A las 12:00 en punto de ayer, cuando el reloj marcó “la hora sagrada”, La Paz volvió a cumplir con un ritual que atraviesa al menos tres siglos de historia. La Feria de la Alasita 2026 abrió sus puertas con la compra de billetitos y miniatura, objetos que simbolizan los deseos y proyectos que se esperan concretar en el año.
Minutos antes del mediodía, el presidente Rodrigo Paz Pereira salió de Palacio Quemado hacia la plaza Murillo para celebrar la llegada del Ekeko, el “dios de la abundancia” y figura central de esta fiesta de la miniatura. Acompañado por su esposa y un fuerte resguardo, el mandatario se mezcló con la gente, intercambió billetes del “Banco de la Fortuna”, recibió obsequios pequeños y saludos de buen augurio.
La escena condensó el espíritu de la Alasita que es un sincretismo entre la cosmovisión andina, la fe católica y la creatividad artesanal urbana. En aimara, alasita significa “cómprame”, y cada miniatura —desde casas y alimentos hasta títulos profesionales— se convierte en un amuleto de prosperidad cuando es bendecida junto a la illa, la representación ancestral del Ekeko
Frente al templo, sacerdotes católicos bendijeron las miniaturas y al propio presidente, mientras cientos de personas buscaban recibir un billetito como señal de buena suerte.
La inauguración oficial se realizó en el Parque Urbano Central, con autoridades municipales y nacionales, y la participación de artesanos de la Alasita. Aunque la festividad nació en La Paz y fue reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, hoy se extiende a Santa Cruz, El Alto y varias regiones del país, e incluso a comunidades bolivianas en el exterior.
Como cada 24 de enero, a mediodía, Bolivia volvió a comprar en miniatura la esperanza de un año mejor.