El domingo 22 de marzo de 2026, Santa Cruz no solo acudirá a las urnas: se mirará al espejo. Y todo proceso electoral, más aún en el ámbito subnacional, revela algo más profundo que la simple alternancia de autoridades. Expone nuestra idea de comunidad, de poder y de bien común.
En La Política, Aristóteles afirma que la ciudad (la polis) existe “no solo para vivir, sino para vivir bien”. La política no es, por tanto, administración de intereses ni competencia de ambiciones personales; es la arquitectura ética de una comunidad que busca realizar su mejor versión.
Las elecciones subnacionales nos devuelven a esa pregunta originaria: ¿qué entendemos por vivir bien en Santa Cruz? ¿Qué tipo de comunidad queremos ser?
Aristóteles distingue entre formas rectas y desviadas de gobierno. Las rectas —monarquía, aristocracia y politeia— gobiernan en función del bien común. Las desviadas —tiranía, oligarquía y democracia entendida como demagogia— gobiernan en función del interés particular. El criterio decisivo no es cuántos gobiernan, sino para quién gobiernan.
En este sentido, el voto no es un acto aislado, sino un juicio moral colectivo. Elegimos no solo personas, sino orientaciones: proyectos que pueden fortalecer lo público o capturarlo; propuestas que pueden integrar o fragmentar; liderazgos que pueden elevar el debate o reducirlo a la consigna.
Para el filósofo griego, el ciudadano no es simplemente quien habita un territorio, sino quien participa en las decisiones y en la administración de justicia. La ciudadanía es ejercicio, no espectador pasivo. Una elección subnacional, entonces, no es solo competencia entre candidatos, sino examen de nuestra propia madurez cívica.
Santa Cruz, con su dinamismo económico y su diversidad cultural, enfrenta tensiones propias de toda comunidad en expansión: desigualdades, disputas identitarias, pugnas por el modelo de desarrollo. El proceso electoral puede convertirse en campo de polarización o en oportunidad de deliberación. Allí radica el espejo.
Aristóteles advertía que cuando la política se reduce a la lucha por el poder, se degrada; pero cuando se orienta al bien común, educa el carácter de la comunidad. Las elecciones no solo producen autoridades: producen cultura política.
El 22 de marzo no solo se definirán cargos. Se definirá el tono ético de nuestra convivencia. ¿Prevalecerá la visión de corto plazo o la responsabilidad intergeneracional? ¿El cálculo o la prudencia (phronesis)? ¿El interés sectorial o la mirada integradora?
Santa Cruz ante el espejo electoral no verá únicamente a sus candidatos. Se verá a sí misma. Y, como toda imagen honesta, esa mirada puede incomodar. Pero también puede inaugurar una forma más consciente y responsable de habitar lo político.
Porque, como sugiere Aristóteles, la ciudad es lo que sus ciudadanos deciden que sea.
(*) La autora es escritora