Por el Día Internacional de la Mujer nos dimos a la tarea de hacer una radiografía sobre cómo es la mujer boliviana. ¿Cuál fue el resultado? Es algo que ya nos imaginábamos: es emprendedora, resiliente y cuidadora del hogar. Su mayor amenaza es la violencia doméstica y en el ámbito de la salud el Estado está en deuda con ella.
Las mujeres en Bolivia son 5.899.300 (representan el 49,8% de la población), tienen en promedio dos hijos (según el censo de 2024) y su esperanza de vida llega hasta los 71 años.
Un 76% tiene al castellano como su lengua materna, mientras que un 23,7% habla otros de los idiomas del Estado Plurinacional (IEP).
Antes que nada, hay que hacer notar que debido la falta de data oficial que permita tener una fotografía más clara de las bolivianas, echamos mano de las cifras de otras instituciones que trabajan por la promoción de la mujer, por citar algunos: ONU Mujeres, Banco Mundial, Pro Mujer, Organización Internacional del Trabajo, Instituto de la Mujer Emprendedora, Coordinadora de la Mujer, Cepal, BID, etc.
La salud y la mujer
La realidad es que la mujer siempre se deja en segundo lugar cuando se trata de atender su propia salud. Prioriza el cuidado de su familia y eso está mal porque cuando una mujer se enferma se detiene su emprendimiento y la familia, entonces es clave que las mujeres estén sanas.
Pero la realidad es otra. Según ONU Mujeres, las muertes relacionadas con la maternidad en edad reproductiva representan el 8%, es decir, 420 mujeres por año. En el mundo el porcentaje es de 4% y en Latinoamérica es del 10%.
Además, en nuestro país hay 1.600 mujeres con cáncer de mama al año y 514 mueren (una de cada tres), pese a que esta ya es una enfermedad prevenible y curable. Los datos los proporcionó la Fundación Arturo López Pérez, de Chile, que ha extendido sus servicios oncológicos a Bolivia.
Pero el cáncer que más las amenaza es el de cuello uterino y su estadística no es esperanzadora, pues mueren 56 mujeres por cada 100 mil (datos de la Organización Mundial de la Salud del año 2023). Este tipo de cáncer también es prevenible, pero la escasa información, el pudor y la falta de acceso y educación todavía siguen siendo los principales obstáculos para que una boliviana se someta a un papanicolau, un procedimiento rutinario y sencillo.
ONU Mujeres ha alertado que el 50% de las mujeres en edad reproductiva no tienen sus necesidades de planificación familiar satisfechas, en África y Latinoamérica, principalmente.
En Bolivia, la planificación familiar enfrenta desafíos significativos, influenciados por factores sociales y culturales que limitan la autonomía de las mujeres en la toma de decisiones sobre su maternidad. Según la Encuesta de Demografía y Salud de 2016, las adolescentes que viven en pareja son las que en mayor proporción no utilizan ningún método anticonceptivo en comparación con mujeres de mayor edad.
El emprendedurismo tiene rostro de mujer
Según la Coordinadora de la Mujer, 47% de los emprendimientos en Bolivia son liderados por mujeres, pese a que nuestro país ocupa el puesto 11 de 15 países en la región en los que existen condiciones favorables para emprender (este último dato es de ONU Mujeres).
Pero el 72% se encuentra en fase inicial de su emprendimiento (Coordinadora de la Mujer).
Natasha Ferrari, directora de Comunicación de Pro Mujer, institución que existe desde 1990 en Bolivia, impulsando la igualdad de género y la promoción de la mujer, describe a nuestras mujeres como dotadas de un gran sentido de la resiliencia. “En general todas las historias que nos encontramos día a día son de mujeres sumamente resilientes que tienen una capacidad muy grande de reinventarse, se adaptan al contexto de manera extraordinaria, con el objetivo de sacar adelante a su familia y de mejorar su calidad de vida y la de su entorno”.
Ferrari es enfática: son sumamente trabajadoras y mueven la economía del país.
Según el Instituto de la Mujer Emprendedora, basado en un estudio de 2023, 76% de las mujeres con un pequeño negocio se autoidentifica como jefa de hogar.
