados varios heridos y cuerpos de las víctimas.


En medio de la confusión inicial, recuerda Dafniz, no lograron identificar de inmediato el cuerpo de su hermano. En el lugar del accidente le habían retirado documentos y pertenencias, y el rostro presentaba graves heridas. La sangre y el barro en la ropa dificultaban reconocer su vestimenta.


Aferrados a la esperanza de que no estuviera entre los fallecidos, permanecieron hasta cerca de la una de la madrugada esperando verlo entrar entre los heridos. No ocurrió.

En una segunda revisión, y tras una identificación parcial realizada por la Policía, la familia reconoció en uno de los cuerpos las cicatrices que Yhassir tenía desde antes. “Fue un shock tremendo. Los policías incluso nos pidieron salir porque la conmoción fue muy fuerte”, relató Dafniz.


La familia también recuerda momentos de tensión en el hospital. Según Dafniz, cuando su padre sufrió una descompensación por el impacto emocional, el trato del personal médico fue distante. “Era obvio que se va a poner mal porque ha muerto alguien”, recuerda como una de las frases que escuchó.

Desinformación oficial


Pese a que la Policía había identificado a Yhassir, su nombre no apareció inicialmente en las listas oficiales difundidas por el Gobierno al día siguiente del accidente. Durante varios días figuró como “NN” entre las víctimas.
La familia se vio obligada a recurrir a medios de comunicación para que el Ministerio de Salud actualizara la información oficial.
El dolor no terminó ahí.
Cuando el lunes regresaron al lugar del accidente, encontraron una escena que les resultó difícil de procesar. Cientos de personas escarbaban entre los restos en busca de billetes o piezas del avión para vender como chatarra.
Mientras tanto, Santiago, Narda y Dafniz recogían piedras para improvisar un pequeño altar en memoria de Yhassir, donde dejaron flores blancas.

“Un gran ser humano”


Al conversar con EL DEBER, la familia hizo una pausa y pidió dejar de lado lo negativo para recordar quién era realmente Yhassir.


“Tenía amigos en el exterior con los que jugaba en línea, pero también le gustaba cantar. Era romántico, le encantaban las canciones de Alejandro Fernández, por eso le llevé mariachis al velorio”, contó Narda con emoción.


La despedida reunió a muchas más personas de las que ella imaginaba.


“No había visto tanta gente antes en un velorio. A veces los hijos no nos cuentan todo a los papás. Ahí me enteré de que Yhassir tenía muchas actividades, era consultor y también tenía grupos dedicados a ayudar a otros. Vino a despedirlo mucha gente que yo no conocía”, relató. La madre también pidió a las autoridades que permitan el acceso al terreno donde cayó la aeronave para poder llevar flores y bendecir el lugar, como parte de la tradición familiar. Recuerda a su hijo de niño, armando y desarmando juguetes, una curiosidad que con el tiempo se transformó en su vocación por la ingeniería.


Para Dafniz, su hermano sigue siendo su mayor protector. Lo recuerda como un ingenioso rescatista de gatos, un consejero optimista y un apasionado hincha atigrado, como su abuelo.
Aunque Yhassir no llegó a cumplir su sueño de ir al estadio a ver un clásico con toda la familia, dejó otras huellas profundas. Cuando Dafniz enfermó hace algunos años, él se convirtió en su principal apoyo. Aún guarda como un poema una de sus promesas:
“Si tengo que arriesgar mi felicidad por ti, lo voy a hacer”.

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