Por: Padre Andrés Yamit Carrillo Mendoza
Misionero Pasionista
Resetea el corazón.
Vale la pena olvidarse de las experiencias negativas.
Vale la pena pasar la página del dolor y abrir las del amor.
Ya es tiempo del perdón y de reconciliación.
La vida consiste en lavarnos los pies los unos a los otros.
El ser humano parece que en nuestros últimos tiempos estuviera siendo formado para guardar rencores y mantener heridas abiertas. Las personas tenemos discusiones, momentos de tensión y lo que hacemos es prolongarlos, contarlos, llorarlos y hacemos de un episodio, de un momento de rabia, una gran estructura emocional que nos hace daño.
Eternizar o prolongar las experiencias negativas es una asignatura aprobada. Ahora lo que hay que aprender es a soltar, a hacer el ejercicio de no darle fuerza a lo que ya se aclaró, a lo que ya pasó. Fijémonos en la persona que pone canciones de despecho, busca cerveza y fomenta el dolor y las ganas de llorar. Eso mismo pasa en diversas circunstancias, donde favorecemos la tristeza y vemos la vida con el filtro de la melancolía.
La experiencia de Jesús con sus amigos es lavarles los pies. Algunos de los discípulos se interponne y dicen, tu jamás me lavarás los pies a mí. ¿Cómo el mesías me lavará los pies? El tema no es solo la humildad, el verdadero tema es hacernos felices. Hasta Jesús se olvida de sí mismo, y lo que hace es donarse a sus amigos, a quienes ama. Jesús ya sabía que judas lo había traicionado y a él también se le acerca y le lava sus pies. Y conocía la historia de vida de cada uno de sus discípulos, que en algunos casos no eran las vidas más deificas.
Jesús nos enseña a vivir bien. A hacernos felices. A no quedarnos pensando en el pasado de nadie. Miren, el gesto de dejarse lavar los pies, es también un acto de humildad. El apostol Pedro no quería, pero aceptó y eso es también dejarse querer, sentirse perdonado, y amado. El tema no es pensar qué hicimos, cómo fuimos, sino, hoy cuánto puedo disfrutar del amor.
Si logramos hacer una verdadera experiencia de caridad, al tomar la decisión de querernos y dejar el pasado no gustoso atrás, muy seguramente disfrutaríamos como debe ser.
Podríamos mirar al rostro de la persona que amamos sin los filtros del pasado reprochable. Hoy sería interesante que observaras con cariño a las personas con las que vives. Que quites todo filtro de dolor que pueda juzgarlos. Que hoy tengamos una mirada limpia. Todos merecemos ser vistos con la claridad del amor. Cuando nos acogen sin restricciones, y sin señalamientos, ahí nos sentimos plenos, valorados y amados. Ahí hemos sentido que nos lavan los pies. Y solo queda dejarnos abrazar por la ternura.
No quiero ser utópico en mi escrito. Pero yo sí creo en un mundo donde podamos hacernos felices. Sí, he visto familias que se aman y se ven entre ellos con profundo respeto. Veo matrimonios iniciando la construcción de su hogar. Veo la sonrira y la mirada sincera de los enamorados. Creo en un mundo solidario. He visto en Santa Cruz de la Sierra, familias buenas, personas serviciales, y gente que de verdad quiere amar.
El arte de ser feliz y dejar el pasado doloroso atrás consiste en lavarnos los pies. Que nos hagamos muy felices.