Sobre ese punto, el Instituto Nacional de Estadística (INE), con proyecciones a 2023, informaba que el 82,5% de las mujeres en general es jefa de hogares monoparentales (con un solo progenitor con hijos).
Pero si se trata de las mujeres emprendedoras, el 76% afirma que es jefa de hogar y que ha emprendido ante la necesidad económica y la flexibilidad de tiempo que le permite tener un negocio propio (aquí otra vez nos topamos con el cuidado del hogar y los hijos).
Y sus ingresos rondan los Bs 2.363 al mes, cuando el promedio del ciudadano boliviano es de Bs 2.777 (aunque los varones ganan por encima, es decir Bs 3.029), según data oficial del INE de 2017. Lo cual las deja prácticamente en el margen del salario mínimo nacional que actualmente es de Bs 2.164.
Las mejores pagadas están en puestos directivos, llegando a percibir tan solo Bs 5.181 y las que peores ingresos tienen trabajan en la agricultura, percibiendo Bs 629 (INE 2017).
Según el Banco Mundial, un 20% de las mujeres bolivianas no tienen un trabajo remunerado y esto se explica debido a las responsabilidades en quehaceres domésticos y el cuidado de los hijos.
Según un estudio elaborado por el Instituto de la Mujer Emprendedora, 41% de las encuestadas tiene personas dependientes bajo su cuidado, siendo la ciudad de El Alto la que presenta el mayor porcentaje (47%), seguida de Santa Cruz (46%).
Además, los ingresos de ellas se reducen en un 50% después de tener su primer hijo (BID).
Una vez establecidas en una vida con familia propia, el 11% de las que viven en zonas urbanas no tienen ingresos propios y el 14% de las que están en áreas rurales, tampoco (Cepal).
Hay una deuda con la calidad de vida de ellas
Las bolivianas no tienen un trabajo, sino dos. Cuando apagan la luz de su negocio o trabajo, llegan a su casa y tienen que encargarse de las tareas de cuidado de sus dependientes (hijos o adultos mayores) y de las labores del hogar (limpiar, cocinar, lavar, etc.).
Según ONU Mujeres, las féminas de nuestro país pasan el 23% de su tiempo desarrollando labores domésticas y de cuidado sin salario, frente al 13% que destinan los hombres.
Ferrari, de Pro Mujer, cree que esas tareas no remuneradas bien podrían convertirse en remuneradas y así incluso podría elevarse el PIB (Producto Interno Bruto) del país.
La violencia doméstica es su peor enemigo
Pro Mujer se basa en la data del Banco Mundial para entender por qué en nuestro país la violencia de género la tuvieron que tomar en cuenta (ya no solo inclusión financiera y servicios de salud) para poder tener éxito en la promoción de ellas. Una de cuatro ha sido víctima de violencia física o sexual por parte de su pareja y en la institución lo palpan a diario.
Luego de establecer el servicio de auxilio Mujer Segura, Natasha Ferrari informa que han recibido más de 30.000 llamadas telefónicas de mujeres en situación de violencia (desde 2020, en el ámbito de la pandemia) y han ejecutado más de 7.000 asistencias presenciales en Bolivia (Desde 2021).
Y la data de la Fiscalía General del Estado es más abrumadora aún: en 2023 se generaron 48.700 delitos relacionados con violencia basada en género y en 2024 Bolivia cerró con 84 víctimas de feminicidio.
La curva empezó a ascender desde 2013 (31 casos), tuvo su punto máximo en 2017 (155 casos) y se ha ido manteniendo alrededor del centenar en la última década (Observatorio de Justicia y Género).
Fortalezas y debilidades de la emprendedora boliviana
Para Xiomara Zambrana, directora del Instituto de la Mujer Emprendedora, que funciona bajo el paraguas de la Unifranz, y que han beneficiado a 13.649 mujeres desde su creación en 2017, si bien las mujeres que deciden emprender lo hacen por necesidad económica y por tener la flexibilidad de poder tener tiempo para cuidar a los hijos, destaca que ellas tienen el objetivo claro de que también persiguen una independencia económica.
“Quieren superar un desafío personal, de que ellas pueden lograr lo que se proponen. No es que solo necesitan el dinero, va más allá de eso, tiene que ver con un desafío de superación personal, de creer que yo lo puedo hacer y lograr así esa independencia económica tan anhelada”.
Otra fortaleza de las mujeres emprendedoras es que suelen emplear a familiares o a otras personas a su alrededor y así el progreso se irradia, “se beneficia de manera directa e indirecta también a su comunidad, al espacio de donde ella venga”, destaca Zambrana.
En cuanto a las debilidades, salta a la vista la falta de formación, en especial a la hora de dividir las finanzas familiares o personales de las finanzas de la empresa. “Esta falta de preparación en temas financieros, contables, también le juegan en contra a las mujeres emprendedoras porque se pierde plata, no se sabe hacer un buen flujo de carga, de cuánto ingresa, de cuánto egresa. La mayoría sigue tomando nota en cuadernitos, todavía no están tan digitalizadas”.
Y si está con su negocio desde lo formal, no siempre tiene conocimiento de cuáles son las reglas de juego.
Otra debilidad es la tecnología, que es algo a lo que todavía no le sabe sacar provecho, como por ejemplo para automatizar ciertas cosas, explica Zambrana: “en vez de contratar a tres personas, lo podría resolver con tecnología. Mientras que las aguas del marketing digital ellas las navegan mejor, pero si tuvieran mayor asesoramiento de esto, podrían hacerlo de manera más rápida”.
Por último, no tienen suficientes redes de contacto, no de amigos, sino de negocio, “todavía las mujeres somos mucho más operativas que estratégicas, esa es una debilidad que hay que trabajar”.
Para finalizar, nuestras mujeres bolivianas buscan mejores días para ellas y sus familias, son cuidadoras de los suyos, resilientes y se adaptan a las circunstancias. Solo falta que todos sepamos que si ellas están bien, lo estará toda la familia.
La realidad es que la mujer siempre se deja en segundo lugar cuando se trata de atender su propia salud. Prioriza el cuidado de su familia y eso está mal porque cuando una mujer se enferma se detiene su emprendimiento y la familia, entonces es clave que las mujeres estén sanas.
Pero la realidad es otra. Según ONU Mujeres, las muertes relacionadas con la maternidad en edad reproductiva representan el 8%, es decir, 420 mujeres por año. En el mundo el porcentaje es de 4% y en Latinoamérica es del 10%.
Además, en nuestro país hay 1.600 mujeres con cáncer de mama al año y 514 mueren (una de cada tres), pese a que esta ya es una enfermedad prevenible y curable. Los datos los proporcionó la Fundación Arturo López Pérez, de Chile, que ha extendido sus servicios oncológicos a Bolivia.
Pero el cáncer que más las amenaza es el de cuello uterino y su estadística no es esperanzadora, pues mueren 56 mujeres por cada 100 mil (datos de la Organización Mundial de la Salud del año 2023). Este tipo de cáncer también es prevenible, pero la escasa información, el pudor y la falta de acceso y educación todavía siguen siendo los principales obstáculos para que una boliviana se someta a un papanicolau, un procedimiento rutinario y sencillo.
ONU Mujeres ha alertado que el 50% de las mujeres en edad reproductiva no tienen sus necesidades de planificación familiar satisfechas, en África y Latinoamérica, principalmente.
En Bolivia, la planificación familiar enfrenta desafíos significativos, influenciados por factores sociales y culturales que limitan la autonomía de las mujeres en la toma de decisiones sobre su maternidad. Según la Encuesta de Demografía y Salud de 2016, las adolescentes que viven en pareja son las que en mayor proporción no utilizan ningún método anticonceptivo en comparación con mujeres de mayor edad.
Según la Coordinadora de la Mujer, 47% de los emprendimientos en Bolivia son liderados por mujeres, pese a que nuestro país ocupa el puesto 11 de 15 países en la región en los que existen condiciones favorables para emprender (este último dato es de ONU Mujeres).
Pero el 72% se encuentra en fase inicial de su emprendimiento (Coordinadora de la Mujer).
Natasha Ferrari, directora de Comunicación de Pro Mujer, institución que existe desde 1990 en Bolivia, impulsando la igualdad de género y la promoción de la mujer, describe a nuestras mujeres como dotadas de un gran sentido de la resiliencia. “En general todas las historias que nos encontramos día a día son de mujeres sumamente resilientes que tienen una capacidad muy grande de reinventarse, se adaptan al contexto de manera extraordinaria, con el objetivo de sacar adelante a su familia y de mejorar su calidad de vida y la de su entorno”.
Ferrari es enfática: son sumamente trabajadoras y mueven la economía del país.
Según el Instituto de la Mujer Emprendedora, basado en un estudio de 2023, 76% de las mujeres con un pequeño negocio se autoidentifica como jefa de hogar.
Sobre ese punto, el Instituto Nacional de Estadística (INE), con proyecciones a 2023, informaba que el 82,5% de las mujeres en general es jefa de hogares monoparentales (con un solo progenitor con hijos).
Pero si se trata de las mujeres emprendedoras, el 76% afirma que es jefa de hogar y que ha emprendido ante la necesidad económica y la flexibilidad de tiempo que le permite tener un negocio propio (aquí otra vez nos topamos con el cuidado del hogar y los hijos).
Y sus ingresos rondan los Bs 2.363 al mes, cuando el promedio del ciudadano boliviano es de Bs 2.777 (aunque los varones ganan por encima, es decir Bs 3.029), según data oficial del INE de 2017. Lo cual las deja prácticamente en el margen del salario mínimo nacional que actualmente es de Bs 2.164.
Las mejores pagadas están en puestos directivos, llegando a percibir tan solo Bs 5.181 y las que peores ingresos tienen trabajan en la agricultura, percibiendo Bs 629 (INE 2017).
Según el Banco Mundial, un 20% de las mujeres bolivianas no tienen un trabajo remunerado y esto se explica debido a las responsabilidades en quehaceres domésticos y el cuidado de los hijos.
Según un estudio elaborado por el Instituto de la Mujer Emprendedora, 41% de las encuestadas tiene personas dependientes bajo su cuidado, siendo la ciudad de El Alto la que presenta el mayor porcentaje (47%), seguida de Santa Cruz (46%).
Además, los ingresos de ellas se reducen en un 50% después de tener su primer hijo (BID).
Una vez establecidas en una vida con familia propia, el 11% de las que viven en zonas urbanas no tienen ingresos propios y el 14% de las que están en áreas rurales, tampoco (Cepal).
Hay una deuda con la calidad de vida de ellas
Las bolivianas no tienen un trabajo, sino dos. Cuando apagan la luz de su negocio o trabajo, llegan a su casa y tienen que encargarse de las tareas de cuidado de sus dependientes (hijos o adultos mayores) y de las labores del hogar (limpiar, cocinar, lavar, etc.).
Según ONU Mujeres, las féminas de nuestro país pasan el 23% de su tiempo desarrollando labores domésticas y de cuidado sin salario, frente al 13% que destinan los hombres.
Ferrari, de Pro Mujer, cree que esas tareas no remuneradas bien podrían convertirse en remuneradas y así incluso podría elevarse el PIB (Producto Interno Bruto) del país.
La violencia doméstica es su peor enemigo
Pro Mujer se basa en la data del Banco Mundial para entender por qué en nuestro país la violencia de género la tuvieron que tomar en cuenta (ya no solo inclusión financiera y servicios de salud) para poder tener éxito en la promoción de ellas. Una de cuatro ha sido víctima de violencia física o sexual por parte de su pareja y en la institución lo palpan a diario.
Luego de establecer el servicio de auxilio Mujer Segura, Natasha Ferrari informa que han recibido más de 30.000 llamadas telefónicas de mujeres en situación de violencia (desde 2020, en el ámbito de la pandemia) y han ejecutado más de 7.000 asistencias presenciales en Bolivia (Desde 2021).
Y la data de la Fiscalía General del Estado es más abrumadora aún: en 2023 se generaron 48.700 delitos relacionados con violencia basada en género y en 2024 Bolivia cerró con 84 víctimas de feminicidio.
La curva empezó a ascender desde 2013 (31 casos), tuvo su punto máximo en 2017 (155 casos) y se ha ido manteniendo alrededor del centenar en la última década (Observatorio de Justicia y Género).
Fortalezas y debilidades de la emprendedora boliviana
Para Xiomara Zambrana, directora del Instituto de la Mujer Emprendedora, que funciona bajo el paraguas de la Unifranz, y que han beneficiado a 13.649 mujeres desde su creación en 2017, si bien las mujeres que deciden emprender lo hacen por necesidad económica y por tener la flexibilidad de poder tener tiempo para cuidar a los hijos, destaca que ellas tienen el objetivo claro de que también persiguen una independencia económica.
“Quieren superar un desafío personal, de que ellas pueden lograr lo que se proponen. No es que solo necesitan el dinero, va más allá de eso, tiene que ver con un desafío de superación personal, de creer que yo lo puedo hacer y lograr así esa independencia económica tan anhelada”.
Otra fortaleza de las mujeres emprendedoras es que suelen emplear a familiares o a otras personas a su alrededor y así el progreso se irradia, “se beneficia de manera directa e indirecta también a su comunidad, al espacio de donde ella venga”, destaca Zambrana.
En cuanto a las debilidades, salta a la vista la falta de formación, en especial a la hora de dividir las finanzas familiares o personales de las finanzas de la empresa. “Esta falta de preparación en temas financieros, contables, también le juegan en contra a las mujeres emprendedoras porque se pierde plata, no se sabe hacer un buen flujo de carga, de cuánto ingresa, de cuánto egresa. La mayoría sigue tomando nota en cuadernitos, todavía no están tan digitalizadas”.
Y si está con su negocio desde lo formal, no siempre tiene conocimiento de cuáles son las reglas de juego.
Otra debilidad es la tecnología, que es algo a lo que todavía no le sabe sacar provecho, como por ejemplo para automatizar ciertas cosas, explica Zambrana: “en vez de contratar a tres personas, lo podría resolver con tecnología. Mientras que las aguas del marketing digital ellas las navegan mejor, pero si tuvieran mayor asesoramiento de esto, podrían hacerlo de manera más rápida”.
Por último, no tienen suficientes redes de contacto, no de amigos, sino de negocio, “todavía las mujeres somos mucho más operativas que estratégicas, esa es una debilidad que hay que trabajar”.
Para finalizar, nuestras mujeres bolivianas buscan mejores días para ellas y sus familias, son cuidadoras de los suyos, resilientes y se adaptan a las circunstancias. Solo falta que todos sepamos que si ellas están bien, lo estará toda la familia.
Las bolivianas no tienen un trabajo, sino dos. Cuando apagan la luz de su negocio o trabajo, llegan a su casa y tienen que encargarse de las tareas de cuidado de sus dependientes (hijos o adultos mayores) y de las labores del hogar (limpiar, cocinar, lavar, etc.).
Según ONU Mujeres, las féminas de nuestro país pasan el 23% de su tiempo desarrollando labores domésticas y de cuidado sin salario, frente al 13% que destinan los hombres.
Ferrari, de Pro Mujer, cree que esas tareas no remuneradas bien podrían convertirse en remuneradas y así incluso podría elevarse el PIB (Producto Interno Bruto) del país.
Pro Mujer se basa en la data del Banco Mundial para entender por qué en nuestro país la violencia de género la tuvieron que tomar en cuenta (ya no solo inclusión financiera y servicios de salud) para poder tener éxito en la promoción de ellas. Una de cuatro ha sido víctima de violencia física o sexual por parte de su pareja y en la institución lo palpan a diario.
Luego de establecer el servicio de auxilio Mujer Segura, Natasha Ferrari informa que han recibido más de 30.000 llamadas telefónicas de mujeres en situación de violencia (desde 2020, en el ámbito de la pandemia) y han ejecutado más de 7.000 asistencias presenciales en Bolivia (Desde 2021).
Y la data de la Fiscalía General del Estado es más abrumadora aún: en 2023 se generaron 48.700 delitos relacionados con violencia basada en género y en 2024 Bolivia cerró con 84 víctimas de feminicidio.
La curva empezó a ascender desde 2013 (31 casos), tuvo su punto máximo en 2017 (155 casos) y se ha ido manteniendo alrededor del centenar en la última década (Observatorio de Justicia y Género).
Fortalezas y debilidades de la emprendedora boliviana
Para Xiomara Zambrana, directora del Instituto de la Mujer Emprendedora, que funciona bajo el paraguas de la Unifranz, y que han beneficiado a 13.649 mujeres desde su creación en 2017, si bien las mujeres que deciden emprender lo hacen por necesidad económica y por tener la flexibilidad de poder tener tiempo para cuidar a los hijos, destaca que ellas tienen el objetivo claro de que también persiguen una independencia económica.
“Quieren superar un desafío personal, de que ellas pueden lograr lo que se proponen. No es que solo necesitan el dinero, va más allá de eso, tiene que ver con un desafío de superación personal, de creer que yo lo puedo hacer y lograr así esa independencia económica tan anhelada”.
Otra fortaleza de las mujeres emprendedoras es que suelen emplear a familiares o a otras personas a su alrededor y así el progreso se irradia, “se beneficia de manera directa e indirecta también a su comunidad, al espacio de donde ella venga”, destaca Zambrana.
En cuanto a las debilidades, salta a la vista la falta de formación, en especial a la hora de dividir las finanzas familiares o personales de las finanzas de la empresa. “Esta falta de preparación en temas financieros, contables, también le juegan en contra a las mujeres emprendedoras porque se pierde plata, no se sabe hacer un buen flujo de carga, de cuánto ingresa, de cuánto egresa. La mayoría sigue tomando nota en cuadernitos, todavía no están tan digitalizadas”.
Y si está con su negocio desde lo formal, no siempre tiene conocimiento de cuáles son las reglas de juego.
Otra debilidad es la tecnología, que es algo a lo que todavía no le sabe sacar provecho, como por ejemplo para automatizar ciertas cosas, explica Zambrana: “en vez de contratar a tres personas, lo podría resolver con tecnología. Mientras que las aguas del marketing digital ellas las navegan mejor, pero si tuvieran mayor asesoramiento de esto, podrían hacerlo de manera más rápida”.
Por último, no tienen suficientes redes de contacto, no de amigos, sino de negocio, “todavía las mujeres somos mucho más operativas que estratégicas, esa es una debilidad que hay que trabajar”.
Para finalizar, nuestras mujeres bolivianas buscan mejores días para ellas y sus familias, son cuidadoras de los suyos, resilientes y se adaptan a las circunstancias. Solo falta que todos sepamos que si ellas están bien, lo estará toda la familia.
Para Xiomara Zambrana, directora del Instituto de la Mujer Emprendedora, que funciona bajo el paraguas de la Unifranz, y que han beneficiado a 13.649 mujeres desde su creación en 2017, si bien las mujeres que deciden emprender lo hacen por necesidad económica y por tener la flexibilidad de poder tener tiempo para cuidar a los hijos, destaca que ellas tienen el objetivo claro de que también persiguen una independencia económica.
“Quieren superar un desafío personal, de que ellas pueden lograr lo que se proponen. No es que solo necesitan el dinero, va más allá de eso, tiene que ver con un desafío de superación personal, de creer que yo lo puedo hacer y lograr así esa independencia económica tan anhelada”.
Otra fortaleza de las mujeres emprendedoras es que suelen emplear a familiares o a otras personas a su alrededor y así el progreso se irradia, “se beneficia de manera directa e indirecta también a su comunidad, al espacio de donde ella venga”, destaca Zambrana.
En cuanto a las debilidades, salta a la vista la falta de formación, en especial a la hora de dividir las finanzas familiares o personales de las finanzas de la empresa. “Esta falta de preparación en temas financieros, contables, también le juegan en contra a las mujeres emprendedoras porque se pierde plata, no se sabe hacer un buen flujo de carga, de cuánto ingresa, de cuánto egresa. La mayoría sigue tomando nota en cuadernitos, todavía no están tan digitalizadas”.
Y si está con su negocio desde lo formal, no siempre tiene conocimiento de cuáles son las reglas de juego.
Otra debilidad es la tecnología, que es algo a lo que todavía no le sabe sacar provecho, como por ejemplo para automatizar ciertas cosas, explica Zambrana: “en vez de contratar a tres personas, lo podría resolver con tecnología. Mientras que las aguas del marketing digital ellas las navegan mejor, pero si tuvieran mayor asesoramiento de esto, podrían hacerlo de manera más rápida”.
Por último, no tienen suficientes redes de contacto, no de amigos, sino de negocio, “todavía las mujeres somos mucho más operativas que estratégicas, esa es una debilidad que hay que trabajar”.