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Soy yo, pero diferente

Viernes, 20 de marzo de 2026 a las 04:00

En el camino de la vida las personas tendemos a etiquetar y a determinarnos a nosotros mismos. Nos hacemos daño y hacemos daño cuando perdemos la capacidad de admiración y de sorpresa. Por eso pensar mal de los demás, es pensar mal de uno mismo. Porque con el juicio con que juzgas, serás juzgado; y con la medida con que mides, serás medido” Mateo 7,2. t.

Por eso siempre nos toca volver a la comprensión hacia quienes no entendemos y a dejarnos sorprender ante el que estaba mal y ahora felizmente está bien. Y esto aplica a diferentes ámbitos en la vida. Pongamos un ejemplo político: las personas realmente deberíamos votar por quien consideramos, tenemos un derecho a ejercer. Sin embargo, las personas preguntan, quién va arriba en la encuesta. Y entonces se ejerce el voto hacia los que puntean en los resultados estadísticos.

Por eso cada vez que se hace una elección con libertad aparecen las sorpresas, nuevos rostros, nuevos contenidos, nuevas maneras de ver la vida. Y así desistimos de la crítica que reza: siempre los mismos de los mismos. O siempre se hace lo mismo. 

Romper estructuras anquilosadas y desactualizadas es difícil, pero más difícil es creer en la posibilidad de cambio y mejora en los demás y en uno mismo. Por eso cuando uno acepta realizar algunos cambios se producen nuevas experiencias y relaciones. 

Hoy quiero que pensemos en un ciego de nacimiento a quien Jesús sanó. (Juan 9). Cuando sucedió el milagro, las personas decían: no, ese no es el ciego de nacimiento, se parece al ciego pero no es. Pero el ciego decía firmemente: soy yo. Por fin podía ver y nadie se alegraba de su milagro. Por otro lado, los fariseos lo interrogaban, ya que había sido sanado un sábado. Es decir, tampoco se alegraron del milagro en el hombre que era ciego, sino que estaban preocupados de las normas, pero no del beneficio de las personas. Sentían los fariseos que Jesús era mayor que él, y se llenaban de celo. Estos hombres se supone que eran personas que veían el trascender de Dios en las personas, pero definitivamente estaban ensimismados en su  ego y vacíos de caridad. 

Pero el hombre que recobró la vista da testimonio y dice soy yo. Es él mismo, pero diferente. Cuando logramos evitar los comentarios negativos y la incomodidad del que no se alegra por nuestros esfuerzos y nuestros logros, podemos decir con la mayor de las satisfacciones y con el corazón enamorado; SOY YO, pero diferente. 

Cuando empecé a estudiar la carrera de música, contaba con treinta años y varios músicos graduados me dijeron: no vas a ser capaz, la música se aprende de niño. Y cuando tuve mi primer gran obstáculo en mi estudio, recordaba las voces que me decían: -no vas a ser capaz-. Y a veces caía en la tentación de ponerles atención. Y entonces se generaba una batalla interna para concluir diciendo: voy a estudiar por mí porque quiero, porque Dios me puso aquí y tengo una gran oportunidad. El día de mi ceremonia de graduación invité a quienes me dijeron que no podría, que era imposible, que no lo iba a lograr. Porque, mis hermanos, ese día podía decir: soy yo y ahora músico. Lo logré. 

Tal vez las personas que desconfían tanto de los demás, no han podido aprender a confiar en ellos mismos, o tal vez, no han sido capaces de restaurar alguna situación personal y por eso piensan así de los demás. Cuando alguien te ataque, no pienses en ti, piensa en cómo están ellos. Las heridas de la vida parece que estuvieran escondidas, pero todo el tiempo hablan y manifiestan públicamente el dolor camuflado con opiniones desacertadas.

Ser el mismo y a la vez diferente es una alegría inmensa. Saber que no he renunciado a mi esencia, pero que si he podido progresar en mis dimensiones humanas, es grandioso. Encontrar a alguien que estaba sumido en un vicio y que ahora ya no lo tenga o que ha disminuido significativamente su problema, es todo un camino de libertad y de felicidad. Es un proceso de espiritualidad. Un gran motivo de alegría. 

Mi querido hermano, te invito a que te dejes sanar por Jesús y que Él nos muestre a todos un mundo que antes no habíamos visto, como el ciego empezó a hacerlo. Hay muchas historias y paraísos por contemplar.

(*) Misionero Pasionista. Spotify: cantopasion

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