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El pueblo “camba”

Jueves, 26 de marzo de 2026 a las 04:00

El propósito que esta nota consiste en reivindicar una vivencia social y la existencia de una diversidad real en nuestro país, distorsionada en 2009, por la redacción de una nueva Constitución, que refundó el país en un Estado Plurinacional Comunitario indigenista, en el que se clasifica a todo mestizo como perteneciente a un grupo étnico “intercultural”. Al desnaturalizarlos y categorizarlos como “interculturales”, se les desconoce, su diversidad cultural y el derecho a ser diferentes.

Como grupo humano, los “cambas”, deben defender la facultad de poseer una identidad y cultura propias, enmarcada en una cabal interpretación del “contrato social” que, como habitantes del territorio oriental boliviano, les corresponde. Este hecho implica el requerimiento obligatorio de estudiar y conocer los grupos humanos precolombinos o premisionales, cuya existencia se dio antes en la gobernación de Moxos, llamada luego gobernación de Santa Cruz.

Es importante saber, que los grupos étnicos de los llanos chaco-amazónicos, como también los étnicos–culturales precolombinos, concurrieron a la formación de la realidad histórica del grupo humano “mestizo, camba-cruceño”. Esta circunstancia nos permite sostener que la “cultura camba”, que debemos reconocer como tal, resulta una “nacionalidad distinta” perteneciente a los llanos orientales.

Más de 60 autores reconocidos nacional e internacionalmente, han logrado analizar el tejido étnico histórico cultural de esta región oriental que, en sus inicios abarcó, en 1560, la Gobernación de Moxos, llamada luego de Santa Cruz a partir de su fundación por el Cap. Ñuflo de Chaves en 1561.  A partir de esta fecha, se puede asegurar, partió el mestizaje que abarca más de 400 años, hasta esta época.

Este mestizaje imprimió en los ciudadanos habitantes de esta región, rasgos psíquicos, valores y patrones, es decir, grabó un “carácter humano” particular, que lo caracterizó por una forma distinta de ser y pensar, de cimentar una cosmovisión, una cultura, y rasgos étnicos particulares, que bien pueden ser considerados como partes esenciales componentes de una “nacionalidad Camba”; llegando a constituir uno de los componentes étnico-histórico-cultural, que, objetivamente caracterizó a los nativos cambas o habitantes actuales de la llanura, ligados entonces, por estos signos de homogeneidad oriental.

De allí, que todo “camba” debiera reconocer lo que estas etnias nos legaron, esencialmente su sangre, su espiritualidad y su carácter indómito, toda vez que, somos el resultado, a través de esta herencia, de una singular forma de ser y actuar. Debemos tener el propósito histórico de incorporar estas culturas a nuestro desarrollo y a nuestra educación. No debemos ser indiferentes con los indígenas que arriban a esta ciudad en estado de mendicidad; no estamos apreciando sus costumbres, su riqueza de lenguaje, su cultura, historia y modo de ser.

La personalidad del hombre del oriente se ha nutrido del legado histórico de estos indómitos indígenas, con actitudes resistentes al sometimiento, inconformistas, con fuerte deseo de independencia y reaccionarios a la sumisión, que han llegado a contagiar a los cruceños y a quiénes luego han deseado asimilarse al “ser” camba.

Se debe recordar que la idea de conseguir un rédito político en base a demostrar un anticruceñismo, se dio en el gobierno de Carlos Mesa, con la artera manipulación de las célebres agendas de febrero y octubre, añadida a su demagógica y sectaria actitud política, de revolcarse públicamente en “suelo alteño”, para demostrar su identificación con el telurismo aymara y occidental.

Sin embargo, esta táctica sectaria y confrontacional, surge de manera más agresiva y sistemática en la gestión de Evo y Álvaro García, que, con gran astucia política, basados en el pasado colonial, construyeron una falacia; un relato para inculpar a las comunidades interculturales, que habitaban el oriente boliviano de haber excluido y oprimido a los hoy llamados “indígena originario campesinos”. Este relato fue utilizado para dar paso a un “indigenismo exacerbado” que los llevó al extremo de imponer una Constitución privilegiando la cultura aymara sobre las otras existentes, lo que rayó en un racismo xenófobo. Sobre todo, en el oriente, se percibió al intercultural y al extranjero como enemigos.

Los pueblos del oriente, responden a un proceso civilizatorio diferente del que se desarrolló en el occidente del país, ya que exhiben una cultura más o menos cerrada, con una tradición más o menos hermética e impermeable propia de las culturas quechua y aymara, aspecto éste, que el gobierno masista, logró encarnar en gran parte de la mentalidad occidental andina, a tal punto de ser utilizada como ideología política.

Huntington, investigador social, al referirse a una guerra entre civilizaciones, señala que la única manera de luchar en su defensa consiste en “apuntalar los propios valores culturales”. Esto implica, dejar de lado fórmulas liberales tales como el “multiculturalismo” y “reafirmar las tradiciones y cosmovisión”; “ése es el camino” que deben transitar quienes piensan diferente y reclaman sus derechos culturales y su sentido de pertenencia.

Posiblemente, en las actuales circunstancias sea difícil tener un intercambio serio e ilustrado sobre una cuestión tan fundamental como es el destino que se juega esta parte del país en tanto civilización, nación, cultura y defensa de su territorio. Pese a ello, se debe considerar que el devenir histórico, es un proceso continuo y dinámico de cambio, transformación y sucesión de acontecimientos, hechos y acciones humanas que, ligados entre sí, conforman una sociedad, una cultura e historia de vida de los ciudadanos en el tiempo, y se debe saber, que la realidad humana no es estática, sino un flujo constante, donde el pasado se convierte en presente y en este sentido debemos estar atentos y ser partícipes de estos cambios, para no perder nuestra naturaleza y estructura social. Lástima que casi siempre son a largo plazo.

Recordemos a Joan Prats, constitucionalista español, muy conocido en nuestro medio dado que muchas veces visitó nuestra ciudad. Él nos dijo, a manera de reflexión: “Recordemos que cuando un grupo cultural se impone a los demás, los que se subordinan y están sometidos al proceso de extinción sufren humillación, dolor en su dignidad, tienen que avergonzarse de ella. Constantemente se les recuerda lo que ellos son. Lo que mamaron en sus lenguas para ellos no vale. Esa es una fuente de dolor y humillación tremenda”.

Los cruceños se han percatado de la ocupación engañosa y muchas veces violenta de tierras privadas en producción, fiscales y de bienes públicos, que responde a la aviesa intención de perturbar la identidad de los pueblos del oriente, tratando de homogeneizarlos con la del occidente.

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