El canciller Fernando Aramayo ya está en Miami. Partió ayer para aterrizar la agenda y avanzar en las temáticas que se abordarán en la cumbre Escudo de las Américas. Allí se prevé una bilateral entre el presidente Rodrigo Paz y el mandatario de Estados Unidos (EE.UU.), Donald Trump.
La reunión, que se desarrollará este sábado 7 de marzo, ha activado expectativas en el sector empresarial boliviano y en analistas de política exterior, que ven en la cita una oportunidad para reactivar el comercio, atraer inversiones y reposicionar a Bolivia en el tablero hemisférico. La propia Casa Blanca confirmó el encuentro y anunció la presencia de mandatarios de al menos 12 países del hemisferio occidental.
En Bolivia, el foco de las expectativas está en el comercio. El presidente de la Federación de Empresarios Privados de La Paz, Rolando Kempff, sostuvo que el viaje del mandatario boliviano puede abrir un canal para reencauzar la relación económica con Washington y, sobre todo, para poner sobre la mesa el retorno al ATPDEA, el programa de preferencias arancelarias andinas que en el pasado permitió el ingreso de productos bolivianos al mercado estadounidense con ventajas tributarias.
“Estamos esperanzados de que en las reuniones que tendrá el presidente Paz se pueda gestionar el retorno al ATPDEA”, afirmó Kempff. Recordó que ese esquema llegó a sostener exportaciones cercanas a los $us 500 millones anuales, con una base productiva marcada por textiles, artesanías, café, cacao y quinua, especialmente desde pequeñas y medianas empresas.
El encuentro de Miami también tendrá una lectura geopolítica. Según la confirmación de la Casa Blanca, Trump recibirá a jefes de Estado de países como Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Honduras, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago, entre otros. En ese contexto, la presencia de Bolivia será observada como una señal de alineamientos en América Latina. Mientras varios gobiernos de la región se muestran más cercanos a Washington, otras potencias como Brasil, México y Colombia mantienen vínculos económicos más intensos con China, un factor que cruza la agenda de seguridad y la disputa de influencia en el hemisferio.
El economista y diplomático Windsor Hernani sostuvo que la asistencia de Bolivia era casi una obligación diplomática, pero advirtió que el Gobierno debe llegar con objetivos concretos. “Espero que la Cancillería tenga una estrategia. Esto implica costos y beneficios”, señaló. Advirtió que Bolivia debería definir con claridad qué pedirá a EE.UU., desde facilidades comerciales hasta mecanismos de cooperación económica más rápidos, en vez de apostar por acuerdos complejos que toman varios años.
Hernani también apuntó a un factor sensible, que es el relacionamiento con China como acreedor relevante de Bolivia. En su criterio, un giro pragmático es posible, pero exige cálculo diplomático. “En diplomacia todo es de ida y vuelta”. Y agregó una alerta interna sobre la necesidad de completar el mapa de la representación exterior, porque “hacen falta embajadores”. En su visión, esta ausencia puede debilitar la gestión y empujar a la improvisación en una agenda internacional cada vez más exigente.
Para el diplomático de carrera Rodrigo Burgoa, quien es parte del Laboratorio de Análisis de Política, Relaciones Internacionales y Diplomacia (Laprid), la cumbre debe servir para abrir mercados, inversión y cooperación.
Burgoa coincidió en que el ATPDEA es una referencia clave para la diversificación productiva y anticipó que en Miami también aparecerá el tema de la cooperación antidrogas, uno de los pilares históricos de la relación bilateral. Al mismo tiempo, advirtió que todo ocurre bajo el telón de fondo de la guerra comercial y estratégica entre EE.UU. y China, que presiona a los países de la región a definir prioridades y márgenes de negociación. En esa lógica, señaló que Bolivia podría intentar “sacar tajada” del momento con mejores condiciones de acceso al mercado estadounidense, señales de inversión y programas de cooperación, en un contexto económico que el propio entorno diplomático considera frágil.
Con la cita de Miami, el Gobierno de Paz busca reposicionar al país en el escenario internacional. La expectativa, sin embargo, se concentra en un factor: que Bolivia llegue a la cumbre con una agenda negociadora definida y con prioridades claras —comercio, inversión y cooperación— en un tablero donde la seguridad, la migración y la competencia geopolítica vuelven a dominar la conversación hemisférica